viernes, 26 de diciembre de 2008

DEMASIADOS INOCENTES

Los humanos una cierta habilidad para adaptar las mayores desgracias. No sólo adaptarlas, sino retorcerlas, reconvertirlas y remodelarlas hasta convertirlas en motivo de regocijo y celebración. Sólo gracias a esa extraña habilidad puede entenderse que un hecho tan luctuoso y tan macabro como matar a toda una generación de niños neonatos se pueda adaptar hasta concretarse en una fiesta de bromas y buenos momentos.
Este domingo se celebra el día de los inocentes que, para los despistados, conmemora la matanza de los inocentes primogénitos de todos los súbditos de Herodes allá por los tiempos bíblicos. Enorme sacrificio a favor de un bien mayor deben pensar los cristianos. Todo un exterminio del que sólo se salvó, que se sepa, el hijo del carpintero. El llamado a una misión mayor.
La capacidad para adaptar las peores circunstancias a nuestro favor y la de apelar a un bien mayor, cuando se está en una autentica situación de tragedia son principios a los que apelan con gran soltura, en la actualidad, nuestros dirigentes. No me extrañaría, por tanto, que la anunciada remodelación del Gobierno de España fuese anunciada, al menos a los interesados, este mismo domingo. Así, como si fuese una broma de inocentes. Y cuando a los afectados por el descabalgamiento se les hiele la sonrisa, el gran druida siempre puede apelar a la necesidad de un bien mayor, su propia supervivencia como líder.
Seguro que no va a ocurrir, porque Zapatero es persona que cuida las formas y se preocupa por que tengas cerca un cómodo sillón cuando te apuñala, en lugar de dejarte caer sobre el frío mármol, olvidado a tu suerte. Zapatero no va a amargarles el turrón, los polvorones y los productos leoneses a sus vicepresidentes y alguno de sus ministros arietes. Pero su matanza (no de inocentes, desde luego) la tiene perfectamente diseñada, mejor que el mismísimo Herodes.
Y es que al presidente del Gobierno le encanta el juego de diseñar y ejecutar estrategias. Se debe sentir como los niños que juegan al Stratego y terminan conquistando la bandera enemiga. No siempre gana la partida, faltaría más. Ni siquiera Il Divo Andreoti salió victorioso de todas sus batallas, aunque sí haya sido de los alumnos más aventajados del Ave Fénix a la hora de renacer de sus cenizas. Y mira que le gusta tener frentes abiertos a Zapatero.
El último, lo está abriendo con enorme soltura. La víctima, como no, es el PP que, como si fuesen nuevos, está cayendo en las redes sin ofrecer resistencia. Me recuerdan a las sardinillas saltando en la cubierta del barco sin remisión posible, tras haber sido izada la red en la que han caído presa de su propia alegría y complacencia. Lo más curioso es que el mismo Zapatero se la hizo, hace sólo unos meses, con el tema de UPN. Y no aprenden.
La negociación bilateral con “algunas Comunidades Autónomas” por el tema de la financiación la ha asumido en primera persona el presidente. Cita a los que quiere, en el orden que quiere y le dice a cada uno lo que quiere… Lo que cada uno quiere oír, se entiende. Así, no sólo desactiva un frente puñetero que amenazaba el cambio de año en su agenda. Además, le está pasando la pelota a los populares. Los mismos que se jactan sistemáticamente de defender lo mismo en toda España y que están viendo, por la fuerza de los hechos y las declaraciones, que no es así. No sólo lo están viendo. Se lo están enseñando a todos los españoles, que es lo peor… para ellos, como partido aspirante.
Justo cuando el PP está en su mejor momento de los últimos años en lo que a apreciación de moderación y opinión general del electorado se refiere. Justo ahora que comienza a despuntar levemente en las encuestas. Justo ahora que toca afrontar importantes retos electorales de distinto calado. Justo ahora va el PP y se deja abrir una enorme vía de agua en uno de sus frentes acorazados. No hay forma de entenderlo. Y mal esta por la parte que le toca a la dirección nacional. Pero mucho peor por lo que se refiere a uno de los valores más tácticos y hábiles de los últimos años. Esperanza Aguirre tiene tanto entusiasmo por quitarse de en medio a los acomplejados que han tomado Génova que no ve la forma y el momento de conseguirlo. Es consciente, sin duda, de que se le acaba el tiempo. Lo que no acabo de creerme es que no haya caído en la cuenta de que si logra la séptima planta genovesa a costa de un enfrentamiento interno, necesitará de 8 a 10 años para tener opciones reales de llegar a Moncloa.
Demasiado largo se lo fía a sí misma.

martes, 23 de diciembre de 2008

ARREMANGARSE

La Navidad ha llegado, no cabe ninguna duda. Lo ha hecho con todo su derroche de buenas maneras y mejores deseos. Como pocas veces habremos visto en los últimos tiempos. Miren sino lo ocurrido este lunes en La Moncloa. No hay forma de explicar tanto almíbar y tanta sonrisa sincera, tanto derroche de simpatía y sintonía. Sólo una Navidad melindrosa puede dar sentido a semejante encuentro.
Y eso que el inicio de la reunión prometía. Zapatero ejercía de anfitrión repanchingado en su sillón claro estilo Ikea. Los convidados (uno por el gobierno central y otro por el autonómico de Madrid) comenzaban también a romper el hielo. Y en eso que aparece la lideresa. Con su desparpajo y soltura natural se desprende del abrigo y, como quien no quiere la cosa, se arremanga el vestido hasta medio antebrazo. Inequívoco gesto que adelante la soltura propia de quien reparte mamporros para marcar el territorio sin perder la sonrisa y el buen gesto.
Cierto es que el anfitrión no es menos ducho en artes similares. En su caso, maneja con mejores artes el estilo florentino de tratar con una sonrisa mientras se prepara el bebedizo cargado de ponzoña. Ese que sólo hace efecto pasado el tiempo suficiente como para que el cadáver caiga fulminado lejos del lugar de los hechos, librando de sospechas al verdadero autor. Entre interlocutores así, no es de extrañar que se esperasen los discursos para recuperar parte de la sal y la pimienta que hemos derrochado en los preparativos navideños. Antecedentes hay, por lo demás, en los encuentros anteriores entre ambos.
Pero, oh milagro de Santa, de Santa Claus, se entiende, Aguirre sale a la sala de prensa con las mangas embozando sus manos y la sonrisa cálida en los labios. Decepción en la concurrencia. No va a haber palos. Empieza su parlamento y la decepción se troca en sorpresa. ¡La lideresa está contenta, satisfecha, incluso!. Sale de La Moncloa casi como lo hacía en su etapa como ministra, encantada de la vida. El sistema de financiación, le ha dicho Zapatero, recogerá las exigencias de Madrid y será multilateral. Con compromisos así, ni la emperatriz de Sol puede resistirse. Máxime teniendo en cuenta que es la primera presidenta de una Comunidad del PP recibida en Palacio. La primera presidenta recibida con luz y taquígrafos. La primera presidenta después de los inevitables president de la Generalitat, que siempre lleva la voz cantante en estos asuntos, y presidente de Andalucía que lo es, a la vez, del partido en el Gobierno.
Aguirre se anota un tanto, Zapatero otro. Todos felices, todos contentos… Pero yo no salgo de mi asombro. ¿Cómo es posible tanto azúcar a estas alturas?. ¿Qué ha pasado de verdad para que hayan salido así las cosas?. ¿Ha perdido Aguirre los antecedentes o le han borrado el disco duro en el que almacenaba tratamientos parecidos en La Moncloa que luego se volvieron en crueles ridículos de todos los que han salido aseverando que se iban satisfechos tras escuchar al Presidente?. Algo no va bien en este asunto. Y claro, hoy mismo veo en la prensa interpretaciones del pelo de que Aguirre arranca a Zapatero no se que compromisos y claro, sospecho que desde las profundidades de la vida civil y prosaica se ve la vida y sus circunstancias de otra forma.
Arremangarse pa ná, diría yo que es esto.

jueves, 11 de diciembre de 2008

SIN MICROS, MEJOR

¡Qué apaguen los micros, por favor!. Ya que no tenemos forma de apagar a nuestros políticos, impidámosles meter la pata, decir mamarrachadas y complicarnos la vida.
Los políticos son como niños. Revoltosos, molestos, insoportables, por momentos, no podemos vivir sin ellos, pero vivir con ellos es un perpetuo dolor de cabeza. En una ocasión había un niño que estaba llorando sin parar. Normal en un niño. Después de varios minutos a llanto vivo, esa normalidad se estaba volviendo claramente insoportable. Toda vez que en la misma habitación había varios adultos, entre ellos los padres del megáfono carnal, mi abuelo no tuvo mejor ocurrencia que preguntarle a la madre donde tenía el interruptor en jodío niño. Son cosas de la edad. Al niño no había forma de callarlo y a mi abuelo, por aquello de que ya era mayor, se le permitía todo.
Bien mirado, no estaría mal. Un interruptor y dejamos de oír la primera mamarrachada que se les pasa por la cabeza. Lo más curioso es que no se trata sólo de personajes de medio pelo, cuya capacidad intelectual, social, de convivencia y de respeto es más que cuestionable. Incluso los políticos más preparados, más avezados, más curtidos y hasta más seremos echan una meadita fuera del tiesto de vez en cuando.
Ellos mismos, todos ellos, han deseado, en alguna ocasión, que los micros estuviesen apagados cuando tenían que estarlo, o han lamentado que estuviesen encendidos cuando no debían, que viene a ser más o menos lo mismo. Además, con un poco de suerte, entre las veces que ellos los quieren apagados (muchísimas veces) y las que nosotros se los apagaríamos, todo sería mucho más sencillo. Aún más, nos evitaríamos ese engorroso dijo lo que dijo y debe rectificar, yo no dije porque quise decir, dije diciendo que decir quería y queriendo decir lo dicho que dicho me han asignado que decir no he querido aunque pensarlo sí, sin decirlo me evito el tener que decir.

sábado, 6 de diciembre de 2008

NO ES EL MOMENTO

No soy yo de los que convivo con los políticos. Ni alterno con ellos, ni comparto confidencias con ellos. No conozco de sus manías y debilidades más que el común de los ciudadanos. Pero tengo para mi que cuando hay un runrún insistente, suele llevar aparejado lago de verdad.
Estos días, previos a la celebración de los 30 años de la Constitución han sido insistentes los rumores de cambio. Y, por más veces que me lo decían, o que lo oía, no podía dejar de pensar que era imposible.
No es el momento. Que digo, es, casi, el peor de los momentos. Las circunstancias no justifican, para nada, el cambio. Hace unos meses, sí, sin duda. Ahora, no. No hay forma de vender un cambio ahora sin que se le caiga la cara de vergüenza.
Un cambio ahora, sólo puede generar problemas y enemigos. Y, no porque no sea necesario, que lo es y mucho. Es que has perdido el momento de hacerlo y tienes que esperar a que las circunstancias de nuevo, se vuelvan propicias.
Claro que hay decenas de piezas que no encajan. Claro que el puzle no ha salido como pensabas y tienes que reformarlo. Pero ahora no. No se trata de sostenerla y no enmendarla. Se trata de que, en política, es casi tan importante hacer las cosas como saber y poder explicarlas. Es casi tan importante hacerlas como que salgan bien y que el hacerlas haya sido mejor que el dejar de hacerlas. De lo contrario, espera a otro momento.
Teniendo todo eso en cuenta, no puedo creer que los rumores sean falsos o maliciosos, pero me cuesta mucho más creer que sean factibles. Que se vayan a convertir en realidad.
Esta misma mañana, Zapatero ha afirmado, casi por sorpresa, que no es el momento de abordar una reforma de la Constitución. Ha dicho que no es una tarea prioritaria del Gobierno. De un Gobierno que, según Mariano Rajoy, ha sufrido una enmienda a la totalidad esta semana en el flanco más débil, el económico, con el dato del paro conocido el miércoles.
No seré yo quien rectifique, en este punto, al presidente del Gobierno. Si él, que en su primer discurso de investidura planteo cuatro reformas claras de la Constitución como una de las prioridades de su acción de gobierno, ahora cree que no es el momento, no le voy a llevar la contraria.
Recuerde, Presidente, NO ES EL MOMENTO.

CONSULTAR CON LA ALMOHADA

Dicen que mi bisabuelo era un buen tipo. Bueno, eso lo dirían ahora. Sus coetáneos decían que era un hombre bueno. Un hombre en el que se podía confiar. Cuyas opiniones y decisiones no sólo se respetaban. Se buscaban. Era, dicen, un tiarrón con esa extraña sabiduría que algunos adquieren leyendo en la tierra y no en los libros. Dicen que era muy cabezón, acostumbrado siempre a que se hiciese lo que él decía. Pero que era muy bueno. Que nunca hizo mal a nadie. Que, en más de una ocasión, evitó que hiciesen el mal a vecinos, a conocidos o a gente que tenía a mano. Sólo por el hecho de que no veía sentido en hacer el mal. En que alguien sufriese.
Dicen, y es verdad, que yo llevo su mismo nombre, aunque el nunca lo supo. Había muerto años antes. Es una tontería, pero saber que llevas el mismo nombre que una persona a la que siempre has oído describir de esa manera, a la que nunca has conocido, que es alguien de tu misma sangre y saber que llevas el mismo nombre, no por casualidad sino como recuerdo y homenaje, saber todo eso, la verdad es que presiona un poco. Te hace sentirte chiquito.
Dicen que este buen hombre y buen tipo, cuando se sentía abrumado por una preocupación o por un problema al que no veía la solución siempre respondía lo mismo “voy a consultarlo con la almohada”. Esta semana, inconscientemente, yo he hecho lo mismo. Tras el atentado del pasado miércoles tuve la tentación, como otras veces, de ponerme a escribir. Me di cuenta de que iba a decir, más o menos, lo mismo que otras veces, cambiando algunas fechas, cambiando algunos nombres y añadiendo algunas adjetivos.
No es que me crea yo demasiado original cuando escribo, pero me di cuenta de que era un error volver a escribir lo mismo. Pensé que tenía que madurar algo más en mi cabeza antes de volcarlo al post. Y esperé. No sé si consulté algo con la almohada o no, pero lo cierto es que, al día siguiente me sentía un poco más sereno para escribir. Y cuando iba a ponerme a ello me encontré con una foto en los diarios que volvió a disparar mi indignación y mi rabia. Ahí estaban los amigos de años del asesinado, su “cuadrilla” como les gusta decir a los españoles del norte, jugando a cartas sin esperar a que se hubiesen llevado el cadáver que un par de tiparracos habían dejado sobre la acera.
En ese momento no tuve la tentación de ponerme a escribir. Directamente me dije, para, espera, piensa. Me acordé de las miles de veces que he oído decir a nuestros políticos (a todos ellos) que ETA no tiene que marcar la agenda de este país (aunque la marca como nadie). Me acordé de como los terroristas tienen una gran habilidad para seleccionar el momento de sus atentados. Da igual que los dirigentes sean jóvenes o veteranos, violentos, muy violentos o más violentos. Da igual, suelen seleccionar bien a la víctima y el momento de convertirla en víctima. Y pensé, esta vez no. Esta vez no van a modificar la agenda prevista para conmemorar los 30 años de Constitución.
Hubiese sido un momento impagable. La misma Constitución que les dio la oportunidad de reintegrarse a la vida civil del País Vasco y que, a la vez, dio al estado de derecho todas las herramientas para luchar contra ellos, conmemorada y celebrada sin dejar que estos facinerosos nos marquen no ya la agenda, sino el reloj. Pero no pudo ser. Han podido más las tradiciones y, mientras sus amigos han mantenido la pauta de la partida vespertina diaria sin inmutarse por el plasma sobre el que chapoteaban, nosotros, todos los demás, hemos vuelto a dejar que ETA nos diga cuando podemos celebrar algo y cuando no. Como podemos hacerlo y como no.
Creo, después de consultarlo con la almohada, que somos mejores personas que ellos, pero no puedo dejar de pensar que mientras nosotros pensamos como pensamos y ellos piensan como piensan va a ser imposible que lleguemos todos a la solución que necesitamos. Retumban en mi cabeza esos “ellos”, esos “nosotros”, esos “de los nuestros” que se han vuelto a escuchar con atronadora fuerza cada vez que uno de los asesinados por los terroristas es alguien que no se esperan. Y me duele, me indigna. Ellos y nosotros somos los mismos. Somos seres humanos, somos personas. Y pienso en mi bisabuelo que, seguro, hubiese tratado de evitar que esos cuatro azpeitarras siguieran con su partida ante las cámaras del resto del mundo. Y pienso en él que, seguro, hubiese ido a buscar a los amiguetes de los asesinos para echarles en cara cada una de las 1000 barbaridades que llevan cometidas en este medio siglo.
Internamente me alegro de que sea sólo mi imaginación. Si esos pensamientos se cumpliesen, mi bisabuelo no duraría ni 24 horas. Pero los buenos tipos no abundan y nosotros seguimos consultando las cosas con la almohada, hasta que venga algún iluminado a cambiarnos la almohada por una bala.

domingo, 30 de noviembre de 2008

VA DE SÍMBOLOS

Noviembre se ha despedido con una de esas semanas donde casi toda la información pivota sobre un elementos común. En este caso, el elemento común son los símbolos. Individualmente considerados, desde luego.

Para empezar, nos encontramos con esa sentencia que ordenaba retirar los crucifijos de los colegios públicos. Como era de esperar, se ha liado una de padre y muy señor mío, nunca mejor dicho. Estoy bastante de acuerdo con esa observación que cuestiona la decisión judicial por ser incoherente con otros ámbitos de la vida pública de España. Por ejemplo, no se entiende muy bien porque en los colegios hay que quitarlos y, sin embargo, se mantienen en la mesa de la jura de los ministros en Zarzuela; o por qué siguen presidiendo las salas de los tribunales de justicia.

Ya he dicho en alguna ocasión que no soy partidario de los símbolos y, en concreto los religiosos, me molestan bastante. Para poner el toro en suerte, he de decir que yo estudien en un colegio con marcado carácter religioso (tanto es así que tenía una dependencia jerárquica del arzobispado), que estaba dirigido y subdirigido por curas y donde, pese a todo, se respiraba un muy agradable ambiente, podríamos llamar, abierto, avanzado, tolerante. Todavía es el día de hoy que recuerdo con agrado mis polémicas discusiones con Don Andrés (uno de los subdirectores y cura al mismo tiempo) sobre diversos aspectos del mundo religioso y católico. Estoy seguro de que su buena voluntad y su paciencia eran la clave para que un día sí y otro también, le dinamitase las clases con observaciones y preguntas que terminaban por desviar el curso de su planificación. Hace años que no hablo con él. Siempre me pareció más tolerante de fachada que de interior, pero me gustaría agradecerle que me permitiese ampliar el ámbito y los contrincantes de mis, ya por entonces, afanes polemistas.

A pesar de lo dicho, y aunque lo he intentado varias veces, no consigo recordar si en las aulas había o no crucifijos. Sí recuerdo que había una capilla, a la que no era necesario acudir. De hecho yo sólo recuerdo haber estado un par de veces en mis casi 10 años de permanencia en el centro. También recuerdo que cuando se aproximaban las edades claves (primera comunión, confirmación,... ) había un día en el que hacían un ofrecimiento de ayuda, asesoramiento, para los que, voluntariamente querían acercarse a esos pasos. Yo, que siempre he sido un poco "a mi aire" no quise saber nada ni de una fecha ni de la otra, y no pasó nada, ni me insistieron, ni me trataron peor, ni me marginaron. Si tengo el recuerdo de que al negarme yo a hacer la primera comunión, una de las profesoras que yo tenía por entonces (de religión y de música) cuyo nombre no recuerdo, aunque si su apodo, que me guardo por el respeto que me merece, aquella profesora, digo, se interesó en alguna ocasión por mi rebeldía. Y, el último día del curso, se acercó a mi para hacerme saber que si iba a las misiones, creo que a América Latina. Siempre he estado seguro de que aquella buena mujer se fue por propia vocación, pero no dejo de pensar que tuvo algo que ver una cierta sensación de fracaso, al darse cuenta de que mi camino iba por otros derroteros. Tampoco de ella he vuelto a saber nada. Queda claro que no soy precisamente propenso a seguir la pista de personas con las que he tenido trato. Aunque creo que estoy desvariando bastante, quiero decir que no entiendo por qué tiene que haber crucifijos en las aulas y en otros muchos sitios, pero tampoco entiendo esa prioridad repentina por retirarlos. Parecería que si quitamos los crucifijos, de buenas a primeras vamos a salir de la crisis, o algo así.

Otra de símbolos vino también de los tribunales. Esta tiene algo más de enjundia, pero me parece igual de tonta. En esta ocasión es la obligatoriedad de que ondee la bandera española en el parlamento vasco. El PNV lleva 30 años negándose a ello. Y, como decía mi abuela, "para que se jorobe el coronel no como rancho". Como no quieren poner la española, tampoco ponen la ikurriña. Tócate los ... Mejor ninguna que todas, no vaya a ser que el verde, rojo y blanco de la vasca se contamine con el gualda de la española y la liemos. Por cierto, la europea, que sí colocan sin miramientos, también tiene amarillo y, además, azul. A ver si vamos a completar el arco iris y a hacer puñetas Euskal Herria.

Pero el gran símbolo de la semana es algo tan pueril como unos calcetines. Sí señores, sí. Si hay alguien que no ha visto la imagen, la reproduzco.
Ya es raro que no la hayan visto porque es de las más repetidas en los últimos tres días. A favor y en contra. Y, sin ir más lejos, la imagen la distribuyó la agencia británica Reuters. Ahí es nada.
Son las atléticas piernas de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, luciendo un atuendo de lo más informal fruto de la azarosa salida de India, el pasado miércoles por la noche. Los zapatos de verano eran los apropiados para su visita a Bombay y los calcetines se los facilitaron en el vuelo de vuelta como en todos los de largo recorrido. La ausencia de medias delata la precipitación del momento.
Como digo, ha habido reacciones favorables, neutrales y críticas. Según como le caiga el personaje a cada quien. Desde los que alaban su suerte y su entereza para volver y relatar momentos tan duros hasta los que le critican que saliese corriendo del fregao terrorista hasta los que, directamente, la acusan de tratar de sacarle partido a una situación como esa. Yo, sinceramente, entiendo que se viniese y entiendo que, aunque ella quisiera quedarse, todos los que iban con ella le recomendasen que volviese a Madrid cuanto antes. Lo que ya me parece menos entendible es la prisa por comparecer ante los medios, la prisa por demostrar su sufrimiento a la par que su entereza y esa cuidada pose de desaliño que, sabiendo como actúa la presidenta madrileña, me cuesta creer que sea tan improvisada como algunos medios nos quisieron colar el jueves y el viernes.
Es curioso. Estoy seguro de que esa imagen de los calcetines gordos bajo zapatito de verano se convertirán en un símbolo, tan efímero como las corbatas para mujeres o las faldas para hombres, pero serán un símbolo. Pero seguro que nunca llegan a los tribunales. Entre otras cosas porque los símbolos son potestad de la sociedad civil. Cuando se convierten en elemento de pleito o en arma arrojadiza, dejan de ser símbolos y se convierten en munición.

lunes, 24 de noviembre de 2008

CONTADORES DE CUENTOS

Escribir todos los días, o cada dos días e, incluso, una vez a la semana, en los periódicos es una tarea complicada. No siempre hay temas a los que dedicar unas líneas. No siempre se tiene la mente lúcida para componer frases que resulten interesantes para el lector. No siempre hay algo que aportar a la actualidad del día. No pretendo yo ponerme a la altura de los columnistas de la prensa española, aunque trato de mantener este blog con un cierto nivel de interés. No sé si lo consigo, pero lo intento.
Hay ocasiones en las que tengo la impresión, como seguidor de la prensa diaria, que faltan ideas, falta originalidad. Es un poco como lo que pasa en el cine moderno. Que todo se vuelve hacer nuevas versiones llenas de efectos especiales y parafernalia técnica que no logran ocultar la falta de talento. Estos últimos días me ha llamado la atención la coincidencia de dos autores dispares, firmantes de medios aún más dispares. El domingo, Gonzalo López Alba en Público y hoy mismo Ignacio Camacho en ABC abordan la misma cuestión, con matices ligeramente diferentes y objetivos diametralmente opuestos. La cuestión es la importancia que ha cobrado, en la actualidad política moderna, el construir una historia que contar para tener éxito.
El ejemplo paradigmático, en eso coinciden los dos, es Barack Obama. Ambos coinciden también en darle cierto crédito, más Ignacio que Gonzalo, a las creaciones cuentistas de Zapatero. El principio, es sencillo. Lejos de principios, de valores, e ideas, lo que prima en la política actual es construir una buena historia que sea fácil y rápidamente asimilable por los electores a los que se “utiliza” como si fueran compradores.
No deja de llamarme la atención que este mismo fin de semana hemos tenido un buen ejemplo de todo lo contrario y ni uno ni otro han echado el lazo a ese ejemplo tan a mano.
Se celebró el sábado el congreso de Nuevas Generación en Madrid. Nuevas Generaciones es el criadero de cachorros del PP. En el caso de Madrid, más valdría decir que es el criadero de los cachorros liberales de Esperanza Aguirre. El re-elegido presidente, Pablo Casado, es un autentico portento de los mensajes directos y sencillos asentados sobre valores inamovibles. Dice que no se avergüenza de ser liberal y me parece cojonudo pero, al mismo tiempo, incluyó, en la ponencia del congreso, la idea de que había que suprimir el salario mínimo interprofesional. Eso son principios, vive dios.
Este mismo chavalote no tuvo reparos en lanzarle una merecida andanada al Che Guevara en la clausura del Congreso del PP en Madrid hace un par de meses. Pero claro, luego se le fue la mano. Dijo, por ejemplo, que los jóvenes españoles son manipulables por el Gran Hermano de Ferraz. Dijo que la izquierda sólo está con la memoria histórica, el aborto, la eutanasia y la muerte. Dijo que había que eliminar el IRPF para los mileuristas y, al mismo tiempo, que los jóvenes querían pagar las pensiones de sus padres. Dijo más cosas, algunas, incluso, cargadas de sentido. Pero claro, cuando se quiere hacer méritos y máxime si se hace en un congreso de partido, pasan estas cosas.
Se olvida uno de construir una historia y se puede caer en la histeria. Que se lo digan a uno de sus jefes. A ese que fue uno de los mejores presidentes que ha tenido el gobierno de España, durante una temporada, y uno de los peores, durante otra buena temporada. De lo que no cabe duda es de que es el peor ex presidente. Ni se acaba de ir, ni termina de dedicarse a otras labores, ni deja de tutelar… Una joya vamos.
Él, Aznar, si ha sabido construir una historia para contar. Se puede resumir, más o menos, en “después de mi, el desastre”. El desastre en el gobierno y el desastre en el PP. Eso, también le acerca a los políticos de referencia, esos que cuentan historias. En cuanto rascas un poco en los personajes, te quedas sin nada. En la historia de Aznar, no hay na de na, salvo él mismo dándole cuerda al cuento.