Hace años, en uno de mis primeros viajes al extranjero, cuando todo te parece nuevo y sorprendente, cuando empiezas a descubrir nuevos hábitos y constumbres, mis amigos y yo entramos a tomar un refresco en una cafetería del barrio latino de París. Al pedir la cuenta comprobamos que lo más caro de todo era una partida que se denominaba algo así como "servicio". Obviamente, no nos atrevimos a decir ni mu en público, no fuesemos a dar la sensación de ser los típicos españoles cutres y sin mundo. Pero lo cierto es que nos pareció un timo en toda regla. Daba la sensación de que nos cobraban por el mero hecho de servirnos, como si una cafetería o un restaurante no llevase implícito que alguien te atendiese. Y nos asaltó una duda, ¿qué pasaría si nos cobrasen, por el mismo concepto, en una gasolinera, en una zapatería, en el quiosco, o en una ventanilla de la administración?. La pregunta, está claro, no tiene una respuesta fácil.
De esta anécdota me he acordado en las últimas horas tras la imposición del nuevo canon digital. No voy a insistir en argumentos bien conocidos, sobre todo en ese que da por supuesto que todos somos unos delincuentes, se demuestre lo que se demuestre después, y debemos pagar por ello por adelantado. Por cierto, este impuesto preventivo lo imponen los mismos que tanto se han quejado de la guerra preventiva. ¡Qué parajoda!.
Se imagina alguien que nos fijasen un canon en los paquetes de folios porque pueden servir para hacer fotocopias de un libro. O sobre el papel fotográfico porque podría permitirnos reproducir fotografías de otras personas. O..., los ejemplos serían casi infinitos.
Me hace gracia que en este país, donde los autores de éxito casi nunca se suman a estas reclamaciones y los que lo hacen suelen ser "creadores" permanente subsidiados, no se monta una de no te menés por estas cosas. ¡En el fondo, es un euro, que más dá!. Pues claro que da, puñetas. Se nos trata como a delincuentes y nos da igual.
Alguien entendería que nos cobrasen un canon por comprar cuchillos de cocina, por el mero hecho de que pueden ser utilizados como armas asesinas. Perdón, he dicho que no iba a ir por ese camino. Por qué no les cobran el canon a esos supuestos "creadores" que, en realidad, lo que hacen es cometer un permanente delito contra la originalidad, el buen gusto y el arte.
Dicho lo cual, insto a todo el mundo a que compre los aparatitos, pague el canon y deje de comprar todas las "creaciones" originales. Total, como nos tratan como a delincuentes, vamos a delinquir. ¡Al tajo, chicos!.
miércoles, 19 de diciembre de 2007
viernes, 14 de diciembre de 2007
DEBATES, ¿PARA QUÉ?
Siempre que nos acercamos a una campaña electoral (en España y en casi todos los países democráticos) surge la misma letanía: "habrá debates entre los candidatos". Los más prudentes aseguran que es la mejor demostración de la firmeza democrática del país en cuestión. Los más absolutistas no dudan en afirmar que se trata de un derecho de los ciudadanos. Yo afirmo, sin inmutarme, que son un coñazo tan impresentable como innecesario.
Algo he tenido que ver con más de un debate celebrado en los últimos años en España. No podemos olvidarnos que, además de las elecciones generales (sólo en los comicios de 1993 se celebraron cara a cara entre candidatos a presidir el gobierno), en España se han celebrado multitud de elecciones (municipales, autonómicas, europeas,...) en las que sí ha habido debates entre candidatos. Muchos debates. Algo he tenido que ver, digo, con más de uno, y me parecen una tomadura de pelo de dimensiones cósmicas. Y no lo digo sólo por los que se celebran en España.
Los debates sólo sirven para que uno o varios candidatos metan la pata y pierdan sus opciones, para confirmar lo ya sabido y, sobre todo, para que el medio en cuestión y los periodistas que participan (sobre todo el moderador de turno) cubra su ego para varias generaciones. Un debate donde sólo se puede hablar de tal y tal asunto y no de tal o tal otro (porque así lo han pactado los equipos de campaña); un debate donde hay que acomodar las sillas, los sillones, los atriles o las mesas a las demandas de cuatro indocumentados; un debate en el que se tiene que dedicar el mismo tiempo al principal tema de preocupación de los ciudadanos que al que sólo interesa a los propios políticos; ese debate sólo es filfa. Lo siento, pero es así.
Los corses que se ponen a los supuestos debates sólo sirven para que cada uno lance su rollito y, en el peor de los casos, para que alguno meta la pata. Ya es bastante, dirán los más optimistas. Pues no, me parece poca cosa. Yo, sinceramente, prefieron que se queden en sus mítines, con sus fieles acólitos y que nos dejen reflexionar en paz, que ya somos mayorcitos.
Dicho lo cual, tampoco entiendo los 15 días de campaña, la jornada de reflexión, la prohibición de publicar encuestas,... Es todo una forma de decirnos, a los ciudadanos, que somos tontitos, que no nos enteramos y que menos mal que tenemos a nuestros mayores que siempre nos están vigilando. ¡Vayanse cordialmente a su casa!. Ya lo he dejado escrito alguna vez, los ciudadanos tenemos que romper esta maldita partitocracia y liberalizar los procesos electorales a fondo. Las campañas duran exactamente 4 años, desde el día siguiente de unas elecciones hasta la celebración de las siguientes. Porque cada día juzgamos la actuación de nuestros políticos y obramos en consecuencia.
Sí a todo esto, le unimos listas abiertas y desbloqueadas y un sistema de representación realmente ajustado a los votos que se emiten, ya estaríamos aproximándonos a un sistema político de verdad interesante. Entre tanto, seguimos haciéndoles el juego a los políticos y a los partidos.
Algo he tenido que ver con más de un debate celebrado en los últimos años en España. No podemos olvidarnos que, además de las elecciones generales (sólo en los comicios de 1993 se celebraron cara a cara entre candidatos a presidir el gobierno), en España se han celebrado multitud de elecciones (municipales, autonómicas, europeas,...) en las que sí ha habido debates entre candidatos. Muchos debates. Algo he tenido que ver, digo, con más de uno, y me parecen una tomadura de pelo de dimensiones cósmicas. Y no lo digo sólo por los que se celebran en España.
Los debates sólo sirven para que uno o varios candidatos metan la pata y pierdan sus opciones, para confirmar lo ya sabido y, sobre todo, para que el medio en cuestión y los periodistas que participan (sobre todo el moderador de turno) cubra su ego para varias generaciones. Un debate donde sólo se puede hablar de tal y tal asunto y no de tal o tal otro (porque así lo han pactado los equipos de campaña); un debate donde hay que acomodar las sillas, los sillones, los atriles o las mesas a las demandas de cuatro indocumentados; un debate en el que se tiene que dedicar el mismo tiempo al principal tema de preocupación de los ciudadanos que al que sólo interesa a los propios políticos; ese debate sólo es filfa. Lo siento, pero es así.
Los corses que se ponen a los supuestos debates sólo sirven para que cada uno lance su rollito y, en el peor de los casos, para que alguno meta la pata. Ya es bastante, dirán los más optimistas. Pues no, me parece poca cosa. Yo, sinceramente, prefieron que se queden en sus mítines, con sus fieles acólitos y que nos dejen reflexionar en paz, que ya somos mayorcitos.
Dicho lo cual, tampoco entiendo los 15 días de campaña, la jornada de reflexión, la prohibición de publicar encuestas,... Es todo una forma de decirnos, a los ciudadanos, que somos tontitos, que no nos enteramos y que menos mal que tenemos a nuestros mayores que siempre nos están vigilando. ¡Vayanse cordialmente a su casa!. Ya lo he dejado escrito alguna vez, los ciudadanos tenemos que romper esta maldita partitocracia y liberalizar los procesos electorales a fondo. Las campañas duran exactamente 4 años, desde el día siguiente de unas elecciones hasta la celebración de las siguientes. Porque cada día juzgamos la actuación de nuestros políticos y obramos en consecuencia.
Sí a todo esto, le unimos listas abiertas y desbloqueadas y un sistema de representación realmente ajustado a los votos que se emiten, ya estaríamos aproximándonos a un sistema político de verdad interesante. Entre tanto, seguimos haciéndoles el juego a los políticos y a los partidos.
martes, 11 de diciembre de 2007
EL CRÉDITO DE LAS PALABRAS
El otro día vi Mataharis, una película sobre relaciones humanas, de pareja más bien, y no de mujeres detectives como se vende en las promociones. Una película en la que se refleja esa constante de la incomunicación entre los seres humanos que conviven. Especialmente significativo me pareció el caso del matrimonio que no se cruzan más que breves saludos y despedidas en toda la película.
La sociedad actual está plagada de casos similares. Cuanto más cerca tienes a alguien, menos hablas con él o ella. Y luego buscamos conversaciones con seres de los que lo desconocemos todo. Internet y los móviles nos abren un abanico tan amplio como contradictorio con lo que tienen que ser las relaciones humanas.
Hace unas semanas conocimos el caso real de una pareja (creo que en un país de centro Europa) que prácticamente no se hablaban en casa. El tiempo lo ocupaban en chatear cada uno con su ordenador. Relaciones más o menos fluidas y estables. Siempre hay alguna que se vuelve más sólida y el paso inevitable suele ser el de conocerse en persona. Cual no sería su sorpresa cuando, al verse las caras, descubren que han estado chateando con su propia pareja. Con esa pareja que vive en su misma casa y que, en la habitación de al lado, también buscaba consuelo en la red. Inevitable resulta acordarse de El bazar de las sorpresas del maestro Ernst Lubistch (y del digno remake Tienes un e-mail, de Norah Ephron).
En contra de lo que pueda parecer, y de lo que ocurre en ambas películas, la relación se rompió del todo. Lejos de comprender lo que estaba pasando, de recomponer una relación que, un día les llevó al matrimonio y, claramente, tenía futuro en la red, el uno y la otra lo consideraron la traición definitiva. No lo entiendo!!!!! Todas las relaciones, del tipo que sea, tienen baches. Casi siempre hay uno de los dos que tira más del carro que el otro, pero enfadarse hasta la ruptura porque se entienden en sus cuitas me parece irracional. Tan irracional como la sociedad en la que vivimos.
Esa sociedad que nos lleva a ignorar a quien tenemos al lado y buscar al más lejano para conocerle. Es lógico, una de las características que nos hace a los hombres como somos es la necesidad de comunicarnos y relacionarnos. ¿Quién no ha visto a ese conductor o conductora hablando sin parar mientras conduce en la inmensa soledad de su vehículo?.
Esta misma mañana un coche me bloqueaba el paso. Dentro, un hombre de edad no dejaba de hablar y gesticular. La sillita de bebé que iba en la parte de atrás me hizo pensar que estaría hablando con su mujer, atareada en atender al crio, o con el propio retoño, acomodado en su sillita y buscando-reclamando la atención de su mayor. Al colocarme suficientemente cerca de su coche, me di cuenta de que no. Estaba hablando sólo, con alguien que estaba al otro lado del móvil. No pude dejar de pensar que, al llegar al trabajo, no saludaría a sus compañeros y no cruzaría más palabras con ellos, en todo el día, que las estrictamente necesarias. Es más, al llegar a su casa por la noche, daría unas educadas Buenas Noches y cerraría el día con un frio, Hasta mañana.
Ahora que lo pienso, lo mismo ya ha agotado el crédito de palabras para este día!.
La sociedad actual está plagada de casos similares. Cuanto más cerca tienes a alguien, menos hablas con él o ella. Y luego buscamos conversaciones con seres de los que lo desconocemos todo. Internet y los móviles nos abren un abanico tan amplio como contradictorio con lo que tienen que ser las relaciones humanas.
Hace unas semanas conocimos el caso real de una pareja (creo que en un país de centro Europa) que prácticamente no se hablaban en casa. El tiempo lo ocupaban en chatear cada uno con su ordenador. Relaciones más o menos fluidas y estables. Siempre hay alguna que se vuelve más sólida y el paso inevitable suele ser el de conocerse en persona. Cual no sería su sorpresa cuando, al verse las caras, descubren que han estado chateando con su propia pareja. Con esa pareja que vive en su misma casa y que, en la habitación de al lado, también buscaba consuelo en la red. Inevitable resulta acordarse de El bazar de las sorpresas del maestro Ernst Lubistch (y del digno remake Tienes un e-mail, de Norah Ephron).
En contra de lo que pueda parecer, y de lo que ocurre en ambas películas, la relación se rompió del todo. Lejos de comprender lo que estaba pasando, de recomponer una relación que, un día les llevó al matrimonio y, claramente, tenía futuro en la red, el uno y la otra lo consideraron la traición definitiva. No lo entiendo!!!!! Todas las relaciones, del tipo que sea, tienen baches. Casi siempre hay uno de los dos que tira más del carro que el otro, pero enfadarse hasta la ruptura porque se entienden en sus cuitas me parece irracional. Tan irracional como la sociedad en la que vivimos.
Esa sociedad que nos lleva a ignorar a quien tenemos al lado y buscar al más lejano para conocerle. Es lógico, una de las características que nos hace a los hombres como somos es la necesidad de comunicarnos y relacionarnos. ¿Quién no ha visto a ese conductor o conductora hablando sin parar mientras conduce en la inmensa soledad de su vehículo?.
Esta misma mañana un coche me bloqueaba el paso. Dentro, un hombre de edad no dejaba de hablar y gesticular. La sillita de bebé que iba en la parte de atrás me hizo pensar que estaría hablando con su mujer, atareada en atender al crio, o con el propio retoño, acomodado en su sillita y buscando-reclamando la atención de su mayor. Al colocarme suficientemente cerca de su coche, me di cuenta de que no. Estaba hablando sólo, con alguien que estaba al otro lado del móvil. No pude dejar de pensar que, al llegar al trabajo, no saludaría a sus compañeros y no cruzaría más palabras con ellos, en todo el día, que las estrictamente necesarias. Es más, al llegar a su casa por la noche, daría unas educadas Buenas Noches y cerraría el día con un frio, Hasta mañana.
Ahora que lo pienso, lo mismo ya ha agotado el crédito de palabras para este día!.
jueves, 6 de diciembre de 2007
SARKOZY Y EL ALA OESTE DEL ELYSSEO
Sarkozy es un animal político, no cabe ninguna duda. Pero también es un personaje de serie de televisión... sin serie de televisión.
El mensaje que anoche lanzó al jefe de las FARC encaja, perfectamente, en un guión de Aaron Sorkin para El Ala Oeste de la Casa Blanca, pero no en un político serio, en un presidente serio de un país serio. A su mensaje le falta la música de fondo que, una vez rematada la alocución, envuelve al espectador en la emoción bien modulada hasta llevarlo al culmen. Pero, sobre todo, le falta la secuencia siguiente en la que el terrorista Maluenda (TERRORISTA señor Sarkozy, TERRORISTA y no señor como usted le llama en su discurso cometiendo un error de libro, uno de esos errores que si cometiese alguien del PSOE en España, la derecha socio-politico-periodistica de este país crucificaría sin piedad y sin perder un minuto) libera entre fanfarrias a Ingrid Betancourt que se abraza a su madre e hijos bajo el paraguas del presidente lo que da paso a unas negociaciones fructíferas que garantizan un segundo mandato a Sarkozy y un futuro político a Maluenda. Pero no, no estamos en una serie de televisión.
Sarkozy corre el riesgo de convertirse en su propio guiñol por mucho que su deseo sea convertirse en una página brillante de la historia de Francia. No soy ni quiero ser profeta, pero la nueva referencia de la derecha en Europa puede acabar como acabó la anterior, apartada del poder a patadas y rumiando su rencor por las esquinas. ¿A qué saben de quién hablo?.
El mensaje que anoche lanzó al jefe de las FARC encaja, perfectamente, en un guión de Aaron Sorkin para El Ala Oeste de la Casa Blanca, pero no en un político serio, en un presidente serio de un país serio. A su mensaje le falta la música de fondo que, una vez rematada la alocución, envuelve al espectador en la emoción bien modulada hasta llevarlo al culmen. Pero, sobre todo, le falta la secuencia siguiente en la que el terrorista Maluenda (TERRORISTA señor Sarkozy, TERRORISTA y no señor como usted le llama en su discurso cometiendo un error de libro, uno de esos errores que si cometiese alguien del PSOE en España, la derecha socio-politico-periodistica de este país crucificaría sin piedad y sin perder un minuto) libera entre fanfarrias a Ingrid Betancourt que se abraza a su madre e hijos bajo el paraguas del presidente lo que da paso a unas negociaciones fructíferas que garantizan un segundo mandato a Sarkozy y un futuro político a Maluenda. Pero no, no estamos en una serie de televisión.
Sarkozy corre el riesgo de convertirse en su propio guiñol por mucho que su deseo sea convertirse en una página brillante de la historia de Francia. No soy ni quiero ser profeta, pero la nueva referencia de la derecha en Europa puede acabar como acabó la anterior, apartada del poder a patadas y rumiando su rencor por las esquinas. ¿A qué saben de quién hablo?.
NO DAMOS LA TALLA
¿Quién es ese señor?, pregunta un adolescente del madrileño barrio de Moratalaz.
El señor en cuestión tiene 80 y muchos años, la mirada triste y cansada, un bastón en su mano derecha,... pero, con todo, más vitalidad intelectual de la que tendrá nunca ese adolescente.
Como cada año, los primeros días de diciembre son prolíficos en actos de homenaje y recuerdo a la Constitución del 78, la única que todos los españoles de bien reconocemos como NUESTRA. Esta vez, Moratalaz celebraba el evento nada menos que con uno de los padres de ese texto. Una de las mentes más brillantes de la convulsa España del siglo XX.
Don Manuel presidía el acto buscando, entre esos adolescentes, a quién pasar el testigo de su brillante vida intelectual ahora en sus últimos minutos. Pero nadie sabía quién era ese señor.
Horas antes, otro informe internacional y de prestigio nos ponía a los españoles en nuestro sitio. Estamos a la cola en conocimientos y en educación. Nuestros jóvenes no dan la talla leyendo, entendiendo lo que leen, o razonando de la forma más elemental. No damos la talla.
Nuestros políticos se empeñan en que somos la octava economía del mundo (según que factores?), en que estamos a la cabeza del mundo, en que somos una potencia de tipo medio.
La realidad es bien distinta. En política exterior somos un cero a la izquierda o un comparsa más o menos de lujo. En economía estamos lejos de ser una potencia, por lo menos, en lo que a empuje y creación de riqueza se refiere. Sólo somos una referencia por nuestras bondades turísticas y de servicios y por nuestro pasado histórico y cultural. Pero nos pavoneamos como si fuesemos algo.
Entre tanto, países con menos ínfulas mejoran de verdad todos los aspectos de la vida. Están siempre pendientes del bienestar de sus ciudadanos. Se preocupan de las cuestiones importantes de la población. Y se olvidan de escaparates innecesarios. Nada de buscar un hueco en las cumbres internacionales. Nada de justificar porque hacen tal o dejan de hacer cual. Hacen lo que tienen que hacer y punto.
Así les va a ellos y así nos va a nosotros.
El señor en cuestión tiene 80 y muchos años, la mirada triste y cansada, un bastón en su mano derecha,... pero, con todo, más vitalidad intelectual de la que tendrá nunca ese adolescente.
Como cada año, los primeros días de diciembre son prolíficos en actos de homenaje y recuerdo a la Constitución del 78, la única que todos los españoles de bien reconocemos como NUESTRA. Esta vez, Moratalaz celebraba el evento nada menos que con uno de los padres de ese texto. Una de las mentes más brillantes de la convulsa España del siglo XX.
Don Manuel presidía el acto buscando, entre esos adolescentes, a quién pasar el testigo de su brillante vida intelectual ahora en sus últimos minutos. Pero nadie sabía quién era ese señor.
Horas antes, otro informe internacional y de prestigio nos ponía a los españoles en nuestro sitio. Estamos a la cola en conocimientos y en educación. Nuestros jóvenes no dan la talla leyendo, entendiendo lo que leen, o razonando de la forma más elemental. No damos la talla.
Nuestros políticos se empeñan en que somos la octava economía del mundo (según que factores?), en que estamos a la cabeza del mundo, en que somos una potencia de tipo medio.
La realidad es bien distinta. En política exterior somos un cero a la izquierda o un comparsa más o menos de lujo. En economía estamos lejos de ser una potencia, por lo menos, en lo que a empuje y creación de riqueza se refiere. Sólo somos una referencia por nuestras bondades turísticas y de servicios y por nuestro pasado histórico y cultural. Pero nos pavoneamos como si fuesemos algo.
Entre tanto, países con menos ínfulas mejoran de verdad todos los aspectos de la vida. Están siempre pendientes del bienestar de sus ciudadanos. Se preocupan de las cuestiones importantes de la población. Y se olvidan de escaparates innecesarios. Nada de buscar un hueco en las cumbres internacionales. Nada de justificar porque hacen tal o dejan de hacer cual. Hacen lo que tienen que hacer y punto.
Así les va a ellos y así nos va a nosotros.
miércoles, 5 de diciembre de 2007
POCO CONSUELO
Problemas técnicos y humanos me han impedido renovar los post como era mi deseo y como reclamaba la realidad. Sin que se hayan resuelto del todo los problemas, por lo menos, he recuperado la posibilidad de comunicarme, que no es poco. Este post es, en realidad, una forma de comprobar que la realidad se amolda a los deseos. Ya se que no hay nadie ansioso por las actualizaciones, pero yo si lo soy.
En cualquier caso, y aunque sea de forma breve, quiero referirme al atentado del pasado sábado. Triste, muy triste tiene que sentirse un país (su población), cuando tienen que morir dos Guardias Civiles, en pleno cumplimiento del deber, para que los políticos se pongan de acuerdo. No se salva ni uno. Pero mucho más triste se tiene que sentir ese mismo país cuando, 72 horas después, esos mismos políticos tratan de justificar un acto que, a todas luces, era mejor no haber celebrado. Sin entusiasmo, sin pasión, por puro compromiso. Me recordaba a esas bodas en las que siempre hay un número de asistentes (al acto religioso) que se queda al final de la iglesia, dormitando, a la espera de que llegue el banquete. Para eso, mejor no ir. Raúl y Fernando lo hubiesen agradecido.
Menos mal que los etarras han caído en tiempo récord. Menos mal que la justicia francesa los pondrá a la sombra de por vida. ¡Eso si que consuela!, aunque poco.
En cualquier caso, y aunque sea de forma breve, quiero referirme al atentado del pasado sábado. Triste, muy triste tiene que sentirse un país (su población), cuando tienen que morir dos Guardias Civiles, en pleno cumplimiento del deber, para que los políticos se pongan de acuerdo. No se salva ni uno. Pero mucho más triste se tiene que sentir ese mismo país cuando, 72 horas después, esos mismos políticos tratan de justificar un acto que, a todas luces, era mejor no haber celebrado. Sin entusiasmo, sin pasión, por puro compromiso. Me recordaba a esas bodas en las que siempre hay un número de asistentes (al acto religioso) que se queda al final de la iglesia, dormitando, a la espera de que llegue el banquete. Para eso, mejor no ir. Raúl y Fernando lo hubiesen agradecido.
Menos mal que los etarras han caído en tiempo récord. Menos mal que la justicia francesa los pondrá a la sombra de por vida. ¡Eso si que consuela!, aunque poco.
jueves, 1 de noviembre de 2007
QUE POCO CUESTA HABLAR
Las reacciones a la sentencia hecha pública ayer por la Audiencia Nacional entraban dentro de lo previsto. Sí, nuestros políticos son previsibles (casi tanto como pesados) y esta vez no iba a ser una excepción. Sí hay un elemento que me ha llamado la atención. Después de todo lo que ha dicho el PP de la actuación de los policías, de los fiscales, de la instrucción sumarial,... (alguien no recuerda que fue el propio Rajoy quien dijo que la instrucción estaba viciada y que habría que anularla). Después de las sombras que ha sembrado (por acción, colaboración u omisión) sobre la actuación de nuestros servicios secretos y de los de otros países. Después de todo y tras 3 años y medio mareando (y mucho, se lo puedo asegurar de primera mano) la perdiz, se acuerdan ahora de que fue su Gobierno, el que presidía José María Aznar, el que efectúo las primeras detenciones. Especialmente relevante la de Jamal Zougam que ha sido el único condenado como autor material.
Se han acordado ahora. Pero, ¿en qué estaban pensando?. Y, sobre todo, ¿por qué se acuerdan ahora?. ¿Otro clavo ardiendo al que agarrarse?. Sí señores, ustedes dirigían este país aquellos días imposibles, aquellos días que agolpan recuerdos en la cabeza de muchos de nosotros. Yo me acuerdo, bastante bien, de las ruedas de prensa de Ángel Acebes. De como ese ministro, del que tenía un gran concepto, fue envejeciendo por minutos, enfermando físicamente en cada rueda de prensa (y fueron muchas). Nunca un Ministro de Interior había sido sometido a tal escrutinio público, a unas condiciones tan duras, y Acebes lo acusó; era normal. Dejando al margen todo lo que ha dicho y hecho después, algún día habría que homenajear lo que hizo. Dio la cara en todo momento y se la partimos todos bien partida. Todavía busca algún pedazito.
Sí, insisto, fueron ustedes. Pero el hecho de que sea ahora cuando se acuerdan es mala excusa. Si la acción de la policía estaba cubierta de dudas hace solo unas semanas, también eran ustedes entonces los responsables de esa policía. Era su policía y hasta hace bien poquito, les acusaban de haber trabajado al servicio del Partido Socialista. Se quejaron amargamente de haber sido engañados por topos socialistas en las comisarias (y todavía se quejan de eso). Pero ahora se acuerdan de que fue con un Gobierno del PP cuando se produjeron las primeras detenciones. Que sí, pero para lo bueno y para lo malo, señores míos. No sean ustedes hipócritas.
Algo parecido se puede decir de lo de la autoría intelectual, a la que ya me referí ayer. No se han cortado, los cualificados portavoces del PP en recordar que la red de Al Qaeda es tupida, variopinta, en células independientes, que colaboran, comparten personas y pueden interactuar, pero que también mantienen una cierta independencia. Es más, hace no mucho, leí un artículo en el que se decía que la estanquidad de esas células es cada día mayor, sobre todo, después del 11S. Pero aquí, en España, hay quien se empeña en buscar una autoría intelectual. Como si eso les fuese a dar alguna satisfacción secreta. No soy víctima del terrorismo (de ninguno) y se, perfectamente, que no me puedo poner en la piel de una víctima, pero ¿de verdad es tan importante saber el por qué asesinan a un ser querido?. Me cuesta entenderlo. Si hubiesen matado a alguien cercano a mi, no me interesaría demasiado el por qué. Sí lo sé, mejor. Pero lo prioritario es que trinquen al asesino y lo enchironen de por vida. Insisto, la motivación de los terroristas no me interesa, no me vale para nada.
Por último (al menos hoy, porque seguro que volveré sobre este tema) quisiera apostillar algún error de bulto de esos que empiezan a proliferar. No es del todo correcto decir que El Egipcio ha sido absuelto. Ha sido absuelto del delito de inducción (de ser el cabecilla) pero no de pertenecer a una organización terrorista. La sentencia considera que lo es. El problema es que no se le puede condenar por eso, porque ya está cumpliendo condena en Italia por ese mismo delito. ¿Se acuerda alguien de la impunidad con la que se movió Josu Ternera por España durante años por la misma razón?. Pues eso. Que poco cuesta hablar de oídas, sin leer los papeles y olvidándose de lo que se dijo, no ya ayer, sino hace 5 minutos.
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