Te voy de decir una cosa, por si no te habías dado cuenta. Los días tienen 24 horas. Las semanas 7 días. Las horas 60 minutos. Los meses… Ay! Los meses tienen los días que quieren.
En realidad, todo no es así de exacto. Parece que las 24 horas y los 7 días y los 60 minutos son un poco más elásticos de lo que queremos pensar. Da igual. He hecho esta pequeña introducción porque no sabía cómo pedir disculpas.
No es que haya perdido las ganas de escribir o las cosas de las que hablar. No es que me haya olvidado de este rincón de las ideas perdidas. Simplemente es que los minutos, las horas, las semanas y los meses no dan más de sí. Al menos en mi caso. Al menos, yo no sé sacarles más partido. No voy a hacer un lloriqueo, entre otras cosas porque no es cosa que se me dé demasiado bien. Pero hace más de un mes que no escribía y no ha sido por falta de ganas.
He podido hablar de deportes, comenzando por el desastre del Madrid en la Copa del Rey de fútbol ante el Alcorcón, o a los problemas de los jugadores españoles en la NBA en este inicio de campaña (salvo en las honrosas excepciones de Calderón y Marc). Podría haber hablado de la última película de Amenabar o de la nueva polémica de los best-sellers al hilo de la publicación de lo último de Dan Brown.
Para tirar por mis fijaciones más habituales tampoco habría tenido problemas. La patética gestión del secuestro del Alakrana por parte de nuestro Gobierno de bien pensantes. La super oreja de mi admirado Rubalcaba en forma de Sitel. La enésima polémica (patética) de las cabezas de la hidra-PP.
Hay más cosas como la manifestación en contra de la Ley del aborto que se tramita en el Congreso. Y digo la Ley porque, para mi asombro, la inmensa mayoría de este país sigue hablando de reforma cuando no es tal. En España hoy, sigue sin haber ley del aborto ni nunca la ha habido. Sólo se despenalizaron casos concretos. Pero el aborto, por principio, sigue siendo un delito en España. Eso sí, el hábil juego de las palabras de la izquierda moderna y bien pensante de este país nuestro ha conseguido que parezca que sólo se va a reforman una ley. Y un cojón de pato pa ellos.
Podría haber abordado otros temas sociales o algún aniversario como el de los 20 años de la caída del Muro de Berlín. Aún recuerdo aquellas clases de primero en la Universidad Complutense aquel noviembre de 1989. Impagables las de Bernardino Hernando, ahora ya jubilado. Gran profesor y mejor persona a la que acudo de vez en cuando (menos de lo que debería, la verdad) y en la que siempre he encontrado una palabra inteligente y más apoyo del que creo merecer. Pero así son las cosas.
Resumiendo, y para que quede claro, no ha sido por falta de materia prima. Ha sido absoluta falta de capacidad por mi parte para mantener un compromiso por mi adquirido sin que nadie me obligase a ello. Lo curioso es que este desatino se debe, en buena medida, a otra serie de compromisos de la misma índole. Es decir, pantanos en los que me he metido sin pensar demasiado en ello. Suele ser mi forma de actuar en muchos casos, demasiados según mis más cercanos. Pero no sé cómo evitarlo.
La principal conclusión, además de las disculpas, es que esta situación puede prolongarse. Estoy seguro de que, de hecho, se va a prolongar. Por eso pido una cierta comprensión. Y una cierta fidelidad.
Si alguien se aburre de esperar, lo entenderé. Y si alguien sigue ahí, me sorprenderé. Pero lo cierto es que las cosas van como van. Y esto nunca se para.
Gracias.
domingo, 22 de noviembre de 2009
sábado, 24 de octubre de 2009
IGUALES, CON TODAS LAS CONSECUENCIAS
Me acuerdo, y no soy tan mayor, de un día que en la escuela nos hablaron de los derechos del niño. Ese año, no recuerdo cual fue, 1983, 1984, más o menos, había sido declarado el año internacional de los derechos del niño. El bombardeo con el tema era tremendo y estábamos menos acostumbrados que ahora a los mono-temas.
Evidentemente, como buen pedante, llegué a casa y empecé a pasarle por el morro a mis padres los susodichos derechos del niño. No era gratuito, trataba de ponerme en valor apelando a la ONU y a mi condición de ser especial por tener derechos reconocidos y un año para nosotros solos. ¿Quién coño se creían mis padres para tratarme a mi sin tener eso en cuenta?. Lo dicho, un repipi de mucho cuidado.
Como es lógico a mis padres les faltó tiempo para recordarme que los derechos van ligados a deberes. De lo contrario, no son tales. Ahí me dejaron planchado. Años después, me ha dado por pensar que ese puede ser uno de los motivos, uno de los momentos, en los que la infancia se ha ido de las manos a esta sociedad nuestra. El inculcar a los cerebros en formación que sólo son poseedores de derechos y que no están sometidos a deberes y obligaciones los convierte en los déspotas que son ahora. Si a todo ello le sumamos las basuras educativas que en forma de ley se han ido aplicando en este país en los últimos años, tenemos el pack completo.
No, no empiece a desconfiar, querido lector. No voy a seguir por esa vereda. Traigo esto hoy a colación por la absurda polémica que se ha desatado esta semana a propósito del debate de las enmiendas de totalidad de los presupuestos generales del estado. Ese debate en el que la pobre Elena Salgado ha salido más que esquilada, y mira que es difícil esquilar un cuerpo como el suyo.
Ella, la gestora que no se arredra, la que planta cara a quien se atreva a ponerse en una mesa a negociar, la que no fue capaz de prolongar el mandato de los hombres de su antecesor ni siquiera apelando a la transición tranquila, la que puso a todos los fumadores del país en la puta calle, la que presume de haber hecho una carrera profesional en un mundo de hombres para demostrar su valía. Ella va y se queja de machismo cuando un contrincante la da un revolcón de órdago.
Y digo yo, no será que la querida vicepresidenta quiere ser como esas damas a las que se les hincha la boca de decir que quieren igualdad en todo, que se les llena la boca de sus muchos méritos, cualidades, etc., que no se cansan de cantar sus virtudes sin dejar de ser mujeres y que luego, ante la primera dificultad, quieren ser tratadas como mujeres y no como personas?.
Señora Salgado, el ser mujer, en los tiempos que corren, es una garantía de igualdad en todos los sentidos. En todos. Aténgase a las consecuencias, por favor.
Evidentemente, como buen pedante, llegué a casa y empecé a pasarle por el morro a mis padres los susodichos derechos del niño. No era gratuito, trataba de ponerme en valor apelando a la ONU y a mi condición de ser especial por tener derechos reconocidos y un año para nosotros solos. ¿Quién coño se creían mis padres para tratarme a mi sin tener eso en cuenta?. Lo dicho, un repipi de mucho cuidado.
Como es lógico a mis padres les faltó tiempo para recordarme que los derechos van ligados a deberes. De lo contrario, no son tales. Ahí me dejaron planchado. Años después, me ha dado por pensar que ese puede ser uno de los motivos, uno de los momentos, en los que la infancia se ha ido de las manos a esta sociedad nuestra. El inculcar a los cerebros en formación que sólo son poseedores de derechos y que no están sometidos a deberes y obligaciones los convierte en los déspotas que son ahora. Si a todo ello le sumamos las basuras educativas que en forma de ley se han ido aplicando en este país en los últimos años, tenemos el pack completo.
No, no empiece a desconfiar, querido lector. No voy a seguir por esa vereda. Traigo esto hoy a colación por la absurda polémica que se ha desatado esta semana a propósito del debate de las enmiendas de totalidad de los presupuestos generales del estado. Ese debate en el que la pobre Elena Salgado ha salido más que esquilada, y mira que es difícil esquilar un cuerpo como el suyo.
Ella, la gestora que no se arredra, la que planta cara a quien se atreva a ponerse en una mesa a negociar, la que no fue capaz de prolongar el mandato de los hombres de su antecesor ni siquiera apelando a la transición tranquila, la que puso a todos los fumadores del país en la puta calle, la que presume de haber hecho una carrera profesional en un mundo de hombres para demostrar su valía. Ella va y se queja de machismo cuando un contrincante la da un revolcón de órdago.
Y digo yo, no será que la querida vicepresidenta quiere ser como esas damas a las que se les hincha la boca de decir que quieren igualdad en todo, que se les llena la boca de sus muchos méritos, cualidades, etc., que no se cansan de cantar sus virtudes sin dejar de ser mujeres y que luego, ante la primera dificultad, quieren ser tratadas como mujeres y no como personas?.
Señora Salgado, el ser mujer, en los tiempos que corren, es una garantía de igualdad en todos los sentidos. En todos. Aténgase a las consecuencias, por favor.
jueves, 8 de octubre de 2009
LA MÁS LISTA
Es muy lista, la más lista de la clase, con diferencia.
No diré yo que esté ni más ni menos salpicada que nadie en el PP, ya se verá, pero lo cierto es que es la única que pisa firme. Si le vale para algo, ya se verá. No es fácil recordar (y pongo por delante que no presumo yo de memoria) casos encadenados de mayor rapidez y contundencia a la hora de tomar medidas inmediatas cuando hay colaboradores afectados por una investigación judicial en el escalón que sea. Pero lo cierto es que La Presidenta está dando todo un ejemplo.
Primero se quedó sin consejero de Deportes, al que, por otra parte, nunca debería haber nombrado, la verdad. Luego fue descolgando alcaldes, no sin gran laboriosidad. Luego dejó sin responsabilidades a distintos diputados regionales. Más adelante los suspendió de militancia. Y finalmente, los relegó a un segundo plano en la Asamblea de Madrid. Todo ello por propia iniciativa y antes de que nadie pensase en destituciones o responsabilidades políticas. A no pocos les pilló (nos pilló) por sorpresa y con la guardia baja.
Ahora, cuando toda la artillería a derecha e izquierda carga contra los pusilánimes y timoratos Camps y Rajoy por la falta de decisión, va ella y se quita de enmedio a esos mismos diputados y ex-alcaldes. Ya no los puede tener más lejos. Sólo le queda echarlos del partido a todos los efectos.
Ya he dicho que mi memoria no es muy buena pero sólo recuerdo otros tres diputados en el grupo mixto de la Asamblea de Madrid, a saber, Nicolás Piñeiro (tránsfuga del PP que impidió la investidura de Ruiz-Gallardón en 1989) y Eduardo Tamayo y Maite Sáez, tránsfugas del PSOE que impidieron la investidura de Rafael Simancas en 2003. Ahora hay, de golpe, otros tres que no son tránsfugas pero a los que La Jefa quiere poner físicamente lejos. Vaya por dios.
El margen de diputados que tiene el PP en Madrid es tan grande que se puede permitir este lujo y, además, venderlo como gran ejemplo de intransigencia con los malos, de dignidad elevada a la categoría de pauta de comportamiento político irreprochable. Y de paso, calla a la oposición, que minutos después tenía previsto preguntarle por la tan cacareada remodelación de gobierno que se lleve por delante a su fiel vicepresidente para retirarlo en la presidencia de Caja Madrid. Y de paso, le da un par de collejas a Rajoy, por pusilánime. Y de paso, se regodea en la semana negra de Alberto Ruiz-Gallardón, al que no dejan de preguntar por los Juegos, y lo que le queda. Y de paso... demuestra que es muy lista, la más lista para ser exactos.
No diré yo que esté ni más ni menos salpicada que nadie en el PP, ya se verá, pero lo cierto es que es la única que pisa firme. Si le vale para algo, ya se verá. No es fácil recordar (y pongo por delante que no presumo yo de memoria) casos encadenados de mayor rapidez y contundencia a la hora de tomar medidas inmediatas cuando hay colaboradores afectados por una investigación judicial en el escalón que sea. Pero lo cierto es que La Presidenta está dando todo un ejemplo.
Primero se quedó sin consejero de Deportes, al que, por otra parte, nunca debería haber nombrado, la verdad. Luego fue descolgando alcaldes, no sin gran laboriosidad. Luego dejó sin responsabilidades a distintos diputados regionales. Más adelante los suspendió de militancia. Y finalmente, los relegó a un segundo plano en la Asamblea de Madrid. Todo ello por propia iniciativa y antes de que nadie pensase en destituciones o responsabilidades políticas. A no pocos les pilló (nos pilló) por sorpresa y con la guardia baja.
Ahora, cuando toda la artillería a derecha e izquierda carga contra los pusilánimes y timoratos Camps y Rajoy por la falta de decisión, va ella y se quita de enmedio a esos mismos diputados y ex-alcaldes. Ya no los puede tener más lejos. Sólo le queda echarlos del partido a todos los efectos.
Ya he dicho que mi memoria no es muy buena pero sólo recuerdo otros tres diputados en el grupo mixto de la Asamblea de Madrid, a saber, Nicolás Piñeiro (tránsfuga del PP que impidió la investidura de Ruiz-Gallardón en 1989) y Eduardo Tamayo y Maite Sáez, tránsfugas del PSOE que impidieron la investidura de Rafael Simancas en 2003. Ahora hay, de golpe, otros tres que no son tránsfugas pero a los que La Jefa quiere poner físicamente lejos. Vaya por dios.
El margen de diputados que tiene el PP en Madrid es tan grande que se puede permitir este lujo y, además, venderlo como gran ejemplo de intransigencia con los malos, de dignidad elevada a la categoría de pauta de comportamiento político irreprochable. Y de paso, calla a la oposición, que minutos después tenía previsto preguntarle por la tan cacareada remodelación de gobierno que se lleve por delante a su fiel vicepresidente para retirarlo en la presidencia de Caja Madrid. Y de paso, le da un par de collejas a Rajoy, por pusilánime. Y de paso, se regodea en la semana negra de Alberto Ruiz-Gallardón, al que no dejan de preguntar por los Juegos, y lo que le queda. Y de paso... demuestra que es muy lista, la más lista para ser exactos.
martes, 6 de octubre de 2009
ADRIANO, TODO UN EJEMPLO
La cosa está mal. Muy mal.
Como estará la cosa que los albañiles, los populares paletas, se están quedando con la “paletilla” al aire. Con los cuartos traseros, para ser exactos. Bueno, es un decir. A lo que me refiero es a un caso que se ha conocido hoy en la localidad malagueña de Vélez-Málaga.
Al parecer, un empresario de la construcción de la zona al que las cosas no le iban demasiado bien, decidió promocionar las bondades de sus servicios con el sentido mensaje que sigue “La albañilería que usted se merece”. Hasta aquí, todo normal. Nos trata de usted, nos ofrece una labor profesional a la altura de nuestras capacidades, que más se puede pedir.

La cuestión es que la publicidad en cuestión va acompañada de una imagen nada sutil. Una joven lozana nos muestra en qué condiciones le está dejando la crisis. Con una escasa y bien remangada combinación nos demuestra, además, lo bien que nos quedaría un baño con dos senos en nuestra casa reformada.
Como suele ocurrir en estos casos, nunca llueve a gusto de todos y al final, el buen hombre, Adriano de nombre, ha tenido que retirar la publicidad. Lástima. Pero el objetivo estaba conseguido. Todo el mundo habla de su empresa, de las bondades de su trabajo y todo el mundo conoce al susodicho Adriano. Quien quiere más. Seguro que le llueven los encargos. Incluso, aunque le pongan una multa, la pagará gustoso. Resumiendo, que hablen de uno aunque sea bien. Qué le vamos a hacer.
En el fondo, este Adriano no hace nada diferente a lo que hace nuestro presidente del Gobierno. Lo primero que se le ocurre lo pone en marcha. Si sala bien, se apunta el tanto y si no, la culpa es de los otros, que son unos intransigentes. Total, por dos cachetes de nada. Aún más, Adriano también sigue los consejos de nuestro guía espiritual en otros aspectos. A saber, hay que incentivar el consumo y si es de productos patrios mejor. Sólo así saldremos de ésta. Todavía más, no sólo da trabajo a sus albañiles, pintores, fontaneros y demás. También le encuentra tarea a fotógrafos y mozas desocupadas, no vaya a ser que se tengan que dedicar a tareas bordeando la legalidad. No.
Adriano, eso es lo que necesitamos en España, gente con imaginación e iniciativa. Capaces de ser originales, creativos. Que no digan que no estamos a la última.
Como estará la cosa que los albañiles, los populares paletas, se están quedando con la “paletilla” al aire. Con los cuartos traseros, para ser exactos. Bueno, es un decir. A lo que me refiero es a un caso que se ha conocido hoy en la localidad malagueña de Vélez-Málaga.
Al parecer, un empresario de la construcción de la zona al que las cosas no le iban demasiado bien, decidió promocionar las bondades de sus servicios con el sentido mensaje que sigue “La albañilería que usted se merece”. Hasta aquí, todo normal. Nos trata de usted, nos ofrece una labor profesional a la altura de nuestras capacidades, que más se puede pedir.

La cuestión es que la publicidad en cuestión va acompañada de una imagen nada sutil. Una joven lozana nos muestra en qué condiciones le está dejando la crisis. Con una escasa y bien remangada combinación nos demuestra, además, lo bien que nos quedaría un baño con dos senos en nuestra casa reformada.
Como suele ocurrir en estos casos, nunca llueve a gusto de todos y al final, el buen hombre, Adriano de nombre, ha tenido que retirar la publicidad. Lástima. Pero el objetivo estaba conseguido. Todo el mundo habla de su empresa, de las bondades de su trabajo y todo el mundo conoce al susodicho Adriano. Quien quiere más. Seguro que le llueven los encargos. Incluso, aunque le pongan una multa, la pagará gustoso. Resumiendo, que hablen de uno aunque sea bien. Qué le vamos a hacer.
En el fondo, este Adriano no hace nada diferente a lo que hace nuestro presidente del Gobierno. Lo primero que se le ocurre lo pone en marcha. Si sala bien, se apunta el tanto y si no, la culpa es de los otros, que son unos intransigentes. Total, por dos cachetes de nada. Aún más, Adriano también sigue los consejos de nuestro guía espiritual en otros aspectos. A saber, hay que incentivar el consumo y si es de productos patrios mejor. Sólo así saldremos de ésta. Todavía más, no sólo da trabajo a sus albañiles, pintores, fontaneros y demás. También le encuentra tarea a fotógrafos y mozas desocupadas, no vaya a ser que se tengan que dedicar a tareas bordeando la legalidad. No.
Adriano, eso es lo que necesitamos en España, gente con imaginación e iniciativa. Capaces de ser originales, creativos. Que no digan que no estamos a la última.
jueves, 1 de octubre de 2009
GANAR TIENE QUE SER LA PERA
Llevo toda la semana pensando en como escribir esto, en que escribir exactamente, y todavía no lo tengo claro. Mañana, a esta hora, ya sabremos si la cosa va a cambiar para siempre o si toca seguir esperando. La carrera olímpica de Madrid, el futuro político de Gallardón, el gafe internacional de Zapatero, los servicios "talismánicos" de Don Juan Carlos,... muchas cosas están en juego mañana.
Yo estuve muy positivo hace cuatro años cuando en Singapur se eligió a Londres para los Juegos de 2012, y me quedé con las ganas. Ahora estoy todavía más positivo, si es que ello es posible. Pero sigo sin verlo claro. En estas cosas entran en juego tantos factores que el último es ser, de verdad, la mejor candidatura. Por eso, un pronóstico es casi imposible.
De todas formas, y para poder enseñárselo a algunos amigos que me preguntarán mañana, yo deseo que nos lo den, pero no nos lo van a dar. Es más, estoy convencido de que no vamos a llegar a la votación final. Lo peor de todo, es que esta decepción va a parar el empuje olímpico de Madrid para varias décadas, y si no, al tiempo. Pero de estas cosas también hay que aprender.
Me acuerdo ahora de una frase, que no me acuerdo de quién es, pero me parece muy atinada: Lo importante es participar y ganar... ¡ganar tiene que ser ya la hostia!. Pues eso. Y mira que ahora nos empezábamos a acostumbrar a ganar, pero se va a romper la racha.
Yo estuve muy positivo hace cuatro años cuando en Singapur se eligió a Londres para los Juegos de 2012, y me quedé con las ganas. Ahora estoy todavía más positivo, si es que ello es posible. Pero sigo sin verlo claro. En estas cosas entran en juego tantos factores que el último es ser, de verdad, la mejor candidatura. Por eso, un pronóstico es casi imposible.
De todas formas, y para poder enseñárselo a algunos amigos que me preguntarán mañana, yo deseo que nos lo den, pero no nos lo van a dar. Es más, estoy convencido de que no vamos a llegar a la votación final. Lo peor de todo, es que esta decepción va a parar el empuje olímpico de Madrid para varias décadas, y si no, al tiempo. Pero de estas cosas también hay que aprender.
Me acuerdo ahora de una frase, que no me acuerdo de quién es, pero me parece muy atinada: Lo importante es participar y ganar... ¡ganar tiene que ser ya la hostia!. Pues eso. Y mira que ahora nos empezábamos a acostumbrar a ganar, pero se va a romper la racha.
sábado, 19 de septiembre de 2009
LA IMPRUDENTE
Hablar mucho es una de las peores manifestaciones de la imprudencia (o de la prudencia cero que dirían los tontos que hablan mucho pero a los que no les gusta pronunciar determinadas palabras y prefieren inventarse otras). Callar, ser prudente, escuchar (que no oír), son virtudes cada vez más difíciles de encontrar. En vías de extinción que dirían esos mismos cursis.
Esta semana, como casi todas, hemos podido escuchar unas cuantas cosas que me han dejado patidifuso. Lo más curioso es que buena parte de ellas han salido de las meninges de una de esas personas que, normalmente, mide bien lo que dice.
El lunes no tuvo mejor ocurrencia que asegurar que el Gobierno tiene instalado, nada menos que desde 2004, un superordenador en el que se registran y se pueden escuchar todas las conversaciones telefónicas que tenemos todos los españoles.
¿?.
Tómese un segundo para pensar. Luego coja aire, vuelva a leer el párrafo anterior. Reflexione de nuevo y entonces, y sólo entonces, continúe leyendo.
Lo dijo así, sin anestesia ni nada. Y lo dijo en una entrevista en la que el sesudo preguntador no entró por esa puerta que la entrevistada acababa de abrir. Lo dejó pasar como quién oye que en Madrid ha amanecido despejado después de una semana lloviendo. Conversación de ascensor sin más pretensiones. No sólo eso, nadie, ni político, ni periodista, ni ciudadano, nadie le ha dado demasiada importancia. Qué le vamos a hacer.
Al día siguiente, martes, ella tenía uno de esos días grandes que a todos los grandes políticos se la pone dura. Pero, al revés de ocasiones anteriores, este año tenía pocas ganas (o pocas posibilidades de llamar la atención sobre sus números) y prefirió desviar la atención. Pero como es una estratega de primera lo hizo con una cuestión de calado y que a todos importa. Dijo que iba a devolver la autoridad a los profesores por ley.
¿?.
Repito. Respire hondo. Piense, Vuelva a leer. Reflexiones y sólo entonces siga.
A los profesores, como a cualquier otro profesional, se les puede elevar a la categoría de autoridad. Aún más, se les puede dotar de instrumentos para que ejerzan y para que defiendan esa autoridad. Pero lo cierto es que la situación en las aulas no va a mejorar porque los profesores sean considerados autoridad por ley.
Los profesores tienen, en su mano, hacerse con la autoridad y la mayoría abdican de esa posibilidad. Los padres, tres cuartas partes de lo mismo. Pero, lo peor de todo, es que los mismos padres impiden que los profesores ejerzan la autoridad y dan rienda suelta a que sean los alumnos los que la ejerzan. En el aula y en casa. Ese es el problema.
No soy tan mayor como para haberme levantado en clase cuando entraba el profesor. Soy de una generación puente que casi se libró de las barrabasadas de las reformas socialistas de la educación y que no tuvo que sufrir los peores rigores disciplinarios franquistas. Qué suerte la mía, aunque sólo me dé cuenta ahora, con 25 años de retraso. No soy tan mayor, decía, pero me acuerdo de cómo respetábamos nosotros a los profesores que se lo ganaban y como puteábamos a los que eran unos auténticos peleles.
Ahora soy yo quién doy clase de vez en cuando y me doy cuenta de que, salvo excepciones, cada uno tiene lo que se merece. Ni a los alumnos los suspende el profesor, suspenden ellos solitos, ni a los profesores hay que darles la autoridad por ley. O se la ganan ellos solitos o la ley será otro montón de folios inservibles.
No contenta con este arranque de semana, va la buena mujer y completa el asunto, ayer mismo, viernes, afirmando que junto con la autoridad le van a devolver a los profesores la tarima. La cordura asoma en esa afirmación porque eso sí está entre sus capacidades. Construir tarimas y colocarlas en las aulas si se puede hacer por orden administrativa (al menos en los centros públicos). Además, más de una serrería y carpintería de Madrid lo agradecerán. Y, como ha ocurrido con el Plan E, unas cuantas personas saldrán de las listas del paro, aunque sólo sea durante cuatro o cinco meses.
Punto. La ocurrencia de la tarima no vale para nada más. Crujen, con lo que eso distrae a un grupo predispuesto a distraerse. Inevitablemente se acaban, con el evidente riesgo de que, quién está arriba (el profesor) se caiga o se trastabille, o se tropiece al subir. Y no aportan nada a la autoridad, como ya he expuesto en párrafos anteriores. Lo dicho, la señora presidenta se podía haber ahorrado la ocurrencia.
Sí, como ya habrán deducido, quién todo esto ha dicho es Esperanza Aguirre. Sinceramente espero que, además de las super-orejas esas que según ella, tiene Rubalcaba, no haya también unos super-ojos que lean todas las tonterías que escribimos en internet. De lo contrario, se me va a caer el pelo… y no de la tarima, precisamente.
Esta semana, como casi todas, hemos podido escuchar unas cuantas cosas que me han dejado patidifuso. Lo más curioso es que buena parte de ellas han salido de las meninges de una de esas personas que, normalmente, mide bien lo que dice.
El lunes no tuvo mejor ocurrencia que asegurar que el Gobierno tiene instalado, nada menos que desde 2004, un superordenador en el que se registran y se pueden escuchar todas las conversaciones telefónicas que tenemos todos los españoles.
¿?.
Tómese un segundo para pensar. Luego coja aire, vuelva a leer el párrafo anterior. Reflexione de nuevo y entonces, y sólo entonces, continúe leyendo.
Lo dijo así, sin anestesia ni nada. Y lo dijo en una entrevista en la que el sesudo preguntador no entró por esa puerta que la entrevistada acababa de abrir. Lo dejó pasar como quién oye que en Madrid ha amanecido despejado después de una semana lloviendo. Conversación de ascensor sin más pretensiones. No sólo eso, nadie, ni político, ni periodista, ni ciudadano, nadie le ha dado demasiada importancia. Qué le vamos a hacer.
Al día siguiente, martes, ella tenía uno de esos días grandes que a todos los grandes políticos se la pone dura. Pero, al revés de ocasiones anteriores, este año tenía pocas ganas (o pocas posibilidades de llamar la atención sobre sus números) y prefirió desviar la atención. Pero como es una estratega de primera lo hizo con una cuestión de calado y que a todos importa. Dijo que iba a devolver la autoridad a los profesores por ley.
¿?.
Repito. Respire hondo. Piense, Vuelva a leer. Reflexiones y sólo entonces siga.
A los profesores, como a cualquier otro profesional, se les puede elevar a la categoría de autoridad. Aún más, se les puede dotar de instrumentos para que ejerzan y para que defiendan esa autoridad. Pero lo cierto es que la situación en las aulas no va a mejorar porque los profesores sean considerados autoridad por ley.
Los profesores tienen, en su mano, hacerse con la autoridad y la mayoría abdican de esa posibilidad. Los padres, tres cuartas partes de lo mismo. Pero, lo peor de todo, es que los mismos padres impiden que los profesores ejerzan la autoridad y dan rienda suelta a que sean los alumnos los que la ejerzan. En el aula y en casa. Ese es el problema.
No soy tan mayor como para haberme levantado en clase cuando entraba el profesor. Soy de una generación puente que casi se libró de las barrabasadas de las reformas socialistas de la educación y que no tuvo que sufrir los peores rigores disciplinarios franquistas. Qué suerte la mía, aunque sólo me dé cuenta ahora, con 25 años de retraso. No soy tan mayor, decía, pero me acuerdo de cómo respetábamos nosotros a los profesores que se lo ganaban y como puteábamos a los que eran unos auténticos peleles.
Ahora soy yo quién doy clase de vez en cuando y me doy cuenta de que, salvo excepciones, cada uno tiene lo que se merece. Ni a los alumnos los suspende el profesor, suspenden ellos solitos, ni a los profesores hay que darles la autoridad por ley. O se la ganan ellos solitos o la ley será otro montón de folios inservibles.
No contenta con este arranque de semana, va la buena mujer y completa el asunto, ayer mismo, viernes, afirmando que junto con la autoridad le van a devolver a los profesores la tarima. La cordura asoma en esa afirmación porque eso sí está entre sus capacidades. Construir tarimas y colocarlas en las aulas si se puede hacer por orden administrativa (al menos en los centros públicos). Además, más de una serrería y carpintería de Madrid lo agradecerán. Y, como ha ocurrido con el Plan E, unas cuantas personas saldrán de las listas del paro, aunque sólo sea durante cuatro o cinco meses.
Punto. La ocurrencia de la tarima no vale para nada más. Crujen, con lo que eso distrae a un grupo predispuesto a distraerse. Inevitablemente se acaban, con el evidente riesgo de que, quién está arriba (el profesor) se caiga o se trastabille, o se tropiece al subir. Y no aportan nada a la autoridad, como ya he expuesto en párrafos anteriores. Lo dicho, la señora presidenta se podía haber ahorrado la ocurrencia.
Sí, como ya habrán deducido, quién todo esto ha dicho es Esperanza Aguirre. Sinceramente espero que, además de las super-orejas esas que según ella, tiene Rubalcaba, no haya también unos super-ojos que lean todas las tonterías que escribimos en internet. De lo contrario, se me va a caer el pelo… y no de la tarima, precisamente.
sábado, 12 de septiembre de 2009
QUÉ JODIDO ES DECIR NO
Esta semana ha empezado ese proceso de inmersión progresiva que los educadores progresistas se han inventado para iniciar el curso académico. Nuestros hijos, los que los tengan, van entrando en los colegios como si fuesen hábitats nocivos a los que hay que adaptarse muy poco a poco. El primer día una hora, el segundo dos, si por en medio cae un finde, mejor. Así hasta que se alcanza un ritmo que ahora se considera normal y que en mis tiempos hubiese causado risa (no quiero contarte en tiempos de mis padres) y hasta que se saca de quicio toda la calma y todos los recursos, no sólo de los padres, si no de toda la familia.
El presidente Zapatero, que además de un rato listo lleva a gala esa pose infantil a la que tanto partido saca, ha decidido hacer lo mismo para empezar el curso político. Vamos a volver al Congreso poco a poco, para que no se nos haga tan cuesta arriba. Lo curioso del caso es que el resto de los partidos le han seguido el juego. Han aceptado darle unas suaves collejitas pero sin demasiada sangre. Esos partidos que tantas ganas le tienen al presidente que más les ha engañado en las últimas décadas se han justificado, entre otras cosas, apelando a la inminente llegada de los presupuestos, gran momento del año donde los haya. No menos curioso es que muchos, casi todos los comentaristas políticos, hayan caído en la misma justificación.
Las cosas van mal. De eso no cabe duda y nadie lo niega. La escala de maldad, como en los chistes malos, va de los que piensan que va mal, pasando por los que piensan que va muy mal, para llegar a los que creen que va de puta pena. Cuestión de matices. Y cada minuto que se pierde, cada debate que no vale para nada, cada Consejo de Ministros que no toma las medidas adecuadas es un desastre para todos.
Es posible que sea correcto subir los impuestos llegados a la tesitura en la que estamos. El problema, como trata de hacernos ver la campaña del PP es el por qué hemos llegado a esta situación. El problema es, también, que se anuncia que la subida va a gravar a las rentas más altas y a las rentas del capital (para tener contentos y anestesiados a los más fieles) y, a renglón seguido, se pone toda la carga sobre impuestos indirectos, IVA y nuevas tasas (como esa ecológica propuesta por Sarkozy y que tanto gusta a nuestro Presi) que pagamos todos, sí o sí, y, normalmente, sin enterarnos o sin se muy conscientes de ello. Pobres tontos.
Esta misma semana, hablando con mi padre, me ha recordado un sucedido que viene muy a cuento. Corría la segunda mitad de los 80 y, aunque en mi casa ya teníamos todos claro el tema de los Magos de Oriente, era un momento grato para cruzar regalitos, como en todos los hogares. Pero se dio el caso de que aquel año (que no recuerdo cual era, 86, 87, quizás) no había posibilidad y mis padres se armaron de valor para decírnoslo, tal cual, a mi hermano y a mi. Creo, no lo recuerdo, que sin entenderlo bien del todo, lo aceptamos sin más. Entre otras cosas porque es bien cierto de que eramos muy conscientes de algunas de las cosas que venían pasando los últimos meses.
No pasó nada. Las Navidades fueron todo lo normales que pudieron ser. La familia siguió tan unida como siempre. Y, meses después, se fue solucionando la cosa hasta el punto de que pudimos ir teniendo esos regalos que no llegaron el 6 de enero. Yo, me acuerdo bien porque aún la tengo, logré aquella raqueta Head blanca que tanta ilusión me hacía cuando el tenis era una de mis obsesiones. Visto desde hoy, me puedo hacer una idea de lo difíciles que fueron esos meses y esos años para mis padres. Lo mal que lo pasaron cada vez que nosotros (y no eramos especialmente proclives a pedir) sugeríamos que nos gustaría otro cómic de Mortadelo o un sobre de cromos y ellos nos tenían que decir que no podía ser. Veo a mi alrededor a decenas de padres que son incapaces de decir que no a nada de lo que les piden sus hijos y me acuerdo mucho de mis padres, y lo mal que lo tuvieron que pasar.
Pero claro, Zapatero es un padre de hoy. Es muy posible que el también pasase estrecheces. Seguro. Pero no quiere, no sabe, no puede, no es capaz y no es la persona, para decirle a sus hijas y a todos nosotros, “no hay Mortaldeo, no hay cromos, no hay Reyes y no hay helado”. Que jodido es decir NO.
El presidente Zapatero, que además de un rato listo lleva a gala esa pose infantil a la que tanto partido saca, ha decidido hacer lo mismo para empezar el curso político. Vamos a volver al Congreso poco a poco, para que no se nos haga tan cuesta arriba. Lo curioso del caso es que el resto de los partidos le han seguido el juego. Han aceptado darle unas suaves collejitas pero sin demasiada sangre. Esos partidos que tantas ganas le tienen al presidente que más les ha engañado en las últimas décadas se han justificado, entre otras cosas, apelando a la inminente llegada de los presupuestos, gran momento del año donde los haya. No menos curioso es que muchos, casi todos los comentaristas políticos, hayan caído en la misma justificación.
Las cosas van mal. De eso no cabe duda y nadie lo niega. La escala de maldad, como en los chistes malos, va de los que piensan que va mal, pasando por los que piensan que va muy mal, para llegar a los que creen que va de puta pena. Cuestión de matices. Y cada minuto que se pierde, cada debate que no vale para nada, cada Consejo de Ministros que no toma las medidas adecuadas es un desastre para todos.
Es posible que sea correcto subir los impuestos llegados a la tesitura en la que estamos. El problema, como trata de hacernos ver la campaña del PP es el por qué hemos llegado a esta situación. El problema es, también, que se anuncia que la subida va a gravar a las rentas más altas y a las rentas del capital (para tener contentos y anestesiados a los más fieles) y, a renglón seguido, se pone toda la carga sobre impuestos indirectos, IVA y nuevas tasas (como esa ecológica propuesta por Sarkozy y que tanto gusta a nuestro Presi) que pagamos todos, sí o sí, y, normalmente, sin enterarnos o sin se muy conscientes de ello. Pobres tontos.
Esta misma semana, hablando con mi padre, me ha recordado un sucedido que viene muy a cuento. Corría la segunda mitad de los 80 y, aunque en mi casa ya teníamos todos claro el tema de los Magos de Oriente, era un momento grato para cruzar regalitos, como en todos los hogares. Pero se dio el caso de que aquel año (que no recuerdo cual era, 86, 87, quizás) no había posibilidad y mis padres se armaron de valor para decírnoslo, tal cual, a mi hermano y a mi. Creo, no lo recuerdo, que sin entenderlo bien del todo, lo aceptamos sin más. Entre otras cosas porque es bien cierto de que eramos muy conscientes de algunas de las cosas que venían pasando los últimos meses.
No pasó nada. Las Navidades fueron todo lo normales que pudieron ser. La familia siguió tan unida como siempre. Y, meses después, se fue solucionando la cosa hasta el punto de que pudimos ir teniendo esos regalos que no llegaron el 6 de enero. Yo, me acuerdo bien porque aún la tengo, logré aquella raqueta Head blanca que tanta ilusión me hacía cuando el tenis era una de mis obsesiones. Visto desde hoy, me puedo hacer una idea de lo difíciles que fueron esos meses y esos años para mis padres. Lo mal que lo pasaron cada vez que nosotros (y no eramos especialmente proclives a pedir) sugeríamos que nos gustaría otro cómic de Mortadelo o un sobre de cromos y ellos nos tenían que decir que no podía ser. Veo a mi alrededor a decenas de padres que son incapaces de decir que no a nada de lo que les piden sus hijos y me acuerdo mucho de mis padres, y lo mal que lo tuvieron que pasar.
Pero claro, Zapatero es un padre de hoy. Es muy posible que el también pasase estrecheces. Seguro. Pero no quiere, no sabe, no puede, no es capaz y no es la persona, para decirle a sus hijas y a todos nosotros, “no hay Mortaldeo, no hay cromos, no hay Reyes y no hay helado”. Que jodido es decir NO.
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