sábado, 19 de septiembre de 2009

LA IMPRUDENTE

Hablar mucho es una de las peores manifestaciones de la imprudencia (o de la prudencia cero que dirían los tontos que hablan mucho pero a los que no les gusta pronunciar determinadas palabras y prefieren inventarse otras). Callar, ser prudente, escuchar (que no oír), son virtudes cada vez más difíciles de encontrar. En vías de extinción que dirían esos mismos cursis.
Esta semana, como casi todas, hemos podido escuchar unas cuantas cosas que me han dejado patidifuso. Lo más curioso es que buena parte de ellas han salido de las meninges de una de esas personas que, normalmente, mide bien lo que dice.
El lunes no tuvo mejor ocurrencia que asegurar que el Gobierno tiene instalado, nada menos que desde 2004, un superordenador en el que se registran y se pueden escuchar todas las conversaciones telefónicas que tenemos todos los españoles.
¿?.
Tómese un segundo para pensar. Luego coja aire, vuelva a leer el párrafo anterior. Reflexione de nuevo y entonces, y sólo entonces, continúe leyendo.
Lo dijo así, sin anestesia ni nada. Y lo dijo en una entrevista en la que el sesudo preguntador no entró por esa puerta que la entrevistada acababa de abrir. Lo dejó pasar como quién oye que en Madrid ha amanecido despejado después de una semana lloviendo. Conversación de ascensor sin más pretensiones. No sólo eso, nadie, ni político, ni periodista, ni ciudadano, nadie le ha dado demasiada importancia. Qué le vamos a hacer.
Al día siguiente, martes, ella tenía uno de esos días grandes que a todos los grandes políticos se la pone dura. Pero, al revés de ocasiones anteriores, este año tenía pocas ganas (o pocas posibilidades de llamar la atención sobre sus números) y prefirió desviar la atención. Pero como es una estratega de primera lo hizo con una cuestión de calado y que a todos importa. Dijo que iba a devolver la autoridad a los profesores por ley.
¿?.
Repito. Respire hondo. Piense, Vuelva a leer. Reflexiones y sólo entonces siga.
A los profesores, como a cualquier otro profesional, se les puede elevar a la categoría de autoridad. Aún más, se les puede dotar de instrumentos para que ejerzan y para que defiendan esa autoridad. Pero lo cierto es que la situación en las aulas no va a mejorar porque los profesores sean considerados autoridad por ley.
Los profesores tienen, en su mano, hacerse con la autoridad y la mayoría abdican de esa posibilidad. Los padres, tres cuartas partes de lo mismo. Pero, lo peor de todo, es que los mismos padres impiden que los profesores ejerzan la autoridad y dan rienda suelta a que sean los alumnos los que la ejerzan. En el aula y en casa. Ese es el problema.
No soy tan mayor como para haberme levantado en clase cuando entraba el profesor. Soy de una generación puente que casi se libró de las barrabasadas de las reformas socialistas de la educación y que no tuvo que sufrir los peores rigores disciplinarios franquistas. Qué suerte la mía, aunque sólo me dé cuenta ahora, con 25 años de retraso. No soy tan mayor, decía, pero me acuerdo de cómo respetábamos nosotros a los profesores que se lo ganaban y como puteábamos a los que eran unos auténticos peleles.
Ahora soy yo quién doy clase de vez en cuando y me doy cuenta de que, salvo excepciones, cada uno tiene lo que se merece. Ni a los alumnos los suspende el profesor, suspenden ellos solitos, ni a los profesores hay que darles la autoridad por ley. O se la ganan ellos solitos o la ley será otro montón de folios inservibles.
No contenta con este arranque de semana, va la buena mujer y completa el asunto, ayer mismo, viernes, afirmando que junto con la autoridad le van a devolver a los profesores la tarima. La cordura asoma en esa afirmación porque eso sí está entre sus capacidades. Construir tarimas y colocarlas en las aulas si se puede hacer por orden administrativa (al menos en los centros públicos). Además, más de una serrería y carpintería de Madrid lo agradecerán. Y, como ha ocurrido con el Plan E, unas cuantas personas saldrán de las listas del paro, aunque sólo sea durante cuatro o cinco meses.
Punto. La ocurrencia de la tarima no vale para nada más. Crujen, con lo que eso distrae a un grupo predispuesto a distraerse. Inevitablemente se acaban, con el evidente riesgo de que, quién está arriba (el profesor) se caiga o se trastabille, o se tropiece al subir. Y no aportan nada a la autoridad, como ya he expuesto en párrafos anteriores. Lo dicho, la señora presidenta se podía haber ahorrado la ocurrencia.
Sí, como ya habrán deducido, quién todo esto ha dicho es Esperanza Aguirre. Sinceramente espero que, además de las super-orejas esas que según ella, tiene Rubalcaba, no haya también unos super-ojos que lean todas las tonterías que escribimos en internet. De lo contrario, se me va a caer el pelo… y no de la tarima, precisamente.

sábado, 12 de septiembre de 2009

QUÉ JODIDO ES DECIR NO

Esta semana ha empezado ese proceso de inmersión progresiva que los educadores progresistas se han inventado para iniciar el curso académico. Nuestros hijos, los que los tengan, van entrando en los colegios como si fuesen hábitats nocivos a los que hay que adaptarse muy poco a poco. El primer día una hora, el segundo dos, si por en medio cae un finde, mejor. Así hasta que se alcanza un ritmo que ahora se considera normal y que en mis tiempos hubiese causado risa (no quiero contarte en tiempos de mis padres) y hasta que se saca de quicio toda la calma y todos los recursos, no sólo de los padres, si no de toda la familia.
El presidente Zapatero, que además de un rato listo lleva a gala esa pose infantil a la que tanto partido saca, ha decidido hacer lo mismo para empezar el curso político. Vamos a volver al Congreso poco a poco, para que no se nos haga tan cuesta arriba. Lo curioso del caso es que el resto de los partidos le han seguido el juego. Han aceptado darle unas suaves collejitas pero sin demasiada sangre. Esos partidos que tantas ganas le tienen al presidente que más les ha engañado en las últimas décadas se han justificado, entre otras cosas, apelando a la inminente llegada de los presupuestos, gran momento del año donde los haya. No menos curioso es que muchos, casi todos los comentaristas políticos, hayan caído en la misma justificación.
Las cosas van mal. De eso no cabe duda y nadie lo niega. La escala de maldad, como en los chistes malos, va de los que piensan que va mal, pasando por los que piensan que va muy mal, para llegar a los que creen que va de puta pena. Cuestión de matices. Y cada minuto que se pierde, cada debate que no vale para nada, cada Consejo de Ministros que no toma las medidas adecuadas es un desastre para todos.
Es posible que sea correcto subir los impuestos llegados a la tesitura en la que estamos. El problema, como trata de hacernos ver la campaña del PP es el por qué hemos llegado a esta situación. El problema es, también, que se anuncia que la subida va a gravar a las rentas más altas y a las rentas del capital (para tener contentos y anestesiados a los más fieles) y, a renglón seguido, se pone toda la carga sobre impuestos indirectos, IVA y nuevas tasas (como esa ecológica propuesta por Sarkozy y que tanto gusta a nuestro Presi) que pagamos todos, sí o sí, y, normalmente, sin enterarnos o sin se muy conscientes de ello. Pobres tontos.
Esta misma semana, hablando con mi padre, me ha recordado un sucedido que viene muy a cuento. Corría la segunda mitad de los 80 y, aunque en mi casa ya teníamos todos claro el tema de los Magos de Oriente, era un momento grato para cruzar regalitos, como en todos los hogares. Pero se dio el caso de que aquel año (que no recuerdo cual era, 86, 87, quizás) no había posibilidad y mis padres se armaron de valor para decírnoslo, tal cual, a mi hermano y a mi. Creo, no lo recuerdo, que sin entenderlo bien del todo, lo aceptamos sin más. Entre otras cosas porque es bien cierto de que eramos muy conscientes de algunas de las cosas que venían pasando los últimos meses.
No pasó nada. Las Navidades fueron todo lo normales que pudieron ser. La familia siguió tan unida como siempre. Y, meses después, se fue solucionando la cosa hasta el punto de que pudimos ir teniendo esos regalos que no llegaron el 6 de enero. Yo, me acuerdo bien porque aún la tengo, logré aquella raqueta Head blanca que tanta ilusión me hacía cuando el tenis era una de mis obsesiones. Visto desde hoy, me puedo hacer una idea de lo difíciles que fueron esos meses y esos años para mis padres. Lo mal que lo pasaron cada vez que nosotros (y no eramos especialmente proclives a pedir) sugeríamos que nos gustaría otro cómic de Mortadelo o un sobre de cromos y ellos nos tenían que decir que no podía ser. Veo a mi alrededor a decenas de padres que son incapaces de decir que no a nada de lo que les piden sus hijos y me acuerdo mucho de mis padres, y lo mal que lo tuvieron que pasar.
Pero claro, Zapatero es un padre de hoy. Es muy posible que el también pasase estrecheces. Seguro. Pero no quiere, no sabe, no puede, no es capaz y no es la persona, para decirle a sus hijas y a todos nosotros, “no hay Mortaldeo, no hay cromos, no hay Reyes y no hay helado”. Que jodido es decir NO.

martes, 4 de agosto de 2009

CALLÉMONOS

"Sí, claro que creo en la justicia. Lo cual no quiere decir que crea en la actuación de todas y cada una de las personas (jueces, abogados y demás) que forman la administración de justicia". Lo ha dicho Ángel Luna, portavoz socialista en las Cortes Valencianas.
Antes de ponerse a alabar o criticar el comentario sin más, poniendo más atención en quién ha dicho qué, que en qué es lo que ha dicho quién quiera que sea el que lo haya dicho, párense un momento a pensar. En el fondo, todos y cada uno de los españoles pensamos un poco eso. Si la justicia dice lo que nosotros queremos que diga, lo alabamos, lo acatamos, lo respetamos y nos mostramos ufanos de todo ello. Si, por el contrario, dice lo contrario de lo que nosotros queremos que diga, aseguramos que lo acatamos, como no podía ser de otra manera pero que discrepamos, y que vamos a recurrir y que, si llegado el caso, tampoco en la instancia superior se nos da la razón, pues habremos agotado la vía judicial, pero seguimos estando en desacuerdo.
Estos días, se ha confirmado uno de esos casos lamentables que se dan en todos los sistemas judiciales, sean del tipo que sean y apliquen la doctrina que apliquen y se produzcan en el país que se produzcan. Un señor, de nombre Rafael Ricardi, acaba de ver como el Tribunal Supremo anulaba una sentencia por violación que le tuvo en la cárcel durante 13 años. Se lo imaginan. Este pobre hombre es un don nadie. Un tipo que en el momento de ser detenido estaba enganchado a la droga y vivía debajo de un puente.
Ahora, ya en libertad, sigue siendo un don nadie. Malvive en Cádiz y su caso apenas ha levantado polvareda. De hecho, él casi ni se entera. Nadie, salvo los carroñeros medios de comunicación, se ha puesto en contacto con él. No está claro si le corresponde una indemnización ni cuál sería la cuantía. No lo sé, no tengo ningún dato al respecto, pero seguro que él se cansó de decir que era inocente. Cuando conoció la sentencia seguro que dijo que no estaba de acuerdo, que le parecía injusta y que la iba a recurrir. Seguro que todos los que entonces le oyeron decir eso pensaron, ya estamos como siempre. Pero al final, se ha demostrado que él tenía razón.
Si admitimos que esos hechos son así, tenemos que admitir que en algunos otros casos, la justicia no sólo se equivoca, sino que nunca sabremos que se ha equivocado. Sin embargo, vivimos en sociedad, entre otras cosas, para poner en manos de unas personas la administración de justicia. Y si se equivocan, y lo hacen de mala fe, ellos mismos se verán atrapados en la rueda de la justicia. Pero si se equivocan, simplemente porque todos nos equivocamos, o porque no disponen de todos los elementos de juicio posibles, no podemos estar cuestionándoles permanentemente. Unos u otros. Ese comportamiento sólo nos hace un poco más débiles a todos. Sólo que no nos damos cuenta.
Así de torpes somos. Si desconfiamos de una persona en concreto, sea una enfermera, un albañil, un juez, una costurera, un policía o un político, busquemos las pruebas de su mal comportamiento para que la justicia juegue su papel. Pero si lo único que no nos gusta es que no siempre tenemos razón, entonces, lo mejor que podemos hacer es callarnos.

viernes, 31 de julio de 2009

ESTÁ EN SUS MANOS

¿A quién le importa si cumplen 50 años, o 60, o los años que quieran cumplir?. ¿Qué más da?. ¿Qué más da que sean 35 o 65?. ¿Qué más da que la fecha sea el 31 de julio, el 27 de noviembre o el 14 de marzo?. No importa nada.
No importaba demasiado en su momento, pero ahora, desde hace un par de décadas, no importa absolutamente nada. Por no importar, no nos va a importar ni la fecha exacta en la que desaparezcan.
Molesta, y mucho. Duele, enormemente, que sigan destruyendo nuestra vida. Que sigan matando a nuestros seres queridos. Que sigan causándonos dolor y que no se den cuenta de que no lo van a conseguir. No dejo de preguntarme si es tan difícil darse cuenta con 18, 20, 25 años de algo y no con 35 ó 40. No dejo de preguntarme si es tan diferente la perspectiva que se tiene estando en la clandestinidad o estando en la cárcel. Supongo que tiene mucho más que ver con el hecho de tener una pistola en el bolsillo. Con el hecho de que te regalen el oído una panda de mentecatos que no quieren, para ellos, la vida que te instan a tener a ti.
Las dinámicas de grupo son siempre perversas. El otro día volví a ver “El viaje de Arián” una película normalita, sin muchas pretensiones, en la que se pretende hacer una aproximación al mundo que rodea a ETA y a sus comandos y a sus terroristas. Seguro que tiene muy poco que ver con la realidad, pero es curioso que la Arián del título sea una persona perfectamente normal, creativa y sensible, que se ve atrapada en una red por su juventud y por una serie de personas que se la van ganando poco a poco hasta inculcarle una sensación de odio que no encaja demasiado con ella pero que ella asume como propia.
Pero llama mucho más la atención que esa Arián tenga tiempo de darse cuenta del error y de rectificar, también a tiempo. No voy a contar el final, obviamente, pero acaba como tiene que acabar. Quizás por eso, quien se asoma a ETA termina matando y en la cárcel. Ese es, desde hace un par de años, el mensaje que no se cansa de repetir el sibilino Rubalcaba. Ese mensaje unido a otros igual de obvios, igual de simples, pero creo que igual de eficaces.
Supongo que nadie, a estas alturas, pensará que el Ministro de Interior improvisa sus ruedas de prensa y las cosas que dice. Lleva las frases y, sobre todo, las ideas, perfectamente estructuradas. Y son mensajes diseñados tanto para impactar entre nosotros como para empapar a los etarras. ¿O es qué nos creemos que habrá más de uno que se lo piense después de que el Ministro amenazase, por cuarta vez en menos de un año, con que no sabemos quién es el nuevo número 1 de ETA, pero ya lo estamos buscando para ponerlo en la cárcel?. Claro que cala.
El problema es que mientras vamos metiéndoles barrotes por el culo a esos hijos de puta, ellos van a seguir matando. Tenemos que darnos prisa, para que nuestras muertes sean las menos posibles. Pero tenemos que tener la tranquilidad de saber que siempre seremos más, de que siempre tendremos más razón y de que cuanto más tiempo pase, más de ellos estarán muchos años en prisión.
En sus manos está.

martes, 28 de julio de 2009

NO TENGO GANAS DE ESCRIBIR

No tengo mucha disculpa. Ya se que no es este un cuaderno de referencia y de verdad que me gustaría darle un lavado de cara pensando en la nueva temporada y en ese puñado de fieles que todavía lo leen, aunque no lo comenten desde hace meses. Pero, como decía, no tengo disculpa por haber faltado a mi compromiso de escribir, al menos, una vez por semana. Y no es que no haya habido motivos. No.
Positivos, como el inicio de las vacaciones, los éxitos deportivos (menos que en veranos anteriores) y alguna otra cosilla; y negativos, sobre todo en el ámbito político que, como sabeis, tanto me gusta. La verdad es que nuestros políticos se empeñan, cada año, en hacer más breves las vacaciones de todos. Con lo mucho que les agradecemos cuando se quitan de en medio y nos dejan prestar atención a otras cuestiones. Pero, desde hace ya unos años, se empeñan en ocupar también el terreno veraniego. Y son un coñazo, la verdad.
Además, este año, se están empeñando en cuestiones especialmente obtusas, aunque no por ello menos importantes. No vaya a ser que yo me explique mal. Que si Gurtel por aquí, que si financiación autonómica por allá, que si sentencia del estatut por un lado, que si viaje de Moratinos a Gibraltar por otro,... La verdad es que se hace muy pasado seguir la actualidad. Se te quitan las ganas.
Por ejemplo, me parece bochornoso y deplorable el viaje de Moratinos al peñón, esa verguenza con la que los españoles nos hemos acostumbrado a convivir y a ver que remedio nos queda. La verdad es que este ministrillo, uno de los 3 ó 4 que se mantienen con Zapatero desde el principio y el único si atendemos a aquel comité de sabios que ZP constituyó en enero de 2004 para preparar su asalto a Moncloa, ese ministrillo, digo, no ha hecho nada a derechas (a izquierdas si se quiere).
Se le conocen más fracasos y resvalones que otra cosa pero, eso si, con buena cara, con una cierta sonrisa. Sólo me consta que haya perdido las formas hace bien poco y fue con motivo de otro viaje, esta vez a Guinea Ecuatorial. En aquellas ocasión perdió los papeles porque una periodista, una buena periodista, dijo lo que todos sabemos sobre la dictadura de Obiang. Pero a Moratinos se le calentó la boca. Era más importante ponerse una pinza en la nariz porque los negocios son lo más importante.
Vaya por dios, ministro. Eso es más viejo que el cagar o que el follar pagando. Pero es ustede un progresista de esos que defiende las esencias y los principios antes que los dineros y las cuentas de resultados. O es que se le había olvidado. Vaya por dios.
Lo dicho, quizás va siendo hora de que haya otro cambio de gobierno. Pero claro, con la presidencia española de la UE a las puertas, el relevo de Moratinos tendrá que esperar. Quizás para entonces, nos libremos de las ministra de medio y medio, que también está con el presi desde el principio. E, incluso, es posible que nos quitemos de en medio a las dos vices, últimas supervivientes del desembarco del 14-M en Moncloa. En ese caso, sólo quedará ZP. Y la crisis, que, o mucho cambian las cosas o seguirá azotándonos en julio de 2010. Justo dentro de un año. Justo cuando hayamos entregado el bastón de mando de los 27. Justo cuando estemos a 10 meses de las municipales y autonómicas de 2011 y a poco más de media legislatura.
Menuda pereza. A ver si puede ser que de aquí a septiembre tenga tiempo, ganas e ideas para escribir de alguna otra cosa. Ustedes seguro que lo agredecen... y yo, también.

viernes, 17 de julio de 2009

¿CREAR O DESTRUIR?

Es mucho más fácil criticar, desmontar, arruinar que apoyar, construir, crear.
No es que me dé por el pesimismo. Ni mucho menos, me encuentro más positivo y optimista de lo que en mi suele ser habitual, que ya es mucho. Es una realidad que me parece difícilmente cuestionable y que, esta misma semana, nos ofrece algunos ejemplos más que interesantes.
Da lo mismo que una persona, cualquiera que sea su profesión, la desempeñe con el mejor de los resultados durante años y años. Da lo mismo. Es suficiente que meta la pata en una ocasión para que sea considerado como un torpe, como poco. Y digo como poco porque, a medida que la importancia y/o repercusión de su labor profesional aumente, será tachado de incapaz, de inútil, de riesgo para la comunidad o de asesino sin consideraciones edulcoradas de por medio.
Si alguien es capaz de hacer algo que a ti no se te había ocurrido o que tú no puedes hacer, no trates de aprender y, mucho menos, busques sus puntos débiles para desmontar su aportación. No, para qué. Directamente acúsalo de estar cogiendo algo a lo que no tiene derecho, o de poner en riesgo a los que están a su alrededor o, simplemente, de querer acabar con todas aquellas personas (tú incluida) que no son capaces de hacer lo que él hace.
Evidentemente, no es comparable el trabajo de un panadero, pongo por caso, que el de un médico o el de un enfermero. El primero puede hacernos enormemente felices con un buen pan o un mejor dulce. Incluso puede intoxicarnos con una mala mezcla (involuntariamente) o con un veneno (a conciencia colocado) pero, a priori, nuestra vida no está en sus manos. En el caso de los profesionales, sí. Es inevitable. Estudian y se preparan para ello. A decir de todos los expertos, dichos profesionales, en España, están muy por encima de la media internacional.
Poco, casi nunca, la verdad, nos acordamos de ellos cuando salvan vidas, o miembros, o nos evitan un dolor insoportable. Pero vale con que cometan un error para que nos lancemos sobre ellos como posesos. Claro que hay negligencias difíciles de perdonar o comportamientos claramente criminales (vale con acordarnos de aquel anestesista Maeso que contagió a miles centenares de personas la hepatitis y que fue condenado por ello) pero también hay errores que, cuando hablamos de la salud y la vida de las personas, pueden tener consecuencias definitivas.
Todos deberíamos pensarlo cuando nos ponemos en manos de un centro de salud, ambulatorio, hospital, clínica o lo que sea. Todos. Ellos para procurar que no se produzca ningún error y nosotros para no buscar culpables donde sólo hay responsables, que creo que no es exactamente lo mismo.
Escribe hoy, en ABC, mi admirado Carlos Herrera un artículo sobre las fobias. No sobre las irracionales que casi todos sentimos en algún momento (a las alturas, a estar solos, a estar con demasiada gente, a un examen,…) sino a las que muchos se esfuerzan por manifestar para criticar a alguien cuando no quieren hacer el esfuerzo de contra-argumentar mejor.
El caso de la enfermera del Gregorio Marañón que estaba cuidando de Rayan y que equivocó las vías de alimentación y la polémica y cruce de acusaciones generados por el nuevo sistema de financiación (más bien de reparto de dineros) son ejemplos de esto que digo.
Algún medio decía el otro día que la enfermera “había asesinado” al neonato. Me parece tremendo. No conozco de nada a la buena señora pero no puedo creer que se haya equivocado a propósito. Cargar contra ella como si fuese una criminal me parece increíble, no menos increíble que los que aprovechan la ocasión para criticar la gestión del hospital, la de la propia Comunidad de Madrid o el sistema de selección y preparación de los enfermeros. Alguno está desquiciado.
Sobre el reparto de dineros, ya aviso que me voy a quedar en la superficie, pero es que es uno de los elementos clave, bajo mi punto de vista. Cuando las Comunidades Autónomas sólo recibían la pasta querían cogestionar. Luego, el 15 % les parecía poco, el 33 % tampoco era suficiente. Y ya aviso (y no es que sea muy listo) el 50 % tampoco va a ser la solución. Por cierto, cuantos recordamos que alguna Comunidad Autónoma haya bajado su tipo del IRPF o haya bajado, en su tramo, los impuestos del tabaco o el alcohol?. Más bien pocas o casi ninguna (la de Madrid recientemente, como para pitorrearse del nuevo sistema) pero tampoco lo han subido. Y podrían haberlo hecho si tanto necesitaban más dinero.
Lo dicho, destruyendo, criticando y desmontando se vive mejor que aportando, creando, construyendo.

lunes, 6 de julio de 2009

UN BANQUILLO

Hay una tierra, tan cercana como próxima cuyo presidente, hasta hace sólo unas semanas, era un tío mal encarado. Eso sería lo de menos, lo de más es que, además, era un tío estaba obsesionado con bordear la ley y con convertirse en el moisés de su pueblo. Aquel individuo, hoy afortunadamente desaparecido del mapa, dicho sea de modo metafórico, aquel individuo, digo, hace seis meses se vio obligado a sentarse en el banquillo.
Él, que se había sentado a charlar con todos, incluidos los asesinos, y no por obligación, como le gustaba decir, sino por puro convencimiento, él no se sentía cómodo en esa silla que le habilitó la justicia. Es curioso, pero siempre que oigo la palabra banquillo pienso en un objeto más bien incómodo, poco dado al lujo y en nada favorecedor de los necesarios procesos mentales de los humanos.
En el caso de este ex presidente, no había peligro. Por cómodo que hubiese sido el banquillo no hubiese favorecido la reflexión del personaje. Cosa de la presencia o ausencia de neuronas. De donde no hay, no se puede sacar. Si hubiese podido pensar, tal vez se hubiese dado cuenta de que cuando un cargo público se sienta (le sientan, para ser exactos) en un banquillo, no puede seguir siendo cargo público.
Da lo mismo que le condenen o que le absuelvan. Da lo mismo que la acusación sea saltarse un semáforo o haber matado a mil personas. La condena será diferente pero él, o ella, no puede seguir llamándose cargo público. En el caso de este individuo que nos ocupa, obviamente, se resistió hasta el final. No dimitió, faltaría más. Y, al final, cuando fue archivado el caso sin ni siquiera celebrarse la vista oral, apeló a todas esas circunstancias para defenderse y defender su decisión de no dimitir.
Error, grave error. Un cargo público y, mucho más, un cargo electo, no puede defenderse a base de declararse inocente. Cuando la justicia te lleva al banquillo sólo cabe esperar a la celebración del juicio y el veredicto final. No es de recibo esperar a ser condenado y que la Guardia Civil vaya a buscarte a tu despacho para esposarte y llevarte al trullo.
Entre otras muchas cosas, porque la política no es un trabajo ni una profesión. Es un servicio, o al menos eso dicen ellos. Los políticos (las personas, se entiende) no son lo importante. Lo importante es el proyecto. Y, antes que nada, están los ciudadanos.
¿O no?