Si vas a decir algo, mejor que sea a favor. Si vas a criticar, si vas a oponerte, si vas a ser políticamente incorrecto, mejor cállate. De lo contrario te van a llover hostias por todas partes.
Esa es la cruda realidad en la sociedad actual. Da igual que opines o digas en línea con la minoría o en línea con la mayoría. La única verdad es que siempre habrá un grupo que se sienta en la obligación de meterte dos mandobles que te deje tiritando. No sólo eso. Te convertirán en un retrógrado asocial, un apestado. No hace falta, siquiera, que tu opinión sea claramente insultante, improcedente o despreciable. En cuyo caso podrían estar justificadas algunas de las actitudes antes descritas. No. Basta con que quien alguien o alguienes decidan que tu opinión no les gusta o no les parece bien para que seas puesto en el paredón, también tan de moda en estos días.
Especialmente cruel es la actitud de los grupos de gais, lesbianas, transexuales y bisexuales. Dios te libre de decir nada en su contra o algo que, simplemente, no les guste. Has quedado marcado. Da igual que manifiestes tu opinión con el máximo de los respetos y la máxima de las educaciones. La única alternativa que te queda, si no opinas como ellos creen que tienes que opinar, es callarte. De lo contrario, te has convertido en su enemigo por los siglos de los siglos.
En honor a la verdad he de decir que esa actitud absolutista la manejan los grupos y asociaciones y algún militante un poco desquiciado o con afán de protagonismo. Me precio de tener amigos homosexuales que se comportan con total normalidad. Con los que se puede hablar y discrepar, incluso discutir, sobre cualquier aspecto de la vida. También sobre aquellos que se refieren a su condición sexual y que, esas asociaciones consideran privativos de ellos y sólo de ellos.
Ahora, sus iras se han disparado a cuenta de unas declaraciones de Sofía de Grecia. No acabo de tener muy claro si lo que les molesta es lo que ha dicho, que sea ella quien lo haya dicho, el momento en el que lo ha dicho o, simplemente, que llevaban mucho tiempo sin salir en los medios y han entendido que esta es una excusa tan buena como cualquier otra. Pero han saltado como fieras.
Ni estoy ni dejo de estar de acuerdo con lo que ha dicho Sofía de Grecia, a la sazón, reina de España, pero sí afirmo que está en su derecho de opinar sobre lo que quiera y en el sentido que quiera sin que por ello tengan que estigmatizarla. Obviamente, su opinión está sujeta al comentario y a la crítica pero de ahí a que se le pida una rectificación o que se asegure que se ha roto la neutralidad de la monarquía es mear fuera del tiesto. Algo que, por cierto, hacen estas asociaciones y grupos de gais, lesbianas, transexuales y bisexuales con mucha frecuencia. Dicho sea desde el máximo de los respetos. Por si acaso.
jueves, 30 de octubre de 2008
lunes, 27 de octubre de 2008
ALGO NO ENCAJA
Veo la imagen de Óscar Tulio Lizcano y no puedo evitar acordarme de Ingrid Betancourt. Este Lizcano, también político (sic), ha estado secuestrado un año más que nuestra secuestrada de cabecera. Sin embargo, su aspecto es absolutamente lamentable, frente al lozano retorno de la recientemente galardonada con el Premio Príncipe de Asturias.
Se pueden aducir miles de razones. Desde que el es hombre y ella mujer, hasta las diferentes condiciones a las que ambos fueron sometidos durante estos años de cruel cautiverio. Pero yo no puedo dejar de pensar que hemos tenido que leer y escuchar tantísimas cosas sobre las pésimas condiciones y sobre el calvario que Ingrid ha sufrido que, viendo al pobre Tulio (y comparando su imagen con las fotos que han salido a la luz de cual era su aspecto antes de ser secuestrado) tengo que pensar que ella estuvo en un salón de té, comparado con él.
Es más, no puedo dejar de pensar en la desconfianza que he vivido todos estos años ante un secuestro inhumano, cruel, lamentable sin duda, pero que ha eclipsado la situación de miles y miles como si Ingrid Betancourt fuese el único caso en un país, Colombia, desangrado por sus cuatro costados. Una sensación que sólo ha ido a más desde que ha recuperado la libertad. No puedo dejar de pensar que Betancourt no es, ni con mucho, el paradigma de los secuestrados en Colombia.
Y, sin embargo, todos políticos, periodistas, ciudadanos en general, hacen lo que sea por una foto a su lado, por unas palabras suyas. Algo nos estamos perdiendo y no termino de saber que es. Pero me escama.
Se pueden aducir miles de razones. Desde que el es hombre y ella mujer, hasta las diferentes condiciones a las que ambos fueron sometidos durante estos años de cruel cautiverio. Pero yo no puedo dejar de pensar que hemos tenido que leer y escuchar tantísimas cosas sobre las pésimas condiciones y sobre el calvario que Ingrid ha sufrido que, viendo al pobre Tulio (y comparando su imagen con las fotos que han salido a la luz de cual era su aspecto antes de ser secuestrado) tengo que pensar que ella estuvo en un salón de té, comparado con él.
Es más, no puedo dejar de pensar en la desconfianza que he vivido todos estos años ante un secuestro inhumano, cruel, lamentable sin duda, pero que ha eclipsado la situación de miles y miles como si Ingrid Betancourt fuese el único caso en un país, Colombia, desangrado por sus cuatro costados. Una sensación que sólo ha ido a más desde que ha recuperado la libertad. No puedo dejar de pensar que Betancourt no es, ni con mucho, el paradigma de los secuestrados en Colombia.
Y, sin embargo, todos políticos, periodistas, ciudadanos en general, hacen lo que sea por una foto a su lado, por unas palabras suyas. Algo nos estamos perdiendo y no termino de saber que es. Pero me escama.
RIDÍCULO SIN PARAGUAS
Ha sido uno de los ridículos más espantosos del nacionalismo independentista vasco. Tenían el objetivo de juntar a uno 45.000 ciudadanos para unir Vitoria y Guernica con una cadena humana. Sus votos vienen superando, holgadamente, los 400.000 en las últimas convocatorias. Es decir, que si hubiesen “engañado” sólo a uno de cada 10 votantes se habrían salido con la suya. Sin embargo, sus propios datos hablan de poco más de 20.000 asistentes al acto.
Quizás por eso, el tal Ibarretxe y el resto de los miembros de la dirección del PNV se emboscaron entre la gente que componía uno de los mensajes paragüeros. Que metáfora. En una de las regiones más húmedas de España, donde los paraguas son más necesarios, este sábado el sol era el principal protagonista, iluminando el fracaso, uno más, de las iniciativas desquiciadas de estos seres.
Siguiendo una de las técnicas más viejas de la manipulación informativa. Los juntaron mucho a todos para que parecieran más y con la ayuda de los paraguas dieron la impresión de que era muchos más de los que en realidad respaldaron la convocatoria.
Más allá de mi regocijo personal, me cabe una duda. ¿Serán los vascos, por una vez, tan tozudos como ellos mismos se reclaman y serán capaces de dejar en evidencia a esa panda de descerebrados que se autoproclaman líderes de Euskadi?. ¿Cabe una posibilidad real de que los miles de vascos que han dado la espalda a esa propuesta tan absurda como desquiciada, de volver a dar la espalda a esos iluminados de Sabin Etxea en las próximas elecciones de una forma incontestable?. Veremos. No lo creo, pero veremos.
Quizás por eso, el tal Ibarretxe y el resto de los miembros de la dirección del PNV se emboscaron entre la gente que componía uno de los mensajes paragüeros. Que metáfora. En una de las regiones más húmedas de España, donde los paraguas son más necesarios, este sábado el sol era el principal protagonista, iluminando el fracaso, uno más, de las iniciativas desquiciadas de estos seres.
Siguiendo una de las técnicas más viejas de la manipulación informativa. Los juntaron mucho a todos para que parecieran más y con la ayuda de los paraguas dieron la impresión de que era muchos más de los que en realidad respaldaron la convocatoria.
Más allá de mi regocijo personal, me cabe una duda. ¿Serán los vascos, por una vez, tan tozudos como ellos mismos se reclaman y serán capaces de dejar en evidencia a esa panda de descerebrados que se autoproclaman líderes de Euskadi?. ¿Cabe una posibilidad real de que los miles de vascos que han dado la espalda a esa propuesta tan absurda como desquiciada, de volver a dar la espalda a esos iluminados de Sabin Etxea en las próximas elecciones de una forma incontestable?. Veremos. No lo creo, pero veremos.
viernes, 24 de octubre de 2008
LOS SÍ ALIADOS O SÍ CIVILIZADOS (Y 2)
Me veo en la obligación, necesidad de hacer una segunda aproximación al post de ayer. En parte para completarlo y en parte para responder a "El Diablo Cojuelo" que, con una fidelidad a prueba de bomba, no ha tardado ni un minuto en hacer una acotación a mi escrito. Gracias por delante sean dadas a tan fiel seguidor. Y vamos a lo que vamos.
Sin rectificar una coma de lo dicho ayer, el problema no es que nos inviten o nos veten. No. El problema, la verguenza, diría yo, es el lamentable espectaculo de arrastramiento que hemos vivido. Las súplicas del presidente de nuestro Gobierno suplicando, rogando, implorando su presencia en la pomposa cumbre para refundar el campitalismo. Como dejé escrito ayer, esas cosas no se hacen en pública subasta, diciendo que se va a estar, que se tiene que estar, cuando se sabe que no se va a estar porque no se puede estar, no se tiene que estar. Si de verdad quieres lograr el éxito, te lo vas trabajando con discrección, con habilidad y, cuando ya está confirmado el éxito, sales a agradecer el comportamiento de quien te ha invitado. No todo es cuestión de ponerse medallas. Te puedes encontrar en la cómica situación de aquel Magic Andreu que triunfó en los 90 en España a base de ponerse medallas enormes en su solapa asegurando que era el mejor mago del mundo. Andreu, además de mago era un buen humorista y en su espectáculo encajaba ese comportamiento. Zapatero no tiene ninguna gracia y su espectaculo es, con demasiada frecuencia, simplemente lamentable.
Suena un poco a esos patios de vecindad donde los crios nos juntábamos a jugar en la época pre-play station. Eramos muchos, pero, normalmente, sólo uno tenía pelota. Evidentemente, era él quien marcaba las normas, empezando por delimitar quién jugaba y quién no. Claro que era una situación despótica y egoista. Pero era cuestión de pelota. También había siempre alguno que no se cansaba de decir que la pelota era una mierda, que estaba rota, que era vieja y que no era el último modelo. Pero, cuando llegaba el momento del partidillo era el primero que quería jugar. Y, claro, el dueño lo mandaba a hacer puñetas. Era de esperar. El dueño de la pelota era un déspota. El insultador, simplemente un majadero.
Insisto, claro que no tenemos que estar. No hay ningún criterio que nos lleve a estar. No estamos, pues muy bien. Pero no tenemos que estar. Lo que no podemos asumir ni consentir es tener un presidente que, desde una supuesta dignidad, se arrastra sabiendo que no va a obtener ningún resultado salvo convertirse en el punchimbol y hazmerreir de todo el mundo. Eso sí que no, por favor.
Sin rectificar una coma de lo dicho ayer, el problema no es que nos inviten o nos veten. No. El problema, la verguenza, diría yo, es el lamentable espectaculo de arrastramiento que hemos vivido. Las súplicas del presidente de nuestro Gobierno suplicando, rogando, implorando su presencia en la pomposa cumbre para refundar el campitalismo. Como dejé escrito ayer, esas cosas no se hacen en pública subasta, diciendo que se va a estar, que se tiene que estar, cuando se sabe que no se va a estar porque no se puede estar, no se tiene que estar. Si de verdad quieres lograr el éxito, te lo vas trabajando con discrección, con habilidad y, cuando ya está confirmado el éxito, sales a agradecer el comportamiento de quien te ha invitado. No todo es cuestión de ponerse medallas. Te puedes encontrar en la cómica situación de aquel Magic Andreu que triunfó en los 90 en España a base de ponerse medallas enormes en su solapa asegurando que era el mejor mago del mundo. Andreu, además de mago era un buen humorista y en su espectáculo encajaba ese comportamiento. Zapatero no tiene ninguna gracia y su espectaculo es, con demasiada frecuencia, simplemente lamentable.
Suena un poco a esos patios de vecindad donde los crios nos juntábamos a jugar en la época pre-play station. Eramos muchos, pero, normalmente, sólo uno tenía pelota. Evidentemente, era él quien marcaba las normas, empezando por delimitar quién jugaba y quién no. Claro que era una situación despótica y egoista. Pero era cuestión de pelota. También había siempre alguno que no se cansaba de decir que la pelota era una mierda, que estaba rota, que era vieja y que no era el último modelo. Pero, cuando llegaba el momento del partidillo era el primero que quería jugar. Y, claro, el dueño lo mandaba a hacer puñetas. Era de esperar. El dueño de la pelota era un déspota. El insultador, simplemente un majadero.
Insisto, claro que no tenemos que estar. No hay ningún criterio que nos lleve a estar. No estamos, pues muy bien. Pero no tenemos que estar. Lo que no podemos asumir ni consentir es tener un presidente que, desde una supuesta dignidad, se arrastra sabiendo que no va a obtener ningún resultado salvo convertirse en el punchimbol y hazmerreir de todo el mundo. Eso sí que no, por favor.
jueves, 23 de octubre de 2008
LOS SÍ ALIADOS O SÍ CIVILIZADOS
Esta vez tampoco va a ser. Lo ha intentado casi todo. A buen seguro, lo seguirá intentando. Pero esta vez, tampoco va a poder poner los pies sobre la mesa de los grandes del mundo. Él, que ha hecho de su vocación de cabeza de ratón toda una bandera, él se va a quedar en la digna soledad internacional que le ha llevado a ser tan irrelevante como este blog.
Uno de los vendedores de humo más hábiles de los últimos años sigue sin auditorio, como el mimo que practica en la soledad de su cuarto. Como el boxeador ante el espejo, encantado de que el contrario nunca le alcanza la jeta con sus directos. Como el torero de salón que ciñe los pases de locura sin nadie que embista la muleta o el capote.
Hace 72 horas que negó sentir el síndrome de La Moncloa asegurando que su cercanía con la calle sigue siendo total. Dando por supuesto que alguna vez estuvo en la calle. Pero recién iniciada la segunda legislatura empieza a dar los síntomas típicos de hiperactividad y de obsesión internacional que brillaron ausentes durante cuatro largos años.
El político de las grandes frases tan vacías como las escayolas de las escuelas de primaria, de los mensajes comerciales tan bien construidos como alejados de la realidad a la que se quieren anclar, ese político pretende que sus actos se juzguen siempre por separado y se olviden o recuerden en función de su conveniencia. Negándose a comprender que todavía hay quienes tienen memoria propia. Que todavía hay quienes evalúan los actos como si fuesen piezas de un gran puzzle que vamos componiendo paso a paso, día a día.
Zapatero ha ido dando forma a un Tente durante sus años al frente del ejecutivo y cuando ahora ha encontrado un saquito de piezas de un puzzle educa, pretende encajarlas en su Tente. Y, claro, no hay huevos.
Se fió de que Gordon Brown le reclamaba con la boca pequeña, sin darse cuenta de que sólo era un pequeño peón de otra partida que era puesto en juego para ser sacrificado. Algo parecido ha hecho Nicolas Sarkozy y el presidente volvió a sacar pecho y lengua al pasto sin acordarse, laico él, de esa prudencia que recomendaban los padres de la iglesia católica. Y cuando el cuadro ha quedado formado, se ha encontrado que España no es que esté desenfocada. Es que no está. Vaya por dios.
Y se va a oriente a buscar apoyos. A oriente, donde un puñado de países más curtidos, más sibilinos en sus gestiones, más discretos, han hecho el trabajo previo en la fontanería y se han llevado el gato al agua tras años de lenta tarea de engranaje. Pues que se vaya a oriente a ver si aprende algo.
De todas formas, y visto que se está convirtiendo en un especialista en no rematar casi nada de lo que inicia, me voy a permitir hacerle una recomendación. Vístase de coraje, póngase el mundo por montera y haga renacer usted el movimiento “exitoso” de los no alineados (o alienados, nunca lo he tenido muy claro y ahora que lo cito me confunde) y conviértase en la tercera vía para el mundo. Ni Estados Unidos, ni Chavez. Ni el capitalismo, ni el socialismo. Ni lo que es, ni lo que vaya a venir.
Y ya que puso en marcha la cosa esa de la Alianza de las Civilizaciones le sugiero que llame a su nuevo proyecto el Movimiento de los Si Aliados, o Movimiento de los Sí Civilizados. Lástima que su co-mentor, Razip Erdogam le ha dado calabazas con los No Aliados o los No Civilizados. ¿Qué le vamos a hacer?.
Uno de los vendedores de humo más hábiles de los últimos años sigue sin auditorio, como el mimo que practica en la soledad de su cuarto. Como el boxeador ante el espejo, encantado de que el contrario nunca le alcanza la jeta con sus directos. Como el torero de salón que ciñe los pases de locura sin nadie que embista la muleta o el capote.
Hace 72 horas que negó sentir el síndrome de La Moncloa asegurando que su cercanía con la calle sigue siendo total. Dando por supuesto que alguna vez estuvo en la calle. Pero recién iniciada la segunda legislatura empieza a dar los síntomas típicos de hiperactividad y de obsesión internacional que brillaron ausentes durante cuatro largos años.
El político de las grandes frases tan vacías como las escayolas de las escuelas de primaria, de los mensajes comerciales tan bien construidos como alejados de la realidad a la que se quieren anclar, ese político pretende que sus actos se juzguen siempre por separado y se olviden o recuerden en función de su conveniencia. Negándose a comprender que todavía hay quienes tienen memoria propia. Que todavía hay quienes evalúan los actos como si fuesen piezas de un gran puzzle que vamos componiendo paso a paso, día a día.
Zapatero ha ido dando forma a un Tente durante sus años al frente del ejecutivo y cuando ahora ha encontrado un saquito de piezas de un puzzle educa, pretende encajarlas en su Tente. Y, claro, no hay huevos.
Se fió de que Gordon Brown le reclamaba con la boca pequeña, sin darse cuenta de que sólo era un pequeño peón de otra partida que era puesto en juego para ser sacrificado. Algo parecido ha hecho Nicolas Sarkozy y el presidente volvió a sacar pecho y lengua al pasto sin acordarse, laico él, de esa prudencia que recomendaban los padres de la iglesia católica. Y cuando el cuadro ha quedado formado, se ha encontrado que España no es que esté desenfocada. Es que no está. Vaya por dios.
Y se va a oriente a buscar apoyos. A oriente, donde un puñado de países más curtidos, más sibilinos en sus gestiones, más discretos, han hecho el trabajo previo en la fontanería y se han llevado el gato al agua tras años de lenta tarea de engranaje. Pues que se vaya a oriente a ver si aprende algo.
De todas formas, y visto que se está convirtiendo en un especialista en no rematar casi nada de lo que inicia, me voy a permitir hacerle una recomendación. Vístase de coraje, póngase el mundo por montera y haga renacer usted el movimiento “exitoso” de los no alineados (o alienados, nunca lo he tenido muy claro y ahora que lo cito me confunde) y conviértase en la tercera vía para el mundo. Ni Estados Unidos, ni Chavez. Ni el capitalismo, ni el socialismo. Ni lo que es, ni lo que vaya a venir.
Y ya que puso en marcha la cosa esa de la Alianza de las Civilizaciones le sugiero que llame a su nuevo proyecto el Movimiento de los Si Aliados, o Movimiento de los Sí Civilizados. Lástima que su co-mentor, Razip Erdogam le ha dado calabazas con los No Aliados o los No Civilizados. ¿Qué le vamos a hacer?.
lunes, 20 de octubre de 2008
LAS MEDIAS VERDADES
[Colin Powell, el general que dirigió con gloria la primera guerra del Golfo, el primer secretario de Estado de George Bush, el primer negro aceptado en la élite del establishment político, un republicano respetado por todo el país, declaró ayer que Barack Obama será “un presidente excepcional” y anunció que tendrá su voto. Se trata del más sorprendete y decisivo respaldo obtenido hasta la fecha por el candidato demócrata, y del más amargo y contundente golpe recibido en esta campaña por el candidato republicano John McCain.]
Casi tan sorprendente, amargo y contundente, a la par que decisivo es comprobar como los amigos de El País, el antiguo diario independiente de la mañana y ahora periódico global en español, se han olvidado de la más decisiva y clara aportación de Colin Powell a la vida política estadounidense y mundial: su mentirosa y torticera intervención en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas para justificar la intervención militar en Iraq.
Anda que no le repartieron al simpático Powell por aquella intervención de la que nunca se arrepentirá bastante y que ha marcado para siempre su vida política.
Para mí, Colin Powell siempre tuvo un cierto atractivo. Quizás mi ingenuidad, mayor si cabe en aquellos años, jugaba a su favor. Cuando fue a dar el salto a la política estuvo dudando entre ambos partidos. Y, cuando fue nombrado secretario de estado por George W. Bush, yo fui de los que pensó que Powell había iniciado su acceso a la Casa Blanca. No fueron pocos los que pronosticaron que sería el primer negro en el despacho oval.
Desgraciadamente, Colin Powell se implicó tan a fondo en la estrategia Bush contra el eje del mal que su carrera quedó marcada pasa siempre. Él mismo lo reconoció meses después de dejar el cargo. Contó sus dudas respecto de los papeles que le prepararon para aquella comparecencia en la ONU. Contó como pidió una y mil confirmaciones y ninguna le sirvió para transmitir suficiente convicción en sus palabras. Contó como entró en la sala del Consejo de Seguridad seguro de que no iba a decir, en el mejor de los casos, toda la verdad. Pero entró. Y habló. Y el ejemplar general Powell escribió su última página.
El País contribuyó a echar todas las paladas de tierra que pudo a su tumba. Pero ahora… ay amigo… ahora apoya al mesías del siglo XXI y El País saca sus mejores armas para recordar lo que le interesa e ignorar lo que le interesa.
Dicen mis padres que no hay peor mentira que una media verdad. Y, ¿quién soy yo para llevarles la contraria?.
Casi tan sorprendente, amargo y contundente, a la par que decisivo es comprobar como los amigos de El País, el antiguo diario independiente de la mañana y ahora periódico global en español, se han olvidado de la más decisiva y clara aportación de Colin Powell a la vida política estadounidense y mundial: su mentirosa y torticera intervención en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas para justificar la intervención militar en Iraq.
Anda que no le repartieron al simpático Powell por aquella intervención de la que nunca se arrepentirá bastante y que ha marcado para siempre su vida política.
Para mí, Colin Powell siempre tuvo un cierto atractivo. Quizás mi ingenuidad, mayor si cabe en aquellos años, jugaba a su favor. Cuando fue a dar el salto a la política estuvo dudando entre ambos partidos. Y, cuando fue nombrado secretario de estado por George W. Bush, yo fui de los que pensó que Powell había iniciado su acceso a la Casa Blanca. No fueron pocos los que pronosticaron que sería el primer negro en el despacho oval.
Desgraciadamente, Colin Powell se implicó tan a fondo en la estrategia Bush contra el eje del mal que su carrera quedó marcada pasa siempre. Él mismo lo reconoció meses después de dejar el cargo. Contó sus dudas respecto de los papeles que le prepararon para aquella comparecencia en la ONU. Contó como pidió una y mil confirmaciones y ninguna le sirvió para transmitir suficiente convicción en sus palabras. Contó como entró en la sala del Consejo de Seguridad seguro de que no iba a decir, en el mejor de los casos, toda la verdad. Pero entró. Y habló. Y el ejemplar general Powell escribió su última página.
El País contribuyó a echar todas las paladas de tierra que pudo a su tumba. Pero ahora… ay amigo… ahora apoya al mesías del siglo XXI y El País saca sus mejores armas para recordar lo que le interesa e ignorar lo que le interesa.
Dicen mis padres que no hay peor mentira que una media verdad. Y, ¿quién soy yo para llevarles la contraria?.
QUE SE CAIGAN DEL CABALLO
Tal vez nos hemos confundido al no inculcar en nuestros jóvenes el valor del esfuerzo y el del trabajo. Se lo hemos puesto tan fácil que hemos despreciado estos valores y ahora lo estamos notando. Algo parecido a esto es lo que dijo el honorable José Montilla la pasada semana. Pocas veces he estado tan de acuerdo con una declaración de un político en los últimos tiempos. Lástima que hayan tenido que pasar décadas para escuchar algo como esto a un político español, de la izquierda española para ser más exactos. Pero, ya se sabe. Más vale tarde que preñada.
Hace años que estoy diciendo eso mismo. Y no lo decía por decir. Lo más chocante, para muchos de los que me escuchaban por entonces, es que yo podría encuadrarme entre ese colectivo de jóvenes que estábamos siendo pervertidos por la “vida fácil” que nos querían dibujar. No pocas discusiones me vi obligado a mantener por esa cuestión.
Efectivamente, se nos ha estado dibujando un panorama de color de rosa. Donde todo se podía conseguir porque sí. Porque nos lo merecíamos por el mero hecho de ser jóvenes. Han estado inculcándonos ese principio según el cual, sólo teníamos derechos, no obligaciones. Las obligaciones eran de otros, en particular de nuestros mayores. Nosotros éramos tan jóvenes, estábamos tan preparados, teníamos tanta suerte y éramos tan guapos que, como si estuviésemos tocados por los dioses teníamos derecho a todo, y punto.
La izquierda era la principal impulsora de ese axioma. Si no aprendíamos unos mínimos, la culpa era del sistema y de los maestros que nos lo ponían muy difícil. Si no éramos felices era porque no teníamos suficientes cosas. Si no encontrábamos trabajo era porque los mayores nos estaban cortando el paso e impidiendo nuestro desarrollo. Si no fuese tan dramático, podría resultar chusco. Nuestra única obligación parecía ser disfrutar de todo y quejarnos de que no teníamos suficientes facilidades.
Pero, ahora, empezamos a recoger los frutos de esa prolongada situación. Y hasta el muy honorable Montilla se ha dado cuenta. Ojo, cuando Pablo de Tarso se cayó del caballo él fue su única víctima pero, también, su principal beneficiado. De esta caída del caballo de Montilla (y, ojalá que del resto de la izquierda chupiguay) todos los jóvenes de los últimos 30 años vamos a ser las víctimas y, ya veremos si él va a ser el principal beneficiado.
Estos días se está hablando también mucho de la importancia de los valores para superar la crisis económica. De recuperar esos valores (esfuerzo, pero también honradez, decencia, generosidad,…) que llevan años minusvalorando y que han sacado de los programas de estudio y de los principios educativos de las propias familias. Hoy mismo, sin ir más lejos se lo he escuchado decir a Manuel Pizarro en una radio y se lo he leído a Juan Costa en un periódico. Y me he preguntado, ¿qué hemos hecho para ponerle remedio en estos últimos 25 años?.
Estoy de acuerdo en que son cuestiones capitales, importantísimas, decisivas, pero nadie pasa de las palabras a los hechos ni “en horas 24”, “ni en años 25”. Y no vale escudarse en que fueron reformas de la izquierda las que socavaron esos valores y pervirtieron la educación. Ustedes, que en su momento pudieron, tampoco hicieron nada. Por inacción son igual de responsables.
Esta es la primera crisis en la que evaluamos a la primera generación que no tiene el sentimiento de culpa, el dolor de darse cuenta que han hecho las cosas mal, que no se han esforzado lo suficiente. Y lo peor, es que somos la primera generación que no sabemos asumir las responsabilidades de nuestros actos. Llevamos meses mirando a ver a quién le echamos la culpa. Pero eso no es una solución. Eso es una vergüenza. Pero no sentimos vergüenza porque no nos han educado para sentirla. Triste, muy triste.
Hace años que estoy diciendo eso mismo. Y no lo decía por decir. Lo más chocante, para muchos de los que me escuchaban por entonces, es que yo podría encuadrarme entre ese colectivo de jóvenes que estábamos siendo pervertidos por la “vida fácil” que nos querían dibujar. No pocas discusiones me vi obligado a mantener por esa cuestión.
Efectivamente, se nos ha estado dibujando un panorama de color de rosa. Donde todo se podía conseguir porque sí. Porque nos lo merecíamos por el mero hecho de ser jóvenes. Han estado inculcándonos ese principio según el cual, sólo teníamos derechos, no obligaciones. Las obligaciones eran de otros, en particular de nuestros mayores. Nosotros éramos tan jóvenes, estábamos tan preparados, teníamos tanta suerte y éramos tan guapos que, como si estuviésemos tocados por los dioses teníamos derecho a todo, y punto.
La izquierda era la principal impulsora de ese axioma. Si no aprendíamos unos mínimos, la culpa era del sistema y de los maestros que nos lo ponían muy difícil. Si no éramos felices era porque no teníamos suficientes cosas. Si no encontrábamos trabajo era porque los mayores nos estaban cortando el paso e impidiendo nuestro desarrollo. Si no fuese tan dramático, podría resultar chusco. Nuestra única obligación parecía ser disfrutar de todo y quejarnos de que no teníamos suficientes facilidades.
Pero, ahora, empezamos a recoger los frutos de esa prolongada situación. Y hasta el muy honorable Montilla se ha dado cuenta. Ojo, cuando Pablo de Tarso se cayó del caballo él fue su única víctima pero, también, su principal beneficiado. De esta caída del caballo de Montilla (y, ojalá que del resto de la izquierda chupiguay) todos los jóvenes de los últimos 30 años vamos a ser las víctimas y, ya veremos si él va a ser el principal beneficiado.
Estos días se está hablando también mucho de la importancia de los valores para superar la crisis económica. De recuperar esos valores (esfuerzo, pero también honradez, decencia, generosidad,…) que llevan años minusvalorando y que han sacado de los programas de estudio y de los principios educativos de las propias familias. Hoy mismo, sin ir más lejos se lo he escuchado decir a Manuel Pizarro en una radio y se lo he leído a Juan Costa en un periódico. Y me he preguntado, ¿qué hemos hecho para ponerle remedio en estos últimos 25 años?.
Estoy de acuerdo en que son cuestiones capitales, importantísimas, decisivas, pero nadie pasa de las palabras a los hechos ni “en horas 24”, “ni en años 25”. Y no vale escudarse en que fueron reformas de la izquierda las que socavaron esos valores y pervirtieron la educación. Ustedes, que en su momento pudieron, tampoco hicieron nada. Por inacción son igual de responsables.
Esta es la primera crisis en la que evaluamos a la primera generación que no tiene el sentimiento de culpa, el dolor de darse cuenta que han hecho las cosas mal, que no se han esforzado lo suficiente. Y lo peor, es que somos la primera generación que no sabemos asumir las responsabilidades de nuestros actos. Llevamos meses mirando a ver a quién le echamos la culpa. Pero eso no es una solución. Eso es una vergüenza. Pero no sentimos vergüenza porque no nos han educado para sentirla. Triste, muy triste.
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