jueves, 1 de noviembre de 2007

QUE POCO CUESTA HABLAR

Las reacciones a la sentencia hecha pública ayer por la Audiencia Nacional entraban dentro de lo previsto. Sí, nuestros políticos son previsibles (casi tanto como pesados) y esta vez no iba a ser una excepción. Sí hay un elemento que me ha llamado la atención. Después de todo lo que ha dicho el PP de la actuación de los policías, de los fiscales, de la instrucción sumarial,... (alguien no recuerda que fue el propio Rajoy quien dijo que la instrucción estaba viciada y que habría que anularla). Después de las sombras que ha sembrado (por acción, colaboración u omisión) sobre la actuación de nuestros servicios secretos y de los de otros países. Después de todo y tras 3 años y medio mareando (y mucho, se lo puedo asegurar de primera mano) la perdiz, se acuerdan ahora de que fue su Gobierno, el que presidía José María Aznar, el que efectúo las primeras detenciones. Especialmente relevante la de Jamal Zougam que ha sido el único condenado como autor material.
Se han acordado ahora. Pero, ¿en qué estaban pensando?. Y, sobre todo, ¿por qué se acuerdan ahora?. ¿Otro clavo ardiendo al que agarrarse?. Sí señores, ustedes dirigían este país aquellos días imposibles, aquellos días que agolpan recuerdos en la cabeza de muchos de nosotros. Yo me acuerdo, bastante bien, de las ruedas de prensa de Ángel Acebes. De como ese ministro, del que tenía un gran concepto, fue envejeciendo por minutos, enfermando físicamente en cada rueda de prensa (y fueron muchas). Nunca un Ministro de Interior había sido sometido a tal escrutinio público, a unas condiciones tan duras, y Acebes lo acusó; era normal. Dejando al margen todo lo que ha dicho y hecho después, algún día habría que homenajear lo que hizo. Dio la cara en todo momento y se la partimos todos bien partida. Todavía busca algún pedazito.
Sí, insisto, fueron ustedes. Pero el hecho de que sea ahora cuando se acuerdan es mala excusa. Si la acción de la policía estaba cubierta de dudas hace solo unas semanas, también eran ustedes entonces los responsables de esa policía. Era su policía y hasta hace bien poquito, les acusaban de haber trabajado al servicio del Partido Socialista. Se quejaron amargamente de haber sido engañados por topos socialistas en las comisarias (y todavía se quejan de eso). Pero ahora se acuerdan de que fue con un Gobierno del PP cuando se produjeron las primeras detenciones. Que sí, pero para lo bueno y para lo malo, señores míos. No sean ustedes hipócritas.
Algo parecido se puede decir de lo de la autoría intelectual, a la que ya me referí ayer. No se han cortado, los cualificados portavoces del PP en recordar que la red de Al Qaeda es tupida, variopinta, en células independientes, que colaboran, comparten personas y pueden interactuar, pero que también mantienen una cierta independencia. Es más, hace no mucho, leí un artículo en el que se decía que la estanquidad de esas células es cada día mayor, sobre todo, después del 11S. Pero aquí, en España, hay quien se empeña en buscar una autoría intelectual. Como si eso les fuese a dar alguna satisfacción secreta. No soy víctima del terrorismo (de ninguno) y se, perfectamente, que no me puedo poner en la piel de una víctima, pero ¿de verdad es tan importante saber el por qué asesinan a un ser querido?. Me cuesta entenderlo. Si hubiesen matado a alguien cercano a mi, no me interesaría demasiado el por qué. Sí lo sé, mejor. Pero lo prioritario es que trinquen al asesino y lo enchironen de por vida. Insisto, la motivación de los terroristas no me interesa, no me vale para nada.
Por último (al menos hoy, porque seguro que volveré sobre este tema) quisiera apostillar algún error de bulto de esos que empiezan a proliferar. No es del todo correcto decir que El Egipcio ha sido absuelto. Ha sido absuelto del delito de inducción (de ser el cabecilla) pero no de pertenecer a una organización terrorista. La sentencia considera que lo es. El problema es que no se le puede condenar por eso, porque ya está cumpliendo condena en Italia por ese mismo delito. ¿Se acuerda alguien de la impunidad con la que se movió Josu Ternera por España durante años por la misma razón?. Pues eso. Que poco cuesta hablar de oídas, sin leer los papeles y olvidándose de lo que se dijo, no ya ayer, sino hace 5 minutos.

miércoles, 31 de octubre de 2007

DE LA AUTORÍA INTELECTUAL

No creo que nadie se haya sorprendido, pero la sentencia del 11M no ha dejado satisfecho a casi nadie. Curiosamente, los únicos que parecen sentirse conformes son los políticos, sospechosa similitud con las noches electorales, esos momentos extraños en los que todos se consideran ganadores. ¡Que gente!.
He atendido a la lectura del juez Gómez Bermúdez y ya tengo copia de la sentencia que estoy leyendo a salto de mata, pero creo necesario ir dejando por escrito algunas cosas. Y la primera de todas me quema en las manos. Ya sabemos que hay algunos colectivos muy interesados en fijar los autores intelectuales, las "X" de la trama (¿les suena de algo lo de la "X"?). Pero pido un segundo de atención, ¿desde cuándo es tan importante fijar la autoría intelectual de los atentados?.
En España tenemos una larga y penosa tradición de juicios por terrorismo y, que yo recuerde, nunca ha sido necesario ni prioritario fijar la autoría intelectual de ellos. Nadie ha considerado esencial fijar a quien se le ocurrió matar en Hipercor, o en la Casa Cuartel de Zaragoza, o en Vallecas. ¿Por qué, me pregunto, resulta ahora tan trascendente?. Nadie ha buscado nunca el por qué o el para qué de un atentado de ETA. Matan porque es lo único que saben hacer, porque son unos fanáticos y unos asesinos, y por eso mismo los condena la justicia y los repudia la sociedad. ¿Por qué es tan importante ahora fijar esa motivación?. No lo entiendo, o sí, que diría el bueno de Mariano Rajoy, lo entiendo perfectamente, demasiado bien lo entiendo.
Los condenados son unos asesinos infames y a mi me vale. Si además podemos algún día llegar a saber por qué llegamos al 11M y para qué y si llegamos a sentar a sus responsables en el banquillo para luego mandarlos a la sombra un porrón de años me sentiré enormemente orgulloso de este país, pero no creo que sea prioritario. Eso, aunque algunos siguen pensando en "desiertos muy remotos y en montañas muy lejanas" o en "despachos bien cercanos y en locales muy conocidos".
Sigo pensando, lo pienso desde hace años, que las cosas no son sencillas en este caso (¡en cual lo son!) y que nunca llegaremos a saberlo todo, a saber toda la verdad; pero no hace menos años que estoy harto de escuchar a los que retuercen cada página del sumario, cada informe pericial, para asegurar que hay una gran conspiración orquestada por "unos" contra "otros". No puedo, y lo peor de todo es que la sentencia, ne ce sa ria men te, ha dejado suficientes elementos abiertos para que esta panda de torticeros se dediquen a seguir enmierdando otra temporada.
¡Vaya por dios!.

martes, 30 de octubre de 2007

LA MINISTRA BOMBÓN

Formar un Gobierno es como abrir una caja de bombones surtidos, nunca sabes cual te va a gustar y cual te va a dar ganas de escupir. Y, además, todo depende de si la caja te la han regalado o la has comprado tú. Si te la regalan, es más sencillo dar tu opinión sincera (incluso tirarlos todos porque son de licor y no los soportas). Si la has comprado tú mismo, hasta rechupeteas los papeles de envolver y tratas de convencer a todos de lo buenísimos que son los bombones.
En este caso, el bombón que nadie quiere coger de la caja se llama Magdalena, Magdalena Álvarez, que nos ha dejado una de esas frases para la antología del disparate político que va por el tomo ni se sabe en estos 30 años de democracia. En realidad nos ha dejado muchas más frases y actitudes, pero nos ocupamos de la más reciente: "yo no me voy porque correr es de cobardes".
Eso, exactamente eso, es lo que dice, en los colegios, el compañero que siempre llega el último, el que tiene una ligera cojera, el gordito, el más vago,... el que nadie quiere en su equipo. Que le digan a los grandes corredores que en España han sido que correr es de cobardes. A ese Fermín Cacho que saltaba entre incrédulo y emocionado en la llegada de los 1.500 en Barcelona 92 tras convertirse en campeón olímpico; o al histórico Mariano Haro, que tantos laureles aportó a la España en blanco y negro.
Hasta donde mi entender alcanza, de cobardes siempre ha sido quedarse quieto, parapetado en las circunstancias que te protegen, tratando de disimularse con el paisaje y dejando que otros se lleven los mamporros por dar la cara. Como cobardes actúan todos esos que, ante las dificultades sólo saben echar la culpa al de al lado y desaparecer mientras cae el chaparrón (o la tormenta) a la espera de que el sol les vuelva a ser propicios. Si nuestra Magdalena, Magdalena Álvarez, no fuese una cobarde (y otras muchas cosas) habría dimitido sin contemplaciones (como otros tantos ministros antes, por cierto) y se habría ido para casa con la conciencia clara de que lleva cagándola desde que se sumó a las fotos del Vogue con el resto de las ministras de este Gobierno.
En realidad, me da la impresión de que, cobarde o no, Magdalena, Magdalena Álvarez no quiere correr para no ser como Forest, Forest Gump, que corría simplemente porque sí. Sin motivación (ni siquiera la cobardía). Pero ella sí tiene una motivación, aunque sea inconsciente: meter la pata a fondo para enmierdar todo lo que toca y poder echarle la culpa a otros.
Decía el mismo Forest, Forest Gump, que "tonto es el que hace/dice tonterías". Se ve que en eso si se parecen Forest, Forest Gump y Magdalena, Magdalena Álvarez.

miércoles, 24 de octubre de 2007

LA CULPA ES DEL "OTRO"

Más, mucho más, de media España quiere que la Ministra de Fomento se vaya.
Esta mujer, arrogante, tiesa y correosa donde las haya (a la par con la Ministra Salgado, otra tal) llegó al Ministerio con mal pie y, cada día, no hace más que enterrarlo un poco más. Sabido es que el de Fomento (o Infraestructuras, o Obras Públicas, o como quiera que se llame en cada momento) es un Ministerio propicio para el lucimiento y el éxito del tenedor de la cartera. Pero, no es menos cierto, que cuando el tenedor se empeña en que no (o cuando las circunstancias se confabulan para que no), no hay nada que hacer.
Vienen a mi memoria dos ejemplos claramente diferentes de lo que digo. En los dos gobiernos que Gallardón presidió en la Comunidad de Madrid, Luis Eduardo Cortés (ahora de nuevo en el ojo del huracán) demostró todo el partido que se puede sacar a esta cartera gracias a ampliaciones y obras públicas bien planificadas y mejor ejecutadas, siempre al servicio de los ciudadanos y del interés general. Un testigo que, con gran acierto, retomó su sucesora en la Puerta del Sol. Hasta tres consejeros tuvo Esperanza Aguirre en su primer gobierno. Francisco Granados primero (aupado a la secretaría general del Partido Popular), María Dolores de Cospedal después (llamada a dirigir el mismo partido en Castilla-La Mancha) y Elvira Rodríguez finalmente (es ministra, presidenta de la Asamblea y con un futuro político nacional todavía por escribir).
En el lado opuesto, no me puedo olvidar del ínclito Enrique Barón o el no menos ínclito Abel Caballero. Ambos, por distintos motivos, tuvieron que lidiar con etapas claramente olvidables del Ministerio de Obras Públicas. Barón, que heredó el gafe que había dejado vacante Fernando Morán en la mesa del Consejo de Ministros, se empeñó a fondo en liarla. Nadie le echó de menos cuando se fue a Europa, ese refugio dorado para políticos en fase de olvido. El destino de Caballero fue menos lujoso (en su Galicia natal) pero igual de exitoso (nada de nada, nada al cuadrado).
Y se ve que la Álvarez, con todos sus redaños por delante, ha pensado que mejor ser fiel a la tradición socialista en la cartera; quizás porque las tradiciones hay que respetarlas o cargárselas, no hay termino medio. Y ahora, nos encontramos con otra tradición: la de sostenella y no enmendalla, tan propia de nuestros políticos. Reacios a dimitir. Opuestos a reconocer sus errores. Apóstoles de "la culpa es del otro, siempre del otro" (el de antes, el de después, el de al lado, pero siempre de otro).
Que nadie tenga ninguna duda de que no va a dimitir ni la van a dimitir. No. Maleni seguirá firme dando que hablar y si el PSOE vuelve a ganar en marzo (y sólo en ese caso) la Álvarez tendrá que hacer la maleta y buscarse otro destino. Pero no se puede decir que, a 5 meses de las próximas elecciones, no tiene sentido cesar o ser destituido. Ejemplos recientes tenemos en el Gobierno de España, aunque por circunstancias bien diferentes.
Quién no se acuerda de que Javier Solana tuvo que dejar Exteriores en diciembre de 1995, a sólo cuatro meses de las generales?. Bien es cierto que dimitía para irse de Secretario General de la OTAN, pero dimitió. Y se echó mano de Carlos Westendorp, el hombre para todo.
Más reciente y más sonora fue la dimisión de Manuel Pimentel en febrero de 2000, con la campaña electoral ya en marcha. Una dimisión que no fue tal ante el Presidente del Gobierno, como parece de recibo, sino ante los medios de comunicación. Una dimisión que dolió y mucho a Aznar y a buena parte del PP y que avanzó lo que fue la segunda legislatura aznarista, cada vez más lejana de la moderación que le dio la mayoría absoluta. Pero ahí estaba la cantera económica de los populares en forma del "abisinio" Juan Carlos Aparicio. Un hombre tranquilo que terminó siendo sacrificado por mor de la huelga general del 20J y terminó regresando a los cuarteles de invierno de Burgos.
Con lo antedicho, lo mejor para todos sería que Magdalena Álvarez se fuese, motu propio, a su casa. Pero no lo hará. Se empeñará en que la culpa es del otro, se quedará y, si Zapatero vuelve a ser Presidente, se encontrará con un retiro dorado en algún refugio político de relumbrón y con poco mando. Un destino donde seguirá haciendo de las suyas.
Insisto, mucho mejor, váyase.

martes, 23 de octubre de 2007

ZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZ

Nos plantean una ecuación de tercer grado donde, sin ninguna duda, la incógnita principal es la "z".
Insigne letra que, en general, todo el mundo desprecia porque es la última del vocabulario, porque se asocia a esa colección de apellidos demasiado comunes (Fernández, González, Pérez, Hernández,...) o porque los niños, cuando empiezan a hablar, o la utilizan mal (como sustitutiva de la "s") o no saben pronunciarla. Es una de esas letras poco queridas, omnipresentes pero voluntariamente ignoradas, que en cada zona de España se pronuncia de una forma distinta. Una letra que descompone más que compone.
Y, ahora, nos la presentan como elemento sustancial de futuro; como armazón de lo que será la España de los próximos años, como anclaje de nuestras aspiraciones más legítimas. Y todo ello, con una sonrisa (o zonriza, diría mi tierno sobrinito de un par de años, parafraseando al ínclito Guille de Mafalda). Pero yo no puedo evitar acordarme de El Proceso de Kafka y su señor K, el protagonista. Ese hombre sometido a un juicio sumarísimo sin saber, en ningún momento por qué, para qué, por qué él, qué puede hacer. Y pienso yo, ¿y si nuestro señor Z tampoco sabe por qué, para qué, por qué él, qué puede hacer?.
Es posible que ese hombre, pegado a una sonrisa como el personaje de Quevedo estaba pegado a una nariz (la "z" otra ve"z") superlativa, sólo sea una incógnita a despejar para resolver la ecuación. Un ser que consigue que a la mitad de los españoles "lez duela el odgullo" como dice el tal Guille en una de las más celebradas tiras de Quino. Y de repente me doy cuenta de que la "z" también es la letra que en los comics se utiliza para simbolizar que el personaje está dormido ("zzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzz") y me pregunto, ¿será qué nos quiere dormir?.
Lo que sí sé es que hace cuatro años, con una "z" y una "p" montaron un eslogan publicitario que ayudó a distraer la atención de los debates propiamente políticos y, talmente como si nos hubiesen anestesiado, nosotros (los votantes) pensamos en otras cosas. Ahora, cumpliendo las reglas de la publicidad que dicen que si una campaña funciona, púlela, pero no la cambies, los estrategas de turno han pulido aquel ZP y lo han dejado reducido a la mínima expresión Z con la esperanza de que vuelva a funcionar.

jueves, 18 de octubre de 2007

LA CALLE, PUNTO DE DESENCUENTRO

La calle siempre ha sido un punto de encuentro.
Cuando éramos críos quedábamos, jugábamos, nos peleábamos y nos enamorábamos en nuestra calle.
Luego, en el instituto y en la universidad, quedábamos con los compañeros en la calle. Aún más, hacíamos la vida en la calle, nuestro salón privado. En los pueblos y en muchos barrios periféricos de nuestras grandes ciudades, los más mayores siguen saliéndose a la calle, en las noches de verano, a tomar el fresco y compartir la charla.
Ahora, en esta España con más aristas que curvas, la calle corre el riesgo de convertirse en otro punto de desencuentro.
A nadie, en su sano juicio, se le ocurriría ponerle a una calle el nombre de Adolf Hitler, o de Pol Pot, o de Francisco Franco, o de Fidel Castro, o de... Pero la última novedad es cambiar los nombres de calles que recuerdan, aunque sea remotamente, a lugares relacionados con la guerra civil. Nada de calle Brunete, o calle Belchite, o calle Teruel,... Así, sólo con los nombres geográficos. Vale que eliminemos nombres como calle de la Batalla del Ebro, pero calle Brunete!. Y a este paso, llegaremos a borrar las que se llaman calle Madrid (donde también hubo una cruel batalla).
Más de uno pensará, ¡coño, cambiamos los nombres por números, como en Estados Unidos, y todo arreglado!. A no, de eso nada. Imaginemos: calle del trece, ¡no, que trae mala suerte!, calle del siete, ¡nooo, que son los pecados capitales!, calle del cuarenta, ¡no, que son los años que duró la dictadura de Franco!, calle noventa y ocho, ¡no, que es el año del fin del imperio!,... Así no hay caso.
Lo mejor va a ser quitar las calles de en medio. Fuera calles. Y tú donde vives,... en mi casa y punto.

miércoles, 17 de octubre de 2007

CARTA ABIERTA A JOSEP LLUIS

Querido Josep Lluis,
Soy republicano, como tú. Adoro Cataluña, como tú. Procuro dirigirme a la gente con la que hablo en su idioma porque lo más importante de la comunicación es entenderse. Estoy muy de acuerdo contigo en que tu nombre es el que es aquí y en la China y que tienes perfecto derecho a que se te llame como quieras. El mismo derecho, exactamente el mismo, que tú y los tuyos deberíais tener con el resto de los españoles. Y no tenéis.
Dices, y gran cosa es que puedas decirlo, que no te sientes español. Perfecto. Desprecias la misma España que te permite luchar por tus ideas y tratar de cambiarla (bendita paradoja). Tú opinión es perfectamente respetable y puedes defenderla aquí, pero no en la China. Pero elemento esencial para que tú puedas defender esa o cualquier otra idea, es que yo (y cualquier otra persona) pueda defender mis ideas en las mismas condiciones de igualdad. Y tú no quieres reconocérmelas en Cataluña.
Te costará creerlo pero, aunque no soy nacionalista, respeto enormemente a los que lo sois. Lo que me cuesta un poco más es aceptar esa desigualdad que vosotros queréis imponer para, según decís, recuperaros de "años de opresión". No sois creíbles en ese punto. No hay mayor desigualdad ni mayor opresión que la que han vivido las mujeres durante siglos. Imaginémonos que ahora, para buscar la igualdad entre hombres y mujeres, la conclusión fuese que, por ley, el 80 por ciento de los diputados tuviesen que ser mujeres. O que las mujeres deberían cobrar un 20 por ciento más de sueldo que los hombres. Sólo para compensar, para desagraviarlas.
Eso es, exactamente, lo que perseguís gente como tú. Eso, suponiendo, y es mucho suponer, que vuestra situación haya sido parecida a la de las mujeres durante siglos.
Nadie duda, a día de hoy, que tenéis una lengua propia, una cultura propia, unas características propias. Pues claro. Pero eso no da derecho, por si sólo, a ser un estado. No os da derecho a la independencia. Y, mucho menos, a tratar de saltaros la legalidad, en cuanto nos descuidamos "los españoles". A ti, como a casi todos los nacionalistas (y a Juan José Ibarretxe muy particularmente) os pasa que tenéis alma de imposición. Que pregonáis la democracia y la libertad como valores pero pensáis en el sometimiento. Y no puede ser.
Si en Cataluña disfrutáis de la autonomía que disfrutáis es gracias INDISCUTIBLEMENTE a España y a la generosidad de los españoles. Aún más, el respeto y el compromiso con la legalidad es fundamental. No se nos puede olvidar, a ti tampoco, que esta España la hemos construido entre todos asentada en la Ley desde el minuto cero. En la Ley para la Reforma Política, para ser exactos. Ese ingenio político y jurídico que permitió desmontar el engranaje de la dictadura y conducirnos a una democracia madura en tiempo récord. Y tú y los tuyos queréis imponer otra realidad por las bravas, porque sí (haciendo honor a este blog que no vas a leer).
Pues no, va a ser que no. Si un día Cataluña es un país independiente, yo seguiré pensando lo mismo. Que me parece un territorio, una gente y una cultura encantadora. Procuraré esforzarme en hablar y en entender el catalán, igualito que ahora. Y mientras tanto, no te pido, te exijo que tú tengas el mismo respeto por España y por los españoles, aunque sólo sea porque, mientras tanto, tú eres tan español como yo. Y no lo digo por ofender, como emprenderás.
Un abrazo