Se deshojó la primera margarita. Ningún barón ha salido ganando de este primer envite. Mariano Rajoy empieza a colocar sus peones. Una fiel marianista al Congreso y un fiel al partido y sin aristas al Senado. Soraya y Pío. El mañana y el siempre para ser la voz parlamentaria del PP. Rajoy quiere un nuevo estilo, el suyo, el de su equipo, y empiza a tomar decisiones.
En este mismo sentido hay que entender los nombramientos para las mesas. Especialmente llamativos me parecen los de Ana Pastor y Jorge Fernández Diaz. Ambos dos son estrechos colaboradores del presidente del partido desde hace años. Ambos dos le han seguido por los distintos ministerios y le han acompañado en los 4 pasados años. Ambos dos son aparcados ahora en la mesa del Congreso. Lugar impecable para pagar los servicios prestados. Casi tanto como para decirles que su momento ha pasado. Que disfruten de las prebendas que les son dadas por esos nombramientos y que esperen tiempos mejores, o no.
Rajoy busca su equipo y empiza a definir las líneas. Los agradecimientos a Ángel Acebes han sonado claramente a cierre de ciclo. Muy bien majo, le ha venido a decir, pero ahora ya no me sirves. Habrá que ver donde lo coloca ahora, casi tanto como a quien escoge. Ni Soraya Sáenz de Santamaría ni Pío García Escudero parecen tener opciones de ser secretario general del PP. El catálogo se recorta, pero entrarán otros nombres para multiplicar las opciones.
Rajoy empieza a recordarme al Manuel Fraga que volvió de Europa para refundar el partido y dejar paso a la primera ocasión. Jubiló nombres, dio entrada a jóvenes y se tomó tiempo para elegir a su delfín. Veo a Rajoy en la misma línea. ¿Irá el nombramiento del nuevo/a secretario/a general/a en la misma línea?. Veremos.
lunes, 31 de marzo de 2008
viernes, 28 de marzo de 2008
ES LA MEMORIA
Levantarse por la mañana. Hacer un pis. Tomarse un cafetito. Ojear el periódico. Y detenerse en aquellas firmas que sabes que no te van a defraudar. ¿Qué mejor manera de empezar un día que ya vendrá alguien a jodertelo?.
Raúl del Pozo, Lucía Méndez, Manuel Martín-Ferrán, Javier Pradera, Soledad Gallego-Díaz, Gonzalo López-Alba, Salomé García,... La lista es enorme, claro. En ella, también David Gistau. Siempre fino, siempre literario, siempre moderno. A veces, incluso, coincido con sus opiniones. Hoy es uno de esos días. Pero mi querido David ha patinado en un par de apreciaciones.
El famoso reportaje de Telemadrid al que hace referencia, "Los caminos de Euskadi" no fue censurado por Gallardón. Ni mucho menos. Se emitió. Y por haberse emitido se generó la polémica y dimitieron el Director General de Telemadrid y la Directora de Informativos. No así otros implicados y responsables en la elaboración y la forma final de ese reportaje. No hubo censura, pues.
Luego se refiere al cartel de una película en el que, supuestamente, se ve a un guardia civil comiéndosela a un etarra. Y hace referencia a cuestiones homófobas y a chascarrillos fáciles. Poco se acuerda Gistau (y otros muchos) de que hubo, al menos, una terrorista conocida por ligar con guardias civiles. Idoia López Riaño "La Tigresa" fue muy conocida, durante su actividad en distintos comandos, por intimar con agentes del orden. No menos conocidos fueron los casos de guardias civiles homosexuales, que participaron intensamente en la lucha antiterrorista. Por todo ello, no entiendo el chascarrillo ni los comentarios y quejas.
A veces, es bueno recordar ciertas cosas y volver la vista atrás. Es la memoria, que remedio.
Raúl del Pozo, Lucía Méndez, Manuel Martín-Ferrán, Javier Pradera, Soledad Gallego-Díaz, Gonzalo López-Alba, Salomé García,... La lista es enorme, claro. En ella, también David Gistau. Siempre fino, siempre literario, siempre moderno. A veces, incluso, coincido con sus opiniones. Hoy es uno de esos días. Pero mi querido David ha patinado en un par de apreciaciones.
El famoso reportaje de Telemadrid al que hace referencia, "Los caminos de Euskadi" no fue censurado por Gallardón. Ni mucho menos. Se emitió. Y por haberse emitido se generó la polémica y dimitieron el Director General de Telemadrid y la Directora de Informativos. No así otros implicados y responsables en la elaboración y la forma final de ese reportaje. No hubo censura, pues.
Luego se refiere al cartel de una película en el que, supuestamente, se ve a un guardia civil comiéndosela a un etarra. Y hace referencia a cuestiones homófobas y a chascarrillos fáciles. Poco se acuerda Gistau (y otros muchos) de que hubo, al menos, una terrorista conocida por ligar con guardias civiles. Idoia López Riaño "La Tigresa" fue muy conocida, durante su actividad en distintos comandos, por intimar con agentes del orden. No menos conocidos fueron los casos de guardias civiles homosexuales, que participaron intensamente en la lucha antiterrorista. Por todo ello, no entiendo el chascarrillo ni los comentarios y quejas.
A veces, es bueno recordar ciertas cosas y volver la vista atrás. Es la memoria, que remedio.
martes, 25 de marzo de 2008
NOS QUEDAMOS SIN GUIONISTA
Dibujó, con la mayor ternura, toda la sordidez de la España de los 50, que no era muy diferente a la de otros países de Europa. Dibujo personajes que eran todo un prototipo. Creó situaciones verosímiles para narrar historias totalmente reales. Para hablar de relaciones humanas en momentos difíciles. Creó diálogos brillantes con el más sencillo y pulido de los castellanos. Era, absolutamente real.
Lo suyo no eran guiones de cine, ni artículos de revista, ni relatos cortos. Eran pedazos de realidad puestos sobre el papel. Igual que Velázquez llevo la realidad al lienzo, Rafael Azcona fue capaz de recortar trozos de lo que le rodeaba y ponerlos sobre unas cuartillas con la brillantez que da la sencillez del que no es pretencioso.
Con ese quehacer sencillo, discreto, se hizo imprescindible. Si hay alguien grande en el cine español ese es Azcona. Hizo grandes a muchos directores mediocres. Ofreció momentos sublimes a muchos actores que nunca deberían haberlo sido. Dignifico más de una cinta nacida para no ser estrenada. Y, cuando en algún caso excepcional, se juntó un gran director, unos buenos actores y un equipo competente, Azcona se hizo imprescindible y surgió el milagro.
Si hubiese trabajado con Billy Wilder, con Mankiewicz, con Ford, todo el mundo del cine estaría hoy llorando. Y eso que se fue tan discreto como pasó por la vida. Sin una voz más alta que otra, riéndose de casi todo y quitándose méritos. Para la inmensa mayoría era un nombre sin rostro, un rostro anónimo, una voz sin timbre. Y así debemos recordarlo, como guionista nuestro que fue.
Lo suyo no eran guiones de cine, ni artículos de revista, ni relatos cortos. Eran pedazos de realidad puestos sobre el papel. Igual que Velázquez llevo la realidad al lienzo, Rafael Azcona fue capaz de recortar trozos de lo que le rodeaba y ponerlos sobre unas cuartillas con la brillantez que da la sencillez del que no es pretencioso.
Con ese quehacer sencillo, discreto, se hizo imprescindible. Si hay alguien grande en el cine español ese es Azcona. Hizo grandes a muchos directores mediocres. Ofreció momentos sublimes a muchos actores que nunca deberían haberlo sido. Dignifico más de una cinta nacida para no ser estrenada. Y, cuando en algún caso excepcional, se juntó un gran director, unos buenos actores y un equipo competente, Azcona se hizo imprescindible y surgió el milagro.
Si hubiese trabajado con Billy Wilder, con Mankiewicz, con Ford, todo el mundo del cine estaría hoy llorando. Y eso que se fue tan discreto como pasó por la vida. Sin una voz más alta que otra, riéndose de casi todo y quitándose méritos. Para la inmensa mayoría era un nombre sin rostro, un rostro anónimo, una voz sin timbre. Y así debemos recordarlo, como guionista nuestro que fue.
AMISTAD CON MINÚSCULAS MAYÚSCULAS
Tengo un amigo al que le debo buena parte de mi carrera profesional. Creyó en mi, me dio oportunidades y me abrió puertas profesionales que para sí quisieran muchos.
Unas veces me ha ofrecido cosas que nunca pensé. Otras veces, me ha pedido que haga cosas que no se correspondían con mi situación. En otras, ha defraudado a quienes creían que me iba a premiar con no se que destino. No era mi caso. Por convicción y por agradecimiento, siempre he estado dispuesto a asumir los retos que me ha planteado. Nunca le he pedido nada y siempre he tratado de cumplir sus encargos de la mejor manera que sabía.
Hemos discutido mucho. En lo personal y en lo profesional. Hemos tenido etapas de mucha cercanía y sintonía y otras etapas en las que hemos estado claramente distanciados. Pero seguimos siendo amigos. Tengo para mi que el sabe de mi fidelidad y sabe que siempre podrá contar conmigo. Sabe que, por nuestra amistad y por mi forma de ser, nunca le voy a decir lo que quiere oír, sino lo que creo que le tengo que decir en cada momento. Aunque me equivoque.
También tengo amigos, que además son compañeros de trabajo, en los que he depositado la confianza que merecen. No creo haberme equivocado con ellos. Tampoco les he pedido más que lo razonable. Me han discutido y criticado cuando lo han entendido oportuno. Han dejado el equipo cuando creían que no podían o no querían seguir. Y lo entiendo. Salvo contadas excepciones me han dicho a la cara y en privado lo que querían decirme y, de puertas para fuera, han sido fieles. Siempre hay alguna oveja negra, pero no me puedo quejar. Soy un tío con suerte.
Trabajar con amigos es lo que tiene. Los conoces, te conocen. Crees saber lo que les puedes pedir. Creen saber lo que te pueden pedir. La confianza es fundamental y productiva. Si la amistad es sólida y sincera todo suele fluir. Es inevitable que, en ocasiones puntuales, uno, otro o los dos se sientan defraudados, pero, a la larga, la amistad lo puede todo.
La amistad parece ser un factor fundamental en muchas decisiones de la vida política estas semanas. Zapatero lleva cuatro años moviendo a José Antonio Alonso de un lado a otro aprovechándose de la buena amistad que les une. Esa suerte que tiene. Alonso no termina de decirle que no a nada que le pide su amigo y eso no es ni bueno ni malo en sí mismo. Depende de las consecuencias que tenga a medio o largo plazo. Alonso ha sido un buen ministro de Interior, un buen ministro de Defensa y es de suponer que será un buen portavoz parlamentario. Además, hará la labor que le ha encargado Zapatero con eficacia y sin estridencias. Y cuando todo acabe, volverá a ser juez sin más historia.
Y eso está muy bien. El problema es, en una relación de amistad, cuando esa amistad sustituye a otros valores. Si se prima la amistad sobre cualquier otro elemento a la hora de adoptar decisiones, empiezan a surgir los problemas.
Se puede trabajar muy estrechamente con alguien sin llegar a ser amigos. La fidelidad y el compromiso es lo mínimo que se puede exigir en esos casos. Si, además, anida la amistad en las inmediaciones, mucho mejor para todos. Pero no siempre se puede llegar a ese ideal.
Me acuerdo en este punto de uno de esos diálogos de El Ala Oeste de la Casa Blanca. Esa serie que recomiendo encarecidamente. Dice el presidente Bartlet en un determinado capítulo, creo que de la tercera temporada, "Si tienes que nombrar un jefe de gabinete (el puesto de máxima confianza y cercanía al presidente de Estados Unidos) busca a un amigo, un amigo de verdad, que sea más listo que tú, un amigo en cuyas manos pondrías tu vida sin dudarlo". No es mal consejo. Encontrar alguien más listo que uno mismo suele ser sencillo. Las personas inteligentes de verdad suelen estar siempre un paso por detrás, por su propia inteligencia. Cuando encuentras a alguien en cuyas manos dejarías tu vida sin dudarlo, tu vida cobra un nuevo sentido. Si además de todo ello, puedes tenerlo cerca para trabajar, la situación se vuelve casi idílica. En caso contrario, cuanto más te acerques a esa situación, mejor para ti.
Ya se sabe, quien tiene un amigo, tiene un tesoro. Un tesoro de verdad, no de esos que se guardan en baúles y se esconden en islas remotas. Un tesoro con minúsculas muy mayúsculas.
Unas veces me ha ofrecido cosas que nunca pensé. Otras veces, me ha pedido que haga cosas que no se correspondían con mi situación. En otras, ha defraudado a quienes creían que me iba a premiar con no se que destino. No era mi caso. Por convicción y por agradecimiento, siempre he estado dispuesto a asumir los retos que me ha planteado. Nunca le he pedido nada y siempre he tratado de cumplir sus encargos de la mejor manera que sabía.
Hemos discutido mucho. En lo personal y en lo profesional. Hemos tenido etapas de mucha cercanía y sintonía y otras etapas en las que hemos estado claramente distanciados. Pero seguimos siendo amigos. Tengo para mi que el sabe de mi fidelidad y sabe que siempre podrá contar conmigo. Sabe que, por nuestra amistad y por mi forma de ser, nunca le voy a decir lo que quiere oír, sino lo que creo que le tengo que decir en cada momento. Aunque me equivoque.
También tengo amigos, que además son compañeros de trabajo, en los que he depositado la confianza que merecen. No creo haberme equivocado con ellos. Tampoco les he pedido más que lo razonable. Me han discutido y criticado cuando lo han entendido oportuno. Han dejado el equipo cuando creían que no podían o no querían seguir. Y lo entiendo. Salvo contadas excepciones me han dicho a la cara y en privado lo que querían decirme y, de puertas para fuera, han sido fieles. Siempre hay alguna oveja negra, pero no me puedo quejar. Soy un tío con suerte.
Trabajar con amigos es lo que tiene. Los conoces, te conocen. Crees saber lo que les puedes pedir. Creen saber lo que te pueden pedir. La confianza es fundamental y productiva. Si la amistad es sólida y sincera todo suele fluir. Es inevitable que, en ocasiones puntuales, uno, otro o los dos se sientan defraudados, pero, a la larga, la amistad lo puede todo.
La amistad parece ser un factor fundamental en muchas decisiones de la vida política estas semanas. Zapatero lleva cuatro años moviendo a José Antonio Alonso de un lado a otro aprovechándose de la buena amistad que les une. Esa suerte que tiene. Alonso no termina de decirle que no a nada que le pide su amigo y eso no es ni bueno ni malo en sí mismo. Depende de las consecuencias que tenga a medio o largo plazo. Alonso ha sido un buen ministro de Interior, un buen ministro de Defensa y es de suponer que será un buen portavoz parlamentario. Además, hará la labor que le ha encargado Zapatero con eficacia y sin estridencias. Y cuando todo acabe, volverá a ser juez sin más historia.
Y eso está muy bien. El problema es, en una relación de amistad, cuando esa amistad sustituye a otros valores. Si se prima la amistad sobre cualquier otro elemento a la hora de adoptar decisiones, empiezan a surgir los problemas.
Se puede trabajar muy estrechamente con alguien sin llegar a ser amigos. La fidelidad y el compromiso es lo mínimo que se puede exigir en esos casos. Si, además, anida la amistad en las inmediaciones, mucho mejor para todos. Pero no siempre se puede llegar a ese ideal.
Me acuerdo en este punto de uno de esos diálogos de El Ala Oeste de la Casa Blanca. Esa serie que recomiendo encarecidamente. Dice el presidente Bartlet en un determinado capítulo, creo que de la tercera temporada, "Si tienes que nombrar un jefe de gabinete (el puesto de máxima confianza y cercanía al presidente de Estados Unidos) busca a un amigo, un amigo de verdad, que sea más listo que tú, un amigo en cuyas manos pondrías tu vida sin dudarlo". No es mal consejo. Encontrar alguien más listo que uno mismo suele ser sencillo. Las personas inteligentes de verdad suelen estar siempre un paso por detrás, por su propia inteligencia. Cuando encuentras a alguien en cuyas manos dejarías tu vida sin dudarlo, tu vida cobra un nuevo sentido. Si además de todo ello, puedes tenerlo cerca para trabajar, la situación se vuelve casi idílica. En caso contrario, cuanto más te acerques a esa situación, mejor para ti.
Ya se sabe, quien tiene un amigo, tiene un tesoro. Un tesoro de verdad, no de esos que se guardan en baúles y se esconden en islas remotas. Un tesoro con minúsculas muy mayúsculas.
viernes, 21 de marzo de 2008
ELLOS SON LOS INTEGRISTAS
Semana de Pasión. Semana de sufrimiento, de dolor. Una semana en la que El Cristo sufrió todo tipo de daños, humillaciones y penalidades, por los hombres.
Jesús se prestó al martirio para salvar a la humanidad en su conjunto. Ese es uno de los pilares del catolicismo. Una religión que prima el valor de la vida, del sacrificio, de la penitencia. Estamos en esta vida para sufrir, nos dicen.
Haciendo caso a estos mismos principios, deberíamos creer que ha sido la voluntad de dios la que ha hecho que, precisamente, esta semana se haya producido el desenlace del caso Chantal Sebire. Esa mujer francesa cruelmente martirizada por un tumor que le hacía la vida insoportable.
Lo de menos es que le deformase la cara hasta el límite de lo humano. Lo de más, que Chantal sufría espantosos dolores que no tenían ni arreglo ni posibilidad de mejora. Da lo mismo, para los católicos tenía que aceptar la voluntad de dios y sufrir.
En este punto me asoma la indignación, pero tengo que aguantarme. No por nada. Hace un par de días, David Torres escribió un artículo modélico en El Mundo. Modélico por lo que decía y modélico por cómo lo decía. Nada que añadir, nada que quitar.
Sólo manifiesto mi indignación ante los que siguen tratando de imponer sus criterios no racionales, no humanos. Sus criterios religiosos y de fe al resto de los conciudadanos. Esas mismas personas que se indignan, con razón, ante los integristas islámicos, son los que pretenden que la sociedad CIVIL se someta a principios religiosos. Pretenden que lo que ellos consideran una verdad revelada, perfectamente legítima para ellos, que la aceptan por propia voluntad, se mantenga como ley impuesta para todos.
Me indigno porque la eutanasia, como el aborto, como tantas otras cosas, pueden ser anatema para ellos como católicos. Pues muy bien. Pero deberían respetar que los demás actuásemos de acuerdo con nuestras convicciones. No acabo de entender como les puede afectar que yo aborte, o me quite la vida o ayude a morir a la Chantal que tenga cerca. No entiendo que principio fundamental violaría con esas acciones.
Ellos, intransigentes e integristas donde los haya, deberían aceptarnos a los demás. Deberían aprender de la generosidad que tanto predican.
Jesús se prestó al martirio para salvar a la humanidad en su conjunto. Ese es uno de los pilares del catolicismo. Una religión que prima el valor de la vida, del sacrificio, de la penitencia. Estamos en esta vida para sufrir, nos dicen.
Haciendo caso a estos mismos principios, deberíamos creer que ha sido la voluntad de dios la que ha hecho que, precisamente, esta semana se haya producido el desenlace del caso Chantal Sebire. Esa mujer francesa cruelmente martirizada por un tumor que le hacía la vida insoportable.
Lo de menos es que le deformase la cara hasta el límite de lo humano. Lo de más, que Chantal sufría espantosos dolores que no tenían ni arreglo ni posibilidad de mejora. Da lo mismo, para los católicos tenía que aceptar la voluntad de dios y sufrir.
En este punto me asoma la indignación, pero tengo que aguantarme. No por nada. Hace un par de días, David Torres escribió un artículo modélico en El Mundo. Modélico por lo que decía y modélico por cómo lo decía. Nada que añadir, nada que quitar.
Sólo manifiesto mi indignación ante los que siguen tratando de imponer sus criterios no racionales, no humanos. Sus criterios religiosos y de fe al resto de los conciudadanos. Esas mismas personas que se indignan, con razón, ante los integristas islámicos, son los que pretenden que la sociedad CIVIL se someta a principios religiosos. Pretenden que lo que ellos consideran una verdad revelada, perfectamente legítima para ellos, que la aceptan por propia voluntad, se mantenga como ley impuesta para todos.
Me indigno porque la eutanasia, como el aborto, como tantas otras cosas, pueden ser anatema para ellos como católicos. Pues muy bien. Pero deberían respetar que los demás actuásemos de acuerdo con nuestras convicciones. No acabo de entender como les puede afectar que yo aborte, o me quite la vida o ayude a morir a la Chantal que tenga cerca. No entiendo que principio fundamental violaría con esas acciones.
Ellos, intransigentes e integristas donde los haya, deberían aceptarnos a los demás. Deberían aprender de la generosidad que tanto predican.
miércoles, 19 de marzo de 2008
CALLESE, SEÑOR AZNAR
Yo fui de los que creí que estaba justificada la intervención en Iraq. No es que me creyese lo de las armas de destrucción masiva. Es más, la comparecencia de Colin Powell en Naciones Unidas me pareció patética y tramposa.
Yo fui de los que pensé que los iraquíes estarían mejor sin Sadam Husein. Y el resto del mundo también. Aunque, es cierto, tenía dudas de que la intervención fuese tan limpia y tan rápida como pronosticó Donald Rumsfeld. Las guerras nunca son limpias.
Yo no soy un pacifista. Tampoco un belicista, pero tengo claro que, a veces, la fuerza es la única salida.
Yo no me manifesté contra la guerra en febrero de 2003. Entre otras cosas, no me he manifestado nunca y es posible que no lo haga tampoco nunca. Me parece un espectáculo poco democrático y poco inteligente. Y, sobre todo, me molestan los tumultos.
Me parece lamentable que unos y otros sigan recurriendo al tema de Iraq cada vez que, unos y otros, creen que le pueden sacar partido del tipo que sea. No lo soporto. Salvando las distancias, me recuerda a esas veces que tus padres te recuerdan hasta la nausea, aquel día que llegaste tarde a casa, un poco pasado de copas y dormiste la mona hasta bien entrado el día siguiente. Sí, piensas tú. Hice mal, me pasé, pero ya vale. No ha vuelto a pasar. Porque no me recordáis, con tanta insistencia, las cosas que hago bien.
Pero, siguiendo con el ejemplo, siempre hay alguno que ha llegado mamado perdido varias noches en su vida. Que ha montado un cirio de no te menees en muchas ocasiones. Y, lo peor de todo, lo cuenta como una gracia y lo defiende como si fuese lo más normal del mundo.
En casos como éste, lo mejor es callarse. Y punto.
Es por ello que no me extrañaría que Mariano Rajoy estuviese pensando, esta Semana Santa: “José María, ¿por qué no callas?”.
Yo fui de los que pensé que los iraquíes estarían mejor sin Sadam Husein. Y el resto del mundo también. Aunque, es cierto, tenía dudas de que la intervención fuese tan limpia y tan rápida como pronosticó Donald Rumsfeld. Las guerras nunca son limpias.
Yo no soy un pacifista. Tampoco un belicista, pero tengo claro que, a veces, la fuerza es la única salida.
Yo no me manifesté contra la guerra en febrero de 2003. Entre otras cosas, no me he manifestado nunca y es posible que no lo haga tampoco nunca. Me parece un espectáculo poco democrático y poco inteligente. Y, sobre todo, me molestan los tumultos.
Me parece lamentable que unos y otros sigan recurriendo al tema de Iraq cada vez que, unos y otros, creen que le pueden sacar partido del tipo que sea. No lo soporto. Salvando las distancias, me recuerda a esas veces que tus padres te recuerdan hasta la nausea, aquel día que llegaste tarde a casa, un poco pasado de copas y dormiste la mona hasta bien entrado el día siguiente. Sí, piensas tú. Hice mal, me pasé, pero ya vale. No ha vuelto a pasar. Porque no me recordáis, con tanta insistencia, las cosas que hago bien.
Pero, siguiendo con el ejemplo, siempre hay alguno que ha llegado mamado perdido varias noches en su vida. Que ha montado un cirio de no te menees en muchas ocasiones. Y, lo peor de todo, lo cuenta como una gracia y lo defiende como si fuese lo más normal del mundo.
En casos como éste, lo mejor es callarse. Y punto.
Es por ello que no me extrañaría que Mariano Rajoy estuviese pensando, esta Semana Santa: “José María, ¿por qué no callas?”.
martes, 11 de marzo de 2008
LA CAGUÉ
Como pitoniso soy una caca. Y no aprendo. Pocas, muy pocas veces se cumplen mis pronósticos, pero yo sigo inasequible al desaliento.
Rajoy no lo deja. Ni mucho menos. "Es lo que hay", ha dicho. Sí adelante el congreso del partido a junio (en eso, acerté). Pero se va a presentar a la re-elección. Su objetivo. Lo ha dicho muy clarito, optar a la candidatura del PP a la presidencia del Gobierno en 2012 y ganar esas elecciones generales para ser presidente del Gobierno.
Aún más, se siente legítimamente respaldado por los resultados del 9M y quiere responder a la confianza de esos más de 10 millones de electores, dando la cara. Y lo hará, ha dicho, defendiendo los principios con los que se ha presentado a las elecciones y por los que ha conseguido el resultado que ha conseguido.
Pero Rajoy ha dicho más. Ha dicho que nunca dudó en seguir y que como se siente respaldado, se va a presentar con "su equipo". ¿Qué habrá querido decir?. Con el antecendete del primer párrafo de este post, debería estarme callado y no especular. Pero no me resisto. Tampoco voy a ser muy original.
Rajoy insinúa que hace cuatro años no formó el equipo que le hubiese gustado. No seré yo quien vaya más allá, pero seguro que hubiese preferido a otra gente en algunos puestos. Algunos amigos míos (maliciosos ellos) me dicen que alguien ha hablado con Rajoy en estas últimas 48 horas. Alquien con margen para decirle algo así como "Mariano, tienes que seguir, te lo has ganado y, además, tienes manos libres para hacer lo que te plazca". Si algo parecido a pasado, se podría entender el cambio de cara y de mensaje entre el domingo por la noche en el balcón de Génova y el martes por la tarde a cubierto. Era otro Rajoy. Había vuelto su ironía, su sonrisa sincera, su rapidez en las respuestas. Hasta ha vacilado a los periodistas.
Iremos viendo. Primero, cuando se forme el grupo parlamentario. Será una primera pista. Luego, si hay más candidatos al congreso del partido. Más tarde, cuando anuncie "su equipo". Finalmente, cuando empiece su labor de oposición. Iremos viendo.
Rajoy no lo deja. Ni mucho menos. "Es lo que hay", ha dicho. Sí adelante el congreso del partido a junio (en eso, acerté). Pero se va a presentar a la re-elección. Su objetivo. Lo ha dicho muy clarito, optar a la candidatura del PP a la presidencia del Gobierno en 2012 y ganar esas elecciones generales para ser presidente del Gobierno.
Aún más, se siente legítimamente respaldado por los resultados del 9M y quiere responder a la confianza de esos más de 10 millones de electores, dando la cara. Y lo hará, ha dicho, defendiendo los principios con los que se ha presentado a las elecciones y por los que ha conseguido el resultado que ha conseguido.
Pero Rajoy ha dicho más. Ha dicho que nunca dudó en seguir y que como se siente respaldado, se va a presentar con "su equipo". ¿Qué habrá querido decir?. Con el antecendete del primer párrafo de este post, debería estarme callado y no especular. Pero no me resisto. Tampoco voy a ser muy original.
Rajoy insinúa que hace cuatro años no formó el equipo que le hubiese gustado. No seré yo quien vaya más allá, pero seguro que hubiese preferido a otra gente en algunos puestos. Algunos amigos míos (maliciosos ellos) me dicen que alguien ha hablado con Rajoy en estas últimas 48 horas. Alquien con margen para decirle algo así como "Mariano, tienes que seguir, te lo has ganado y, además, tienes manos libres para hacer lo que te plazca". Si algo parecido a pasado, se podría entender el cambio de cara y de mensaje entre el domingo por la noche en el balcón de Génova y el martes por la tarde a cubierto. Era otro Rajoy. Había vuelto su ironía, su sonrisa sincera, su rapidez en las respuestas. Hasta ha vacilado a los periodistas.
Iremos viendo. Primero, cuando se forme el grupo parlamentario. Será una primera pista. Luego, si hay más candidatos al congreso del partido. Más tarde, cuando anuncie "su equipo". Finalmente, cuando empiece su labor de oposición. Iremos viendo.
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