martes, 7 de abril de 2009

SÓLO UNO ES FELIZ

Zapatero siempre ha querido a personas de más o menos relumbrón a su lado. Gente de esa que se suele etiquetar como “profesionales de prestigio”. Caras y nombres que concitan un cierto reconocimiento. Lo hizo en su primer gabinete con personas como María Jesús Sansegundo, con Carmen Cafarell (aunque no como ministra). Lo hizo en las sucesivas remodelaciones con nombres como César Antonio Molina, Bernat Soria, Mercedes Cabrera o Cristina Garmendia.
Ninguno de ellos ha aportado nada a los sucesivos ejecutivos. No han aportado aplomo, no han aportado energía, no han aportado iniciativas, no han aportado más que su cara. Poco bagaje para un gobierno de España. Ahora, Zapatero incorpora dos nuevas caritas: Ángel Gabilondo y Ángeles González-Sinde. De no ser tan laico, habría que pensar que el presidente ha buscado convertirse, a sí mismo, en el protagonista de un cuadro de Murillo, rodeado de angelotes.
Muchas caras, muchos nombres y mucho peso político. Al menos, nominalmente. Tres de los cuatro máximos dirigentes del partido (Chaves, Zapatero y Blanco) están en el ejecutivo. A ellos hay que sumar alguien tan cercano al presidente que éste ha utilizado para un roto y para un descosido, con la misma fortuna. Ninguna. Trinidad Jiménez mantiene las cuotas: la femenina, la de la sonrisa y la de la incapacidad (sobre todo para las responsabilidades que le han tocado en suerte).
Especialmente importante me parece que no sólo no se reduzcan las carteras , ocasión única ha perdido Zapatero de aplicar coherencia a la situación de crisis. Sobran, así a bote pronto, la mitad de las carteras (los ministros sobran casi todos). Igualdad, Cultura, Vivienda, Sanidad, Ciencia e Innovación,… Me parece lógico que Zapatero haya incumplido una de sus promesas más celebradas de las últimas semanas. Nada del ministerio de Deportes. Menos mal. Mira que podría ser lógico porque el deporte es de lo poco que le da alegría a este país. Pero no, Zapatero es lógico y no crea ese ministerio. Hasta ahí llega su cordura. Primero porque, no reduciendo el número de ministerios, por qué no crear uno más. Qué más da. Segundo porque, válgame el cielo, deportes pasa a depender directamente de Moncloa. A tomar por culo la racha gloriosa de nuestro deporte. Ya pronostico que Nadal no acabará como número 1 mundial, ni logrará el Gran Slam. Pronostico que España no ganará la Copa Confederaciones y ya veremos si se clasifica para el mundial de Sudáfrica. Ni Alonso, ni Pedrosa, ni Lorenzo, ni Bautista lograrán ningún cetro mundial. Nuestros ciclistas no darán que hablar. Los Lakers no llegarán a la final de la NBA… Un desastre vamos.
Un último apunte. Ojalá me equivoque, pero Elena Salgado no es la persona. Todos los dirigentes políticos, todos, se han cansado de decir que una de las claves de la actual crisis económica es la confianza. La falta de confianza, para ser exactos. Todos se han cansado de repetir, Zapatero también, que hay que recuperar la confianza para poder salir de la crisis. Pues, Salgado no ofrece esa confianza. Nadie duda, yo por lo menos no lo hago, de que es una persona trabajadora. Pero no basta. Es tajante, intransigente y con un punto prepotente que no conviene, sobre todo, cuando no se tiene ese algo más ofrece el ser respetado por las personas con las que tienes que tratar.
Está muy bien contar con la confianza, no sólo de quien te nombra, sino de tu antecesor y de algunos de los más importantes miembros del gobierno (de la Vega y Rubalcaba entre ellos) pero no es suficiente. Salgado será, ya lo ha sido, pero ahora de forma superlativa, un nuevo bluff de Zapatero. Un bluff que nos explotará a todos en los morros. Una lástima.
Lo peor de todo es que en todo este sainete, sólo hay una persona completamente satisfecha. Y no me refiero al presidente, mosqueado porque alguien le ha torcido sus planes y su estrategia (obligándole a improvisar algunos cambios más, Sinde, por ejemplo, para no parecer que todo se había desvelado el domingo) y le ha cambiado el ritmo de su cambio. Tampoco me refiero a los cinco entrantes. Felices, sí, pero responsabilizados y pendientes del reto que han asumido, por muy irresponsables que sean. La única persona completamente feliz es, y lo será en los próximos días, Pedro Solbes. Muy triste.

lunes, 6 de abril de 2009

DE DONDE NO HAY, NO SE PUEDE SACAR

No se trata de parecer que se hacen cosas. Ni siquiera de parecer que se hacen bien. Hay que hacer cosas. Y, además, hacerlas bien. Y si a ello se suma que se vende bien lo que se ha hecho, miel sobre hojuelas. Pero no es el caso.
Los más condescendientes ya están preparando el terreno para cuando tome posesión el nuevo gobierno. Tendrá nuevo brío, dicen. Servirá para afrontar la parte más dura de la crisis, dicen. Como si hasta ahora estuviéramos jugando al parchís en lugar de hacerle más y más agujeros a la correo de la cintura. Dará la impresión de que Zapatero se lo toma por fin en serio, dicen. Triste consuelo. El presidente se rodea de pesos pesados con perfil político, dicen. Y es mucho decir. Pero es que, además, parecería que con eso basta para hacer las cosas y hacerlas bien.
Como si Chaves fuese algo más que una fábrica de parados y un sumador de afiliados y votos para el PSOE. Como si Blanco fuese algo más que un urdidor de estrategias para ganar elecciones, aunque alguna ya ha perdido. Como si Elena Salgado hubiese demostrado una capacidad para el acuerdo y la negociación cuando el gobierno es lo que necesita, tanto como el respirar.
Con esos mimbres, es muy posible que Zapatero y el ejecutivo cojan aire para un par de semanas, poco más. Es posible que sobrevivan y dejen de agitarse como patos mareados. Pero, más pronto que tarde, estaremos en las mismas o peor. Más pronto que tarde miraremos en todas direcciones buscando soluciones. Más pronto que tarde pediremos algo más del presidente. Y nos encontraremos que, de donde no hay no se puede sacar. Pero tendremos que aguantar el tirón otros dos años y medio, más o menos.

domingo, 5 de abril de 2009

ZAPATERO SE SUICIDA

A veces la historia tiene estas cosas. Te da la ocasión de ver como el primer ministro de tu país se suicida ante las cámaras. Ver como alguien se suicida tiene que ser tremendo, pero si ese alguien es el presidente del gobierno de tu país y, además, lo hace ante todos los medios de comuniciación y en la era de internet, la experiencia es simplemente rotunda. Quizás por eso Zapatero, tan necesitado de contundencia y de gestos históricos, ha sido el hombre.
Después de trabajarse durante cinco años la foto de una reunión con el presidente de Estados Unidos, después de suplicar y hacer el ridículo durante meses ante el mesías Obama, después de hacerse 11.000 kilómetros sólo para regalarle los oídos en directo a Joe Biden, después de quemar hasta el achicharramiento a uno de sus mejores hombres, el mejor probablemente en lo que a política internacional se refiere, va este mentecato y filtra que... ¡dentro de dos días! va a hacer una crisis de gobierno.
Siendo todo ello malo, negativo y sorprendete para los estrategas de Moncloa, se entiende, resulta mucho peor, para el conjunto de los ciudadanos, el fondo de la crisis. No descarto tener que comerme mis palabras como ya le ha ocurrido a algún insigne columnista, pero no me resisto a decir “que error, que inmenso error”. Primero por el momento. Antes de Navidades escribí un texto en el que criticaba la posibilidad de una crisis de gobierno que, por entonces, era un insistente rumor en Madrid. Una de las razones era, entonces, que el ejecutivo todavía no había cumplido un año. Ahora, ya lo ha cumplido, y sigo pensando que no es razón ni tiempo suficiente.
Claro que Maleni tiene que irse a su casa, como era tiempo ya de que se fuese (y se ha ido) Bermejo. Claro que Solbes lleva meses, más de un año para ser exactos, amagando con largarse. Claro que más de la mitad del gobierno, bastante más, pide a gritos ser relevados a la de ya. Corrijo, en muchos casos basta con mandarlos a casa y cerrar sus departamentos. El problema es que eso no lo va a hacer Zapatero. Claro que mantendrá a Aido y su desigualdad. Claro que mantendrá a Espinosa y su ministerio de ambiente y medio. Claro que seguirá Garmendia, Corredor, Sebastián, Cabrera,... Sí, todos esos son apellidos de ministr@s aunque muchos de ustedes no se lo crean o no lo recuerden.
Pero hay más cosas que me asaltan a la cabeza como si de una estampida de bisontes se tratase. Por qué hacer los cambios ahora. Y con ahora no me refiero sólo a estas vísperas de semana santa e inmediatamente después de la foto con Obama. No se puede entender porque, a 2 meses justos parta las europeas se aborda este cambio. Algunos sesudos, más avispados y mejor informados que yo dicen que es el momento, para llegar con brío a las elecciones. Y yo digo, después de perder las gallegas no es un mal menor perder las europeas y pensar en medio largo plazo. En 2010 hay catalanas, con un difícil panorama y en 2011 municipales y autonómicas. Para entonces, la senda de la salida de la crisis debería ser ya un camino abonado, casi asfaltado.
Pero, claro, si las elecciones europeas se plantean como un reto, con un gobierno renovado, y salen mal, que más argumentos le quedan a Zapatero. Tendrá que agrontar la presidencia europea del primer semestre de 2010 sin más parapetos ni protecciones. El único argumento que le quedará será él mismo. A lo mejor cree tanto en sí mismo que no le importa jugársela. Ya veremos. A mi me resulta sorprendente por no decir patético.
Y todo, cuando el PP tampoco es que esté precisamnete pletórico. No se veía una necesidad imperiosa. Los verdaderos problemas los tiene ahora el gobierno en el parlamento y ninguna crisis, y mucho menos esta, le van a valer para nada al ejecutivo y a su presidente. Mientras no diseñe otra estrategia y no cambie al pusilánime que tiene en la cámara baja, no tiene nada que hacer. Alonso es como el criador de canarios que se conforma con oirlos cantar en su casa, aunque cada vez que los saca a una convención, sus animalitos se quedan mudos.
Una cosa buena, positiva, se me ocurre decir de lo sabido hasta ahora. Zapatero ha demostrado una sorprendete habilidad para hacer un PSOE a su medida. Ya noquedan barones. A todos se los ha quitado de enmedio sin demasiado ruido. Incluso el presidente del partido socialista se ha tenido que plegar, finalmente, a Zapatero. Qué pasará ahora en el califato. Si había que menear Andalucía, que mejor que hacerlo entre semana santa y la feria de abril.
Lo dicho, Zapatero se ha suicidado ante las cámaras. No podemos perder de vista ese cuerpo inerte.

miércoles, 1 de abril de 2009

TE ACUERDAS...

Ha llegado el momento, pero parece que ninguno nos hemos dado cuenta. Nada que ver con la frenética actividad preparatoria de hace 6 meses. Ni con la intensa avalancha de propuestas de entonces. Ni con la imparable sucesión de ruedas de prensa. Ni con las declaraciones conjuntas sobre propuestas coordinadas. Nada de nada. Si nos descuidamos, se pasa la cumbre y ni nos enteramos.
También es muy diferente la situación que nos rodea. Hace semanas que las bolsas no se acuestan con cara de pasmo y se despiertan con agujetas de tanto colorado acumulado. Hace semanas que no se anuncian planes de rescate, que no tenemos quiebras de empresas, que nadie anuncia inyecciones de capitales como si fuesen bolsas de gominolas,… Insisto, muchas cosas han cambiado.
Ni siquiera la anhelada presencia en Europa de Barack Obama ha servido de aldabonazo. Ha venido, entre otras cosas, para la cumbre y casi nadie se acuerda. Quién más quién menos hace su agenda. Quién más quién menos vende su próximo encuentro con él. Y todo ello eclipsa el hecho de que el mesías negro del siglo XXI está en Londres para la cumbre del G-20.
Uy, perdón. Incluso a mi ha estado a punto de ocurrirme. Si me descuido, acabo esta anotación y no hablo de lo que quería hablar. Del motivo que me ha llevado a empezar a escribir.
Cuando acabó la primera versión de este encuentro, allá por noviembre del año pasado, en Washington (que lejos queda, puñeta), se dijo que se habían sentado las bases para no se qué, y que ahora, en abril y en Londres, se empezarían a concretar las cosas. Además, de esta forma, quedaba tiempo suficiente para prepararlo todo, para que cuajasen las medidas tomadas de urgencia y todas aquellas otras que se adoptasen a continuación.
Pero lo cierto es que ni sabemos que se haya adelantado nada concreto, ni tenemos claro que las medidas adoptadas permitan sacar conclusiones, ni parece que estemos en condiciones de mirar al futuro con optimismo. Que le vamos a hacer. Es posible que la pérdida de protagonismo del pequeño Napoleón haya influido. Su hiperactividad no ha tenido, esta vez, válvula de escape. Es posible que la grisura habitual del nuevo anfitrión, porque mucho que se apellide Brown (marrón), de nombre Gordon, esté en el origen de tanto atemperamiento. Es más que posible que la concéntrica personalidad de Obama absorba tanta energía como si se tratase de un agujero negro (y no es un chiste fácil) y todo lo demás, fuera de él, no exista. O quizás es un poco de todo eso. O nada, y yo estoy desvariando como de costumbre.
De una cosa sí estoy seguro. Esta segunda cumbre del milenio más parece una excusa para que los coleguitas arreglen algunas de sus cosas particulares y/o bilaterales. Ah!, sí, y una razón, como otra cualquiera para que los mismos descerebrados de siempre vuelvan a liarla con la pegatina de progresistas y políticamente correctos en el pecho. Eso, nunca cambia.

miércoles, 25 de marzo de 2009

UNA HISTORIA DE VERDAD

Te voy a contar una historia. Esta era una familia, como tantas otras, que tenía un perro. Aquel perro, como casi todos los que conviven con la familia, era uno más. Bueno, en realidad era de los miembros más queridos por todos. Un buen día, el perro desapareció. No es muy probable que se perdiese o que se escapase. Pero, en realidad, da lo mismo. El caso es que el perro ya no estaba.
La familia presentó la oportuna denuncia. He de decir que, aquel perro, tenía uno de esos chips que se implantan ahora para tener identificado y controlado al animal, pero ni por esas. Fueron pasando los días, las semanas y los meses. La resignación se apoderó de la familia. Se le echaba de menos, pero no había mucho más que se pudiese hacer.
Los meses cobraron forma de años. La familia siguió creciendo con nuevos miembros que nunca habían conocido al perro. Es más, algunos de esos nuevos miembros manifiestan, insistentemente, los deseos de tener un perro en casa. Lo normal. Y, hete aquí que un buen día suena el teléfono de la casa. La policía pregunta por la señora de la casa, le pregunta por el perro y, tras las preguntas de rigor, le comunican que el perro ha aparecido.
Está a unos 50 kilómetros del domicilio de la familia. Pero ni esa distancia, ni el hecho de que sea día de fiesta impiden que toda la familia se suba al coche y salga pitando al encuentro del perro. Han pasado 8 ó 10 años pero, nada más bajarse del coche, la jefa llama al chucho por su nombre y aquel sale corriendo al encuentro. Ella llora e, incluso, le parece ver alguna lágrima en los ojos del animal.
Para los miembros más tiernos del clan, es el perro que llevan años reclamando. Para los más curtidos es el re-encuentro con uno de los miembros, perdido desde hace años. Qué más se puede decir.
Tal vez que no deja de ser curioso que después de todos esos años de separación sólo haya afecto y cariño por ambas partes. Que ni uno ni los otros sientan que han pasado 8 ó 10 años. La casa sigue siendo, más o menos, la misma de entonces, la misma de hace sólo unos días. Pero es diferente. Todo ha cambiado con uno de esos giros del destino que no nos es dado entender, comprender, asimilar. Sólo podemos asumir que ocurren y cuando son para bien, disfrutarlos al máximo. Quizás el próximo no lo sea.
Por cierto, la historia es real. Tan real como que esto lo he escrito yo.

martes, 24 de marzo de 2009

UN PAÍS EN LA MOCHILA

Con frecuencia me acuerdo de uno de esos incidentes parlamentarios recientes de los que sobrepasan el ámbito de lo estrictamente político. José Antonio Labordeta estaba en el uso de la palabra durante aquella lejana legislatura que consolido a Aznar como líder absoluto del centro derecha en España. Labordeta estaba siendo interrumpido de continuo por diputados de aquella insospechada mayoría absoluta del PP. Al cantautor y ciudadano, antes que diputado de la Chunta Aragonesista le salió el aragonés que lleva dentro y le espetó, sin miramientos, todo lo que afloró a su boca, incluyendo más de uno de esos palabros que casi todos utilizamos pero de los que reniegan la mayoría civilizada. Aquel hecho llevó algo de naturalidad, desbocada, sin duda, a un parlamento que de la palabra sólo le queda el origen. Fue una improvisación en toda regla y fuera de toda regla.
Digo que me acuerdo porque me pareció un hecho tan desafortunado como natural. Estaba, por lo demás, cargado de los resabios izquierdosos que tan popular han hecho a Labordeta entre buena parte de los españoles. A mí, he de reconocerlo, Labordeta es un tipo que ni fu ni fa. Me parece que tiene su chispa, en ocasiones ha dicho y ha hecho cosas interesantes, pero como parlamentario era poco más que un pintoresquismo fuera de sitio. Salvando las distancias, tenía más que ver con la Chicholina del parlamento italiano de finales de los 80 y primeros de los 90 que con un diputado. Y él mismo lo ha reconocido más de una vez. Ahora ha escrito un libro que ahonda en esta misma tesis. Recoge en él sus experiencias de esos ocho años en la Carrera de San Jerónimo identificándose, a sí mismo, con un beduino.
Hoy mismo, he escuchado una entrevista que le han hecho en el programa La ventana de la cadena SER. Además de la siempre escorada Gema Nierga, estaban en el tinglado el no menos escorado Antonio Fraguas, Forges, y el más prudente, pero no menos ladeado, Juan Carlos Ortega. Con estos ingredientes, y teniendo en cuenta la radio que se hace habitualmente en este país (buena en muchos sentidos, pero sectaria en no menos) no es de extrañar que la entrevista se convirtiese en una suerte de besuqueo mucho más allá del peloteo habitual para con los invitados.
Hasta aquí todo más o menos normal. Pero, un poco antes de llegar a la mitad de le entrevista, se produjo un hecho sorprendente. Sin venir muy a cuento, o sí, Labordeta lanza una andanada de esas inmisericorde en defensa de Zapatero y en contra de la derecha. Quizás fue a la inversa. Quizás fue todo a la vez. Da lo mismo. Lo único seguro, además de que el bombardeo fue insistente, contumaz, destructivo, es que los tres supuestos entrevistadores se convirtieron en palmeros del hecho. Para resumirlo en pocas palabras: la derecha, como siempre, ha lanzado un proceso injusto de destrucción de Zapatero, que no tiene culpa de nada; Trillo, ser despreciable que debería estar desaparecido desde el accidente del Yak-42, se permite el lujo de acudir a la justicia para defender sus intereses y los de su partido; el PP, sin haber renunciado a representar a casi la mitad del país quiere volver al poder utilizando todas las armas que le da el estado de derecho y sin resignarse a que, la siempre candorosa y recta izquierda trate de hacer exactamente lo mismo, con todos los aparatos del poder del estado en sus manos.

Quizás exagero en la síntesis de la tesis de Labordeta, pero quien quiera puede escucharlo en el podcast de la propia cadena SER (http://www.cadenaser.com/sociedad/audios/estaba-despistado-congreso/csrcsrpor/20090323csrcsrsoc_3/Aes/). Bien, si hay alguien que siga este cuaderno de pensamientos vivos ya se habrá dado cuenta que simpatizo tanto con un lado como con el otro. Que creo, fervientemente, que tan malos son unos como otro. O tan buenos. Que depende el momento, la circunstancia y el comportamiento de cada uno. Pero claro, cosas como estas, incluso dichas por un tipo tan mayor y tan bien considerado por los políticamente correctos me parecen un despropósito mayúsculo.
A ver si va a resultar que el hecho de que Zapatero sea incapaz de entenderse con nadie, a nivel internacional (salvo con Recep Tayip Erdogan) es culpa de la derecha y de Trillo. A ver si el hecho de que este gobierno esté más pendiente de las fotos, de la imagen y de quedar bien que de gobernar es culpa de Trillo y de la derecha (por cierto, este mismo gobierno, sus responsables de comunicación que los hay aunque parezca increíble, convocaron la semana pasada a un grupo de periodistas para pedirles que tratasen mejor a los miembros del gobierno en lo que a las imágenes se refiere. Para los cortitos como yo, eso se traduce en que saquen sólo las imágenes que ellos quieren y no las que los periodistas consideran interesantes, informativas o, simplemente, las que les da la gana. Esa solicitud es sólo el primer aviso para decirles: ojo que si no, las imágenes os las vamos a dar nosotros, como ya hacen los partidos políticos y muchas organizaciones sociales, económicas y de todo tipo). A ver si es que el hecho de que, desde los mismos aledaños del gobierno, se esté hablando de una remodelación del ejecutivo desde el mes de diciembre (esto es, antes de cumplirse un año de mandato) es culpa de la derecha y de Trillo.
Joooooder, digo yo. Es increíble que con tanta capacidad de maniobra, la derecha siga en la oposición y por debajo en las encuestas, con la que está cayendo y Trillo no haya sido presidente del gobierno ni esté embolsándose millones en empresas privadas y siga perdiendo el tiempo en ese congreso del que Labordeta ya no forma parte, en parte porque él mismo se retiró y en parte porque su partido perdió un buen zurrón de votos en las últimas elecciones. Perdón, en el zurrón no, en la mochila. En esa mochila en la que, por momentos, me da la sensación de que Labordeta querría tener, al menos, a una parte del país. Como en su programa de televisión. Ya sabes.

lunes, 16 de marzo de 2009

SEAMOS CONSERVADORES

Entono un mea culpa. Me acuso de haber sucumbido a esta sociedad donde se prima más el comprar, el tener, el acumular, que el conservar. Soy uno más de los que vive preocupado por acumular posesiones no siempre necesarias, tener más cosas de las que de verdad preciso. No es que sea un caso patológico, pero si lo suficientemente claro como para tener que arrepentirme.
Estos días, está de moda tomar como referencia, para casi todo, la última película de Clint Eastwood. Ese tío que empezó pegando tiros sin mover un músculo y sin decir más palabras de las necesarias y ha terminado por dar lecciones de cine sin mover la cámara más de lo necesario y con las palabras justas. Su último trabajo, quería decir, es “Gran Torino” una gran película que recuerda, en muchos aspectos, al cine de John Ford.
Las virtudes de “Gran Torino” son muchas y, como casi todas las grandes películas, se van descubriendo no sólo a medida que ves la película sino cuantas más veces las ves y cuanto más hablas con otras personas que la han visto y compartes experiencias y recuerdos. A pesar de ser muy reciente, se ha escrito ya mucho sobre las distintas vertientes de esta cinta. Sin embargo, me ha llamado la atención no ver reflejado uno de los valores más importantes que, para mí, tiene la película. Lo importante que es conservar. Conservar las cosas, conservar los valores, conservar las amistades, conservar las relaciones familiares, conservar los recuerdos,…
El personaje al que da vida el propio Eastwood, un señor mayor, recién enviudado, con dos hijos que no traga, con unos vecinos que han cambiado en los últimos años y con los que no se identifica, es un tipo introvertido, serio, poco comunicativo, pero que se revela como todo un conservador. Y lo digo con admiración. No sólo conserva sus medallas y reconocimientos militares, que también. No sólo conserva su casa de toda la vida, en la que ha sido feliz con su mujer (aunque él no esté seguro de haberla hecho feliz a ella), que también. No sólo conserva los amigos que hizo hace años, que también. Es que conserva su forma de vida, sus principios (sean buenos o malos) y su coche, ese Gran Torino que da título a la pregunta.
En realidad, salvo la cerveza que trasiega a cada paso, se diría que todo lo que forma su mundo lo es en base a la conservación. Ese coche, modelo del 72, es el símbolo de su vida. Le dedica todos los cuidados y todos los minutos que precisa. Probablemente como hace con sus amigos, como hizo con su mujer, como hace con sus recuerdos militares. Todo ello conlleva esfuerzo, dedicación, ingenio, práctica,…
Nosotros no estamos siendo educados para ese tipo de comportamientos. Más bien todo lo contrario. Nos meten por los ojos esa cultura kleenex que se basa en coge, usa y tira. Todo muy rápido, eso sí. Y todo en las mayores cantidades posibles. Ese es otro elemento importante. Si puedes tener varios coches, a que estás esperando. Si puedes tener 500 amigos, aunque sea en el Facebook, por qué conformarte con 3 ó 4. Todo es rápido, que digo rápido, es veloz. Todo es sobredimensionado en nuestros días.
Hace días que he visto la película. Creo que no ha pasado ni uno sólo sin que haya pensado en ella y/o hablado de ella. He visto miles de películas y series de televisión y tengo muchas más en casa pendientes de ver (una demostración de que mi mea culpa del principio no era gratuito) y no dejo de pensar que pasaría si todos parásemos un poco, pensásemos un poco y fuésemos un poco más… conservadores.